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quinta-feira, 15 de setembro de 2016

ALGAS ROJAS EN EL CALDERÓN DE PIORNAL


Aspecto de uno de los remansos antes de entrar al Calderón.
Las presas hechas en el invierno pasado para el riego.
Proliferación de las algas entre los cantos.
      Hay muchas cosas de las que hablar sobre el verano que termina, y no todas buenas. En Piornal, justo cuando se estaban quemando las cumbres de Tormantos, hicimos nuestra escapada al Calderón, la única garganta cercana al pueblo de Piornal que mantiene un hilo de agua durante el verano. Nuestra decepción fue enorme cuando al llegar allí, la pequeña piscina natural del Calderón estaba más turbia de lo que era habitual en los veranos anteriores. La razón era relativamente predecible: la construcción de dos presas apenas cien metros más arriba había cortado la circulación normal del agua y había  provocado una enorme proliferación de algas rojas en el escaso caudal que bajaba de las compuertas, provocando una visión del riachuelo desagradable y por supuesto, no muy recomendable para el baño. Las razones de esta proliferación son fáciles de entender: estancamiento del agua, calor y muchos nutrientes que tal vez vengan del uso de fertilizantes en toda la zona y llegan a la zona de manera desconocida (infiltraciones de agua subterránea, escorrentía...).
El Calderón, aparentemente normal.
   Aparentemente, los del lugar pueden argumentar que al pasar el verano, con el frío y las lluvias, las aguas volverán frescas y limpias a recorrer la zona y llegar a la impresionante cascada del Cahozo. Incluso que es normal que en años de fuerte estiaje se seque por completo el Calderón -algo que ocurre por las tomas de agua ilegales, no porque sea natural-. Pero sería interesante un auténtico impacto ambiental, no paisajístico, de esta proliferación de algas. En veranos pasados el agua llegaba limpia hasta el Calderón y más allá. Anfibios como la rana patilarga, más exigentes que las ranas comunes en cuanto al agua, eran fáciles de ver entonces. Es presumible que con ella otras especies de anfibios compartiesen el lugar. Con la nueva polución, sus poblaciones habrán disminuido en la garganta. El GP, en cualquier caso, no las ha identificado este año por la zona. Pero, a nadie le interesan unas pobres ranas comparada con la demanda del agua para riego, ni parece tampoco importante una gestión razonable del agua, cada vez más escasa y disputada en toda la zona. En definitiva, mientras las cumbres de Tormantos se queman, sus gargantas agonizan en verano, y no parece importar demasiado. 



quinta-feira, 25 de agosto de 2016

DE VISITA A LA SIERRA DE TORMANTOS... ANTES DEL INCENDIO DEL JERTE.

