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sábado, 14 de janeiro de 2017

GRAPTOLITES, BIOTURBACIÓN Y RIPPLES EN LAS LADERAS DEL MARCO

Marcas de bioturbación.

Graptolites silúricos monograptus
    Hace tiempo hablábamos de las fantásticas marcas fósiles de las plantas en las tobas calizas del Marco, a la altura de Fuentefría. Pues bien, no hace falta irse muy lejos para toparse con otro buen yacimiento paleontológico a pocos metros del Marco. Basta ascender un poco la ladera de los montes cercanos para encontrarnos un buen número de rocas con restos fósiles. Así que uno de estos días de Navidad, estaba el GP vagabundeando por esas laderas, calándose los pies del todo por el abundante rocío navideño, en busca de todo y de nada (como en la mayoría de los casos), cuando se topó con una pequeña zanja en el terreno que llamó su atención. Era el único afloramiento visible en toda la zona y apenas ocupaba un par de metros del largo. Pasaba indudablemente desapercibido si no pasamos cerca de allí. 
Ripples de camino a la Montaña.
Las tierras removidas en esa parte, que ha permitido el afloramiento de
los graptolites...
Para nuestra sorpresa empezamos a remover piedras y descubrimos una enorme cantidad de graptolites (los más finos de todo Cáceres), perfectamente preservados y de mejor calidad que los que habitualmente vemos por la Ronda Norte o el parque del Príncipe. Estos graptolites pueden ser fechados del mismo periodo que los anteriores: del género monograptus, propios del silúrico. La gran diferencia frente a los otros yacimientos de Cáceres es que no aparecen en las típicas ampelitas, sino en pizarras grisáceas algo más consistentes que las anteriores, y en las que se ven perfectamente definidas las típicas celdillas en las que vivían estos animalitos paleozoicos (estos formaban grandes colonias, flotando en el mar). Los graptolites venían acompañados de pizarras con pátinas de colores, y formas que parecían ripples marks. 
Más ripples, sobre rocas areniscosas.
Por el pastizal, encontramos las típicas setas otoñales, clitocibes blancos
(tóxicos) acompañando a las senderuelas (comestibles). 
Poco después nos acordamos que en toda la zona habíamos visto en sucesivas ocasiones otros restos paleontológicos: cuarcitas típicamente agujereadas como un queso gruyere (presumiblemente restos de braquiópodos), grandes ripples y bioturbación un poco más adelante, siguiendo el camino de la Montaña, y también incluso algún fragmento de ortocéridos, como los que hemos encontrado ocasionalmente por la Ronda norte. 
Como no quedamos contentos con la primera visita, acudimos otra vez a buscar algún pedrusco más. Allí tuvimos la suerte de coincidir con un pastor cabreado con sus ovejas, que se lanzaban sobre cualquier resquicio en las alambradas para salir de su pasto ("siempre buscan las hijas de puta el lugar más complicado para pastar", no paraba de repetir), y nos comentó que la cata sobre el terreno donde encontramos los graptolites, no obedecía a ningún interés geológico (como suponíamos), sino que era debida a la futura construcción de una circunvalación en la ciudad en un futuro lejano. Como resultado de nuestra pequeña salida, vimos más bioturbación, formaciones amplias de hematites en algunos estratos areniscosos; algo que ya conocíamos. Pero nos informaron de una cantera, algo más arriba, sobre las cuarcitas. Así que allá volveremos. 

Más posible bioturbación... de subida a la montaña.

sexta-feira, 10 de janeiro de 2014

TRILOBITES, CARACOLES Y OTROS BICHOS EN EL ARROYO VALONDO

      
Un bloque de cuarcita armoricana atravesada por varias crucianas.
Skolitos en otra cuarcita a unos cuarenta metros de la anterior.
Un pobre caracol congelado sobre otra cuarcita del mismo entorno.

    En las escasas salidas que el G.P. ha hecho en estas últimas navidades, destacamos una que nos reportó multitud de sorpresas paleontológicas. Desde hacía tiempo sabíamos que había alguna cruziana perdida en la salida del arroyo Valondo de la sierra de la Mosca, al norte de la Montaña. La habíamos fotografiado en el verano, pero las prisas y el sol no nos permitieron sacar nada decente y ahí dejó el GP su investigación. Nuestro regreso en el invierno trajo muchas más cosas interesantes. Después de localizar las cruzianas, nuestra sorpresa fue mayor cuando descubrimos gran cantidad de skolitos casi al lado de los otros icnofósiles: un bloque considerable de cuarcita guarda una de las casas de los alrededores y sobre su superficie aparecían multitud de los típicos botones de estos icnofósiles. Suponemos que tanto los skolitos como las crucianas pertenecen más o menos a la misma edad en términos paleontológicos, y aquí ayuda mucho el material básico sobre el que se asientan, la cuarcita armoricana. Esta cuarcita es poco dada a conservar los fósiles como tales, pero sí da lugar a numerosos icnofósiles (señales de organismos vivos en su entorno). Aunque el ejemplar era bastante bueno, estos fósiles se reparten por toda la sierra de la Mosca, y no es difícil avistarlos.
       Pero el día no había terminado, y en la subida del cerro nos detuvimos con algunos afloramientos de pizarras grisáceas colindantes con la cuarcita. No es que supiésemos qué contenían, pero nos dio por romper algunas pizarras inconscientemente, y salieron por arte de magia restos de trilobites. No estaban enteros, ni eran fácilmente conservables en la pizarra, pero eran trilobites. Y a fin de cuentas, siempre que el G.P. encuentra un bichito de estos se le revuelve el espíritu ancestral que lleva dentro. Así que no pudimos evitar llevarnos alguna pizarra que albergarse algún resto, para luego en casa dedicarnos a la delicada tarea de limpiar, extraer (y romper a veces) el tesoro que contenía la roca. Sin consultar ninguna fuente especializada, suponíamos que el tramo pizarroso detectado se correspondería siguiendo los principios más básicos de estratigrafía con el ordovícico medio-superior, posterior a la cuarcita armoricana. Efectivamente, tras consultar el mapa del IGME constatamos que este tramo