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domingo, 3 de julho de 2011

LA LLUVIA DE JULIO

     
    El GP se levanta poético, y no es para menos. Es por la mañana y sobre una ciudad que sueña con ser africana cuatro meses al año, deja de lucir el sol. Una cortina de nubes blanquecinas evita termómetros excesivos, pero no es suficiente. El asfalto, como cualquier día de julio, se hace chicle. Las baldosas, recalentadas, impiden sentarnos sobre ellas. Los bancos en la sombra se disputan. Un pesado ruido de aire acondicionado silba sobre nuestras cabezas.
      Pasan las horas. Las nubes se hacen algo más oscuras, no mucho más, y la brisa cambia. Se hace respirable. El bochorno remite algo con el caer de la tarde, hasta que de pronto, sientes algo sobre la cabeza. Del cielo de julio es más fácil que te caiga la cagada de un gorriato a que lo haga una gota de lluvia, y sin embargo, caen más. Ahora la ves, una gota de agua sobre la piel de tu brazo. ¡Está lloviendo! De pronto, las gotas se hacen gordas, poco abundantes, pero visibles.  Y sobre todo las sientes: primero en la piel, luego en el ambiente. Te embriagas del olor a tierra mojada. ¡Llueve! dice la gente de mi alrededor. Algunos corren a refugiarse, otros preferimos sentirla. El chubasco, por llamarlo de alguna forma, dura poco, un par de minutos quizás, pero es suficiente para recordarnos de que sigue existiendo. Los colores de la calle cambian de repente, haciéndose más oscuros y brillantes, justo en el momento en el que vuelve a aparecer el sol.
      Toca el fin obligado. De las montañas de cemento y ladrillo se levanta el alegre telón de colores y la lluvia se despide hasta vaya usted a saber. Por tratarse de julio, el arcoíris se nos vuelve espectacular, extraño, mágico. Me quedo contemplándolo un buen rato. Cuando decido a proseguir mi camino, me vuelvo para comprobar que sigue ahí todavía, fugaz. En cuestión de minutos habrá desaparecido y seguramente que tardarán en volver a nuestras latitudes. Por si acaso, lo fotografío y me lo quedo para mí. A saber cuándo se ve otro en la ciudad africana...  

sábado, 28 de maio de 2011

DÍAS DE TORMENTA



     Como corresponde a la tradición, a la feria de San Fernando siempre le acompaña alguna tormenta, y la de este año ha sido particularmente fuerte. Justo cuando el pequeño Juan conocía las sirenas, timbres, luces y bullicio general de la feria (que yo odio) una nube amenazadora nos obligaba a regresar a casa precipitadamente sin haber permitido a Inma más que subir en el "pulpo". Al poco tiempo, la tormenta se desataba con intensidad sobre Cáceres...  Y yo como recompensa, me llevé estas fotillos. me fascina la mezcla de negro sobre el amarillo pálido y estival de las minas.
     Las dos primeras fotos corresponden a la Semana Santa, y también son imagen típicamente primaveral. Nubes en hileras descargando pequeños chubascos sobre la dehesa de Conejeros. En aquella ocasión, contemplando como un idiota las nubes, no me di cuenta del enorme tormentón que se formaba a mis espaldas. Consecuencia: el G.P. pasado por agua y mi bicicleta enlodada...

segunda-feira, 4 de janeiro de 2010

AGUA EN LA RIBERA DEL MARCO.




Nadie que haya estado en la ribera del Marco hace tan solo un mes podría asociar estas imágenes con el arroyuelo medio seco que transcurría Cáceres abajo. El G.P. no pudo soportar la tentación de marchar hasta allí y observar este hecho tan raro, pese a la lluvia... Una señora que contemplaba el espectáculo decía, como es costumbre, que antes eran frecuentes los inviernos en que se podían disfrutar de estas imágenes, y que la charca del Marco era la piscina natural de la ciudad donde se bañaba la gente en verano.

Las causas de esta afluencia de agua parte de las persistentes lluvias del último mes, que se han dejado ver por las borrasca del Golfo de Cádiz. Oh, honorable baja presión, que aporta el agua al sur de España en cada invierno! Lo cierto es que esta borrasca, según los entendidos tiende a formarse cada vez con menos frecuencia, y su ausencia es la que provoca las sequías de nuestras latitudes. Algunos lo achacan al cambio climático, mientras que otros lo consideran como una fluctuación periódica de ciclos secos y húmedos, asociado a una perturbación del jet stream, que a su vez, mueve el anticiclón de las Azores, dejando la zona entre las Canarias y España libre para la formación de estas bajas presiones. El tiempo nos dirá quién tiene la razón.

La lluvia nos da una tregua en la tarde... Por desgracia empezó a llover de nuevo con fuerza y llegué a casa calado hasta los huesos.

terça-feira, 15 de setembro de 2009

BENDITA LLUVIA

Cortinas de lluvia caen sobre los llanos del Guadiloba.

Este era el mágico momento en el que al partir una arenisca del Portanchito me encontré el primer nautilus fósil de mi vida. El cielo sonrió con mi descubrimiento.

Después de tanto cantar a Lou Reed en voz alta, era normal que ocurriera. Por fin la lluvia y las nubes aparecen en el horizonte, y dejan paisajes que el GP echaba mucho de menos. Resultaba inevitable que no recogiera alguna foto de la Sierra de la Mosca con ese paisaje, al que hace tiempo que no estamos acostumbrados.

sábado, 12 de setembro de 2009

RESUCITAR TRAS LA LLUVIA

Los primeros charcos de la lluvia, después de más de tres meses de ausencia.

Las plantas espinosas son las primeras en recuperar sus tonalidades verdes


Musgos en el Portanchito, la mañana después de la tormenta.


Ha bastado una tormenta fuerte para que el campo se tome un respiro al verano. En cuanto se hizo la mañana el GP ha cogido la bicicleta, se ha ido a la Sierra de la Mosca, y albricias! Los primeros charcos de lluvia ya estaban en los caminos y el olor a tierra mojada impregnaba el ambiente. Los musgos, desaparecidos durante el verano, se han abierto y aparecen como si fuera pleno otoño. Las plantas que permanecían amarillentas y ennegrecidas vuelvan a sus colores verdes. La imagen del musgo bien podrían ser del invierno, y sin embargo se tomaron unas pocas horas después de la lluvia.


Daba gusto por fin encontrar estos nuevos signos: pronto, los anfibios y algunos mamíferos se despertarán del obligado letargo estival y volveremos a verlos en el campo, mientras que en unos pocos días las hormigas voladoras de todos los años se meterán en todos los rincones de la ciudad.

También las hojas de la estepa blanca reverdecen con las primeras lluvias.