         
     Por fin hemos hecho una ruta 
Punto de partida de nuestra ruta: Peñanegra, 
a ocho kilómetros de Piornal con bicicleta. 
decente por la sierra de Tormantos, de la mano del tío Crispín, que nos llevó desde Peñanegra hasta las cumbres cercanas a la Garganta de los Infiernos, lugar ahora quemado. Antes de seguir y para evitar dramatismos, aseguramos que la inmensa mayoría del paisaje que se ve en las fotos no se ha quemado y que el incendio ha tenido un efecto limitado en el entorno que hemos visitado. Eso no quita por supuesto que sea una auténtica lástima que estos actos ocurran y que encima sean provocados...  
Linde entre Navaconcejo y Piornal. Cayeron tortas aquí
entre piornalegos y navaconcenses, y eso que eran los tiempos
del Generalísimo y la violencia se resolvía a golpe de cárcel...
   En realidad el paisaje de las cumbres de Tormantos -al igual que lo que se ha quemado- es hermoso y sencillo al mismo tiempo, y tiene más que ver con la geología y el entorno paisajístico en general. Las cumbres de Tormantos forman mesetas altas, al igual que el entorno de Piornal, imposibles de ver desde el fondo del valle. Inmensos berrocales, desfiladeros verticales, formas erosionadas del granito en foliación o en típicos bolos, enclaves migmatíticos, todo esto entre pastizales de montaña, piornos y algún brezal o algún roble achaparrado en las partes más bajas. No hay que olvidar que estamos a más de 1500 metros y las formaciones boscosas ya no se dan a estas alturas. Sí hay pastizales y vegetación herbácea que debe ser de gran interés en la primavera, pero en verano, salvo los lugares cercanos a manantiales, el pasto está seco.
Piedra caballera en el entorno de Peñanegra, una elevación
 granítica en desmantelación (1438 metros).
Las puntas de cuarzo son abundantes en las laderas de
Peñanegra o en el puerto de la Padrona. 
 Quitando las primeras quitameriendas de la temporada (Merendera pirenaica), apenas tuvimos ocasión de ver flores. Sobre bichos, las zonas bajas de Peñanegra y los manantiales de montaña en general son conocidos y temidos entre los lugareños por la presencia de víboras. No son raras las picaduras al ganado por las víboras. Pero nada de eso hemos visto; en su lugar, aparecían debajo de las piedras los típicos alacranes, bien hermosos y con el aguijón en alto. Ranas comunes y culebras viperinas en el embalse de Peñanegra, lagartijas colilargas e ibéricas en los berrocales soleados son los animalitos más comunes de ver por aquí, aunque seguro que encontraríamos ranas patilargas o lagartos ocelados más arriba (hace muchísimo que el GP no los ve en estos lares). Cuando estás en las cumbres en realidad no ves mucho más que el ganado. Creemos que es mejor alzar la vista al cielo y encontrar con suerte algún halcón peregrino, como tuvimos ocasión de hacerlo, y disfrutar con sus vuelos. No faltaron, como siempre, buitres leonados, que usan algunos de los desfiladeros para sus nidos. 
Cumbres de la sierra: al lado izquierdo, la Vera, mientras
que al derecho bajamos al Jerte. 
    Está claro que para las alturas del año que estamos, sin flores ni pastos, la geología es el campo con el que tenemos que disfrutar en la zona -aparte del paisaje, of course-. Ya hemos comentado la paragénesis típica del lugar: es un buen lugar para encontrar ejemplares decentes de los minerales típicamente graníticos: turmalina, maclas de feldespatos, micas moscovita y biotita, y por supuesto, mucho cuarzo. En los alrededores de Peñanegra y en el puerto de la Padrona, transcurren gran cantidad de filones de cuarzo. Ocasionalmente nos encontramos en uno de los puntos elevados del altiplano esquistos con apariencia migmatítica y abundantes en granate, residuos de los materiales geológicos previos a la elevación del inmenso batolito del Sistema Central. 
El berrocal en la cumbre, entre piornos y pastos.
   Pero lo mejor, volvemos a decir, lo constituye el propio paisaje del berrocal granítico, con sus grandes bloques erosionados por foliación, presentando el aspecto de grandes lascas, o mostrando los típicos bolos redondeados del granito. y  Todo ello, paseando por el techo de la región, entre los 1400 de Peñanegra y 1800 metros de La Panera con sus vertiginosas caídas por la pendiente, creando desfiladeros a un lado y otro de la cumbre... 
   Por último, contábamos con una cámara de vídeo en ese momento en lugar de nuestro habitual cacharro, y el tío Crispín empujó al GP a grabar sus alacranes, los paisajes y pedruscos del lugar. Os dejamos el vídeo, que ya está subido en otros lugares. 





Caída en Peñanegra.

Granitos foliados en grandes lascas, en las cinco cruces.

La Panera, la montaña más alta que se ve a la izquierda, lugar donde acababa nuestra ruta. Por detrás,
la inmensa nube de humo producido por el incendio en la 
Garganta de los Infierno, solo dos días después de completar nuestra ruta. 


domingo, 23 de agosto de 2015

MIGMATITAS EN LA DESESPERADA (PIORNAL)


     Son muchas las cosas que podríamos publicar este verano sobre nuestra comarca de veraneo típica, Piornal. Ahora que el GP se ha agenciado nuevo medio de transporte, "y ya no corre el monte sino vuela una bici con sillín" (parafraseando al emigrado  Spronceda), hemos ampliado un poquito más nuestro horizonte jerteño. Efectivamente, nuestra querida bicicleta de montaña nos ha permitido movernos con sudor, esfuerzo y muchas moscas por los montes y barrancos del Piornal. Y una de las primeras salidas que hicimos fue hacia la garganta de la Desesperada (o desesperá, para los lugareños). Un enclave digno de visitar en invierno, pero que ahora nos permite conocer lo que al GP le gusta, que son los pedruscos. 
       La Desesperada es una corriente que se forma al sur del Piornal, cuando empezamos a descender de las tierras altas de Piornal hacia Pasarón de la Vera. En ese lugar, la sierra de Bernabé se interrumpe abruptamente y crea este singular hito (un PIG, para los entendidos, que no es "cerdo", sino punto de interés de geológico). Una cascada, que como otras muchas en el norte de Cáceres, debe disfrutarse en los meses de lluvia, pero que como decimos, en verano nos revela otros secretos. La primera singularidad parte del hecho que, a diferencia de otras muchas cascadas y saltos de la zona, la cascada de la Desesperada no corta o atraviesa las fallas y diques de granito, sino que transcurre paralelamente a ellas. Esto explica que apenas se formen marmitas y las bolsas de agua sean sensiblemente más pequeñas que en el Caozo o el Calderón (por citar dos ejemplos), y que el agua vaya estrechamente encauzada aprovechando la fractura natural de la roca. Cuando va crecida, el agua acaba deslizandose sobre la superficie de las rocas colindantes generando un salto de gran belleza. 
       La otra singularidad, más petrológica, es que este es un lugar muy interesante para observar la formación rocosa dominante en la zona, las migmatitas. De ellas hablamos alguna vez, y son peculiares rocas metamórficas con apariencia bandeada de minerales oscuros y otros más claros que en alguna ocasión podría parecer a un gneis. Los minerales son los propios de la roca dominante, el granito (el color negro correspondería a la biotita, mientras que el claro a feldespatos y cuarzo).


Estructura bandeada típica en las migmatitas, que se aprecia perfectamente en los cortes de roca que atraviesa la carretera en la Desesperada. Observamos también algo así como anillos de Liesengang, a la izquierda, formado por óxidos de hierro.  

Un fragmento de migmatita extraido del lecho de la cascada. La desesperada no cuenta con demasiados cantos rodados, tan típicos de otras cascadas y este está apenas erosionado.
 El enclave migmatítico viene acompañado de bandas mucho más oscuras y sometidas a procesos de metamorfismo. En el estudio del IGME de la zona de Piornal, se mencionan para esta zona rocas de carácter pelítico (es decir de grano bastante fino, de origen arcilloso), verdes y blancas, como la que vemos abajo, recogida a los pies de este corte.

terça-feira, 19 de agosto de 2014

BOLETOS DE SATANÁS CON EL TÍO PICHI

Una casa tradicional abandonada entre los castañares. Hay muchas como estas, cuando los pobladores estaban más cerca
de los huertos y preferían vivir aquí a las casas del pueblo.

Una pequeña elevación en las hojas de castaño delata el hongo
El tío Pichi empieza a remover las hojas con cuidado.
   Las oportunas lluvias de julio en el norte de Cáceres permitieron un corto disfrute micológico para aquellos entusiastas de las setas, y el GP cuando llegó al Piornal, tuvo todavía la suerte de encontrarse con los últimos restos de esa breve explosión estival. Por lo general, las setas estivales duran poco, pero pueden ser puntualmente muy abundantes en los castañares más húmedos y con más "basura" (humus y hojas acumuladas en la limpieza de los bancales). 
  ¡Parece una oronja! decimos  al ver el sombrero...                         
     Como hicimos el año pasado, tuvimos la gran suerte de salir un día con el tío Crispín, nuestro horáculo de setas particular. Una vez más, hizo alarde de ese olfato suyo peculiar para las setas que permite detectarlas incluso debajo de la hojarasca. Una prueba de ello, la sucesión de fotos de la derecha, de la que desgraciadamente no hicimos vídeo. Nuestro objetivo era encontrarnos con algunas deliciosas oronjas (Amanita cesarea, el hongo favorito del GP para ver y comer, y los boletos edulis, también bien ricos), pero entre algunas setas buenas aparecían otras de peor reputación. Entre ellas, el fantástico boleto de Satanás. Con semejante nombre, nadie se atreverá a llevárselo a la boca. Pero la malignidad del hongo (que no es demasiado excesiva, salvo una buena indigestión) se compensa con su extrema belleza cuando todavía no ha sido atacado por larvas. De cualquier forma, el "boleto de Satanás" se extiende a demasiados hongos que no tienen tal nombre, especialmente cuando azulean demasiado...
Nuestro gozo en un pozo: la oronja deseada no es tal, sino un aparente boleto de Satanás.
La carne del boleto azulea sorprendentemente en un escaso periodo de tiempo (en tres o cuatro segundos), lo que nos permitiría desechar que se trate de una auténtico boleto de Satanás, y ser de otra especie...
 Al final y gracias a la vista del tío Crispín obtuvimos las deseadas amanitas cesáreas (de estas, afortunadamente, no tenemos dudas).
El tío Pichi se aleja por el castañar con su botín de oronjas. ¡Temed, setas de Piornal, pues Crispín se ha jubilado e irá a por todas vosotras el próximo otoño!

terça-feira, 27 de agosto de 2013

FUENTES PIORNALEGAS



Peña negra: un lugar frecuentado por las víboras, según los lugareños. Pero nada parece inquietar al tío Crispín. Un buen calzado, una vara y sentido común son las mejores herramientas para la gente que tira al monte... 
Como cada verano, el G.P. ha pasado algunos días en su pueblo de adopción, Piornal, y con el paso de los años va cogiendo confianza para hablar un poquito del mismo y ponerlo a escurrir. Porque evidentemente Piornal es un pueblo del que se pueden extraer virtudes, pero también muchos defectos (a pesar de lo que nos digan los orgullosos piornalegos). Y sin duda alguna, uno de esos defectos -quizás el primero que salta a la vista para el visitante- es el carácter poco atractivo o físicamente feo del pueblo. Subiendo de hermosas poblaciones tanto del Jerte como de la Vera, siempre uno se espera algo más de lo que nos ofrece Piornal. Como en otros muchos casos en todo el país, la arquitectura tradicional de Piornal está desvirtuada o destruida, no ha habido urbanismo alguno y la anarquía constructiva ha sido  generalizada en décadas. Es fácil encontrarse una casa serrana en piedra junto a construcciones en ladrillo desnudo o uralita, y eso que el trazado laberíntico del pueblo es muy atractivo para preservar algunos rincones más rústicos.  Parece que esto no ha importado mucho a los del Piornal hasta ahora (mientras no se les toque las cerezas o las castañas, ellos duermen tranquilos), aunque ciertamente hay señales de cambio, como el ambicioso proyecto del ayuntamiento con la Universidad de Sevilla para decorar todas las paredes de uralita del pueblo.
A pesar de todo lo dicho, quedan restos dignos de mención. Uno de ellos de cierta importancia para el G.P. es la edificación de fuentes por toda la zona. Como buen pueblo serrano, el agua ocupa un lugar importante en su propia configuración como pueblo, marcando incluso a veces el trazado de las calles. Los manantiales son abundantes tanto dentro como fuera del núcleo urbano y se han mantenido muchos de ellos hasta nuestros días. Son en general construcciones en granito, que varían dependiendo de su uso. La cronología oscila de una a otra, aunque no es demasiado antigua: el pilón de la iglesia fue construido en 1908, la bola del ayuntamiento es de 1954, la fuente grande y el pocillo son de principios de los sesenta. 
Sin embargo, tenemos que salir del pueblo para contemplar las fuentes más hermosas de Piornal. Como todos los veranos, hicimos una salida con nuestro cicerone particular, el tío Crispín -maestro en hongos, cerezos y paisajes varios del Piornal-, que nos condujo al pico del Espolón y nos permitió observar algunas de las fuentes más interesantes de la zona.   
La mayor parte de estos manantiales están ubicadas en la sierra de Tormantos, y cumplían las funciones de abrevadero de ganado. El momento de su edificación corresponde a las décadas de los cincuenta y sesenta (excepto la Matafrailes, de 1930), y coincide plenamente tanto con el pico demográfico del pueblo en toda su historia (unos 2400 habitantes), como también el momento de la máxima explotación ganadera de la sierra (la cabaña caprina alcanza 4700 cabezas en los años 50). Así, la fuente del Mojón blanco es de 1954, la de Peña Negra o la de Oliva Martín son también de los mismos años. La estructura se repite en todas ellas. Consiste en una alineación de pilones de granito construidos sobre una pendiente descendente, de tal forma que el agua del manantial va pasando de una pila a otra manteniéndolas siempre llenas. En tiempos más recientes se añadieron a las pilas originales bañeras, más amplias y baratas (y por supuesto también más feas). Aunque algunas de ellas son todavía utilizadas por el ganado, el estado de conservación de las mismas es mediocre y solo podemos acceder a ellas por el conocimiento que tienen de las mismas los lugareños (en este caso, el tío Crispín). La fuente del Mojón blanco estaba prácticamente cubierta por la hierba hace un par de años; la del Espolón incluso ha sufrido rapiña y una de las pilas centrales está desaparecida. Hay que añadir que cuanto más descuidadas están las fuentes más peligrosas se vuelven en su visita. Según los piornalegos son lugares típicos para las víboras hocicudas, y los casos de animales mordidos (perros y vacas) son relativamente frecuentes. Conviene por tanto vestir calzado fuerte y pantalones largos para evitar encuentros desagradables, y sobre todo, mirar dónde ponemos los pies: las víboras no atacarán a no ser que sean molestadas o pisadas.   

El espolón: el estado de dejadez es tal que falta una pila y el agua no fluye de un pilón a otro. El tío Crispi se las apañó para que fueran manando de una a otra. En principio el terreno está gestionado por una junta de accionistas del pueblo de Piornal, que compraron los terrenos con la desamortización civil del siglo XIX. Sin embargo, la falta de rendimientos económicos y el decaimiento de la actividad ganadera provoca el abandono de estos recursos naturales. 

sábado, 15 de setembro de 2012

DE VISITA AL... CALDERÓN DE PIORNAL

    Parte superior del Calderón, todavía con agua. 
   
       Durante el mes de septiembre el GP tiene pocas cosas que contar desde Cáceres, asfixiados por los últimos coletazos del verano y el comienzo de curso. Sin embargo, quedan muchas fotografías del verano que no pudieron ser publicadas en su momento, por el proceso de aislamiento internáutico que lleva a cabo el GP durante ese tiempo. Por ello, vamos a seguir rescatando alguna cosilla interesante que quedó en el tintero durante los meses de julio y agosto. En Piornal el GP se dedicó muchó a hacer la ruta del Calderón, por el camino de la Viña.  Este es un paseo que no se hace en más de 45 minutos (media hora para bajar al Calderón, 45 minutos para subir al Piornal) y que realmente merece la pena disfrutar en verano a primera hora de la mañana, cuando todavía no hay demasiadas moscas rondando por los ojos. El camino es el antiguo sendero del pueblo, reconstruido y ampliado a finales de los años cincuenta y pavimentado entero con piedras de granito, para que las caballerizas pudieran subir al pueblo con más facilidad desde Cabezuela. Aunque todavía se mantiene en buen estado de conservación, resulta algo lastimoso que la entrada en el pueblo se haga atravesando un vertedero (con todas las buenas sensaciones visuales y olfativas que esto produce). La cereza, en definitiva, arrincona y desprecia cualquier otro proyecto distinto por estos lares. A pesar de esto, se atraviesan robledales de gran belleza y la calzada completamente empedrada mantiene una dignidad constructiva que merece la pena disfrutarla.
Una de las gomas vampíricas que encontramos en el cauce.
     Cuando uno llega al Calderón en pleno verano, se encuentra con sentimientos enfrentados. No es un arroyo con gran caudal, puesto que está a una altura considerable, pero su cauce se mantiene seco por el riego excesivo de los huertos colindantes. Cuando uno empieza a saltar entre los peñascos, siguiendo las hileras de agua, acaba encontrándose siempre una manguera que chupa (con bastante ruido) hasta la última gota del arroyo. Resultado: el salto del Calderón propiamente dicho se mantiene seco desde el comienzo del verano. Tan solo su parte superior, una represa construida en los años veinte para la "fábrica de luz"  mantiene un caudal permanente. Algo delicioso para un amante de las piedras como el GP, pero deprimente para el visitante en general y un ejemplo más de un uso excesivo de nuestros recursos hídricos. 

       El origen geológico del Calderón es, como otras muchas gargantas de la zona, una falla que atraviesa perpendicularmente el cauce del río (cuyo curso se aprovecha habitualmente de otra falla geológica). Esto provoca el considerable diferencial de altura existente y fue lo que permitió crear una minicentral hidráulica de mediados del siglo XX, de la que apenas quedan restos. En la gran caldera, totalmente seca en el mes de agosto, nos encontramos bolos de granito de muy distinto tamaño arrastrados y erosionados por el agua, y ocasionalmente de diferente composición lítica (cantos rodados de migmatitas, pegmatitas y granitos biotítiticos, especialmente). Por otro lado, en la superficie del granito pueden observarse ocasionalmente filones pegmatíticos y diques de cuarzo, mientras que el la parte superior del Calderón pueden también verse al descubierto ejemplos típicos de la acción erosiva del río, como pequeñas "marmitas". 

     Fuera de los intereses geológicos del GP, este lugar es interesante para observar la rana patilarga (Rana iberica), de la que hicimos mención hace un par de semanas, y disfrutar de la vegetación de ribera, mantenida hasta cierto punto, con distintas especies de helechos amantes de la humedad. Mención aparte merece un enorme castaño que se encuentra a unos pocos metros de la garganta por su parte superior, de dimensiones enormes. 

Camino de la Viña, construido a finales de los cincuenta con las peonadas de todos los hombres del pueblo. Los habitantes de Piornal debían trabajar en él, ya fuera activamente o mediante el pago de algún impuesto. Se usaron barrenos para abrir algunos parajes y está todo perfectamente empedrado con roca local, granitos y migmatitas. 

Detalle del empedrado del camino al Calderón. Sugerencia para el camino: buenas botas (para evitar torceduras) y un helecho para abanicarse y ahuyentar las moscas del roble.

Parte baja del Calderón: imagen del desnivel de la falla que atraviesa la zona. Se ven perfectamente las fracturas del granito y la acción erosinadora del torrente en sus momentos de mayor caudal. 

En la marmita del calderón nos podemos encontrar materiales arrastrados por la corriente de distinto tipo, especialmente migmatitas y granitos biotíticos, con grandes cristales de biotita de tamaño centimétrico, como podemos ver en la fotografía.
Ejemplo de migmatita con su habitual apariencia bandeada de minerales más oscuros (biotita, fundamentalmente) y claros (feldespato y cuarzo). Son rocas formadas en procesos metamórficos locales, y aquí se dan en enclaves particulares pero nunca de forma generalizada.

Rana patilarga piornalega. Su línea dorsal discontinua permite distinguirla de su pariente más cercano, 
la rana roja (se puede ver el anterior post para ver la distinción). La rana común lleva una típica línea dorsal de coloración verdosa en el centro.

quinta-feira, 23 de agosto de 2012

DE ORONJAS CON EL TÍO PICHI

     
        En nuestra visita estival a Piornal no podía faltar una salida con el tío Crispín, o el "tío Pichi", como lo ha bautizado Juan en su lengua de trapo. Cuando invitó al G.P. a buscar setas la tentación era demasiado grande como para no caer en ella. Por otro lado el GP, en su total ignorancia, no sabía que pudieran darse tantas setas en verano como para salir a llenar cestas. Sin embargo un par de días de lluvia invernal que pasaron a mitad de mes habían hecho el milagro. Un poco de humedad y mucho sol: bastaba eso para desperezar a las oronjas de su letargo y poder disfrutar de ellas.
       Pero para eso había que buscarlas y encontrarlas; esa tarea que me parecía fácil resultó ser la más complicada. Menos mal que el tío Pichi posee un olfato especial para las setas y nos llevaría por el buen camino. Bajamos a unos castañares situados en el valle del Calderón, y empezamos a buscar pacientemente. Paseando de terraza en terraza,  yo miraba desolado hacia el suelo de erizos sin encontrar rastro de una pobre seta, y el tío Pichi recomendaba: "inspecciona el terreno", "mira los desniveles, las irregularidades del suelo", y de pronto, se detenía, observaba hacia un montón de hojas de castaños, y empezaba cuidadosamente a removerlas. Entonces un enorme boleto salió como por arte de magia. "Este no se come, es parecido al boleto de Satanás". A partir de ese momento empezaron a salir las oronjas. Enterradas todavía en el suelo, cubiertas por las hojas, no escapaban al sexto sentido del tío Pichi. Ya fuera un "huevo" enterrado, una oronja en toda su belleza o las setas ya arrugadas, todas iban cayendo bajo la mirada de mi compañero experto. Incluso un delicioso Boletus edulis cayó en nuestra bolsa. Parecía que el olfato del G.P. para los pedruscos se hubiese convertido en el don del tío Pichi para las setas, y lógicamente le daba mucha envidia y llegaba a sentir cierta humillación. Después de un par de otoños cazando setas, pensaba que algo se había avanzado al respecto, pero aún le queda al GP mucha sabiduría micológica por aprender...
      Nos quedaba contemplar la majestuosidad de la oronja y su delicada belleza. Los ejemplares no atacados por parásitos ni resecos por el calor presentaban un vivo color anaranjado y un porte elegante que personalmente para el GP no tiene muchos rivales en el mundo de las setas. Según el tío Pichi, esa propia belleza la hace precisamente inconfundible con otras setas venenosas. Tan solo la Amanita muscaria puede presentar alguna similitud cuando esta seta pierde su color rojo característico y sus peculiares pintas blancas. Sin embargo, la oronja o Amanita caesarea es totalmente naranja, mientras que las láminas y el tallo de la amanita tóxica son completamente blancos. Nuestra salida se completó con una veintena de estas setas, que permitieron hacer un estupendo guiso a la suegra Carmen, para nuestro deleite. 
 
El tío Pichi mostrando un enorme boleto no comestible. El GP tiene la certeza de que a este hombre le sueltan en el campo y sobrevive un invierno entero de lo que se encuentra en sus paseos.

Dos setas que al final pudo encontrar el GP por sus propios medios y sin contar con la vista del tío Crispi. Se ve cómo las setas luchan por salir de la capa de hojarasca, pero muchas veces pueden tener su ciclo vital cubiertas por las hojas.
 
 
Un precioso boleto comestible en las manos del tío Pichi. Según nuestro distinguido micólogo, un ejemplar raro para estas épocas del año.
 
Un "huevo" de amanita caesarea. Este estadio temprano de la seta es el más apreciado para aquellos que disfrutan del sabor de la oronja. También se hacen los más difíciles de reconocer en el terreno: ayuda siempre que junto a una amanita seca o madura, pueden encontrarse huevos en las cercanías, como ocurre con otras muchas setas que forman anillos.
 
Nuestro botín. Multitud de oronjas y un boleto. Las cerezas están ahí para que nadie se equivoque de la procedencia: el valle del Jerte.
 
Mi muy distinguida suegra Carmen, preparando las setas. Su receta es sencilla: las setas en la sartén junto a un poco de pimientos secos, ajo, aceite y una pizca de harina para espesar el jugo de las setas. Estas setas, por otro lado, se pueden comer crudas en ensaladas y están deliciosas (para el paladar del GP).  

sexta-feira, 27 de agosto de 2010

TOROS DE LOS QUE NADIE HABLA...

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Si había alguna cogida, ya salían varios a tirar del rabo...
El bicho, algo sofocado tras un par de carreras.
Resulta sencillo coger a una vaca por los cuernos detrás del burladero.
Al rato, el calor era insoportable. Le echaron agua y de ahí no se movió.

La gente, bastante aburrida, se lamentaba la poca lucha que manifestaba la vaquilla.
"Que nos hubieran puesto a nosotros ahí en medio", pensó el G.P., "a ver qué hacíamos". 
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      Un día discutiendo con Helí llegábamos a la conclusión que la polémica sobre los toros era un absurdo. Primero porque era un tema secundario entre los problemas ecológicos del mundo, mucho más urgentes. Segundo, porque no era el único caso de maltrato animal en celebraciones culturales humanas. Tercero, se había mezclado con cuestiones políticas que deformaron totalmente la ley antitaurina,  y por último, y quizás lo más importante, porque en la propia cultura taurina de nuestro país había multitud de celebraciones que escapaban a la magnificencia de la "Fiesta nacional" y apenas se someten a consideración crítica. 
      Nos vamos a centrar solo en este último punto. Y es que hay que ser serios y coherentes: si eliminamos los toros, habría que eliminar también otras muchas manifestaciones que podríamos fácilmente considerar como crueles con respecto a los animales. No se trata únicamente de la muerte de un animal, se trata de su uso como mera diversión para nosotros, de su vejación (esto es algo humano) y de su miedo (y esto sí, los mamíferos superiores tienen todos este sentimiento). Naturalmente, esto va contra las buenas costumbres de muchas poblaciones de nuestro país. Y me parece ilusorio detenerlo por el momento. El "deber ser", como decían los filósofos, puede estar muy lejos del "ser".

     Eso sentí yo un poco el día de la vaquilla del aguardiente en Piornal: una celebración matutina en las fiestas del pueblo. El calor era asfixiante, y algunas sombrillas se abrían para combatir el sol. Después del encierro, la vaquilla llega a la plaza de toros, empieza a dar vueltas, despistada y confusa entre los gritos de la gente. Algunos osados salieron a sus cuernos o a practicar con el capote, para las risas de los congregados. A los pocos minutos, el animal estaba agotado, mirando a un público insatisfecho, y le empezaron a echar agua para ver si espabilaba. Pero ahí se quedó plantada, inmóvil, petrificada, sin querer mover un músculo. La gente no sabía si quejarse del pobre coraje del animal o rematarla cuanto antes. Nadie parecía contemplar su cara al menos un instante, y poder distinguir perfectamente el miedo en los ojos o el cansancio en su boca. El espectáculo resultaba patético, así que me fui a cazar lagartijas al monte... con mi cámara fotográfica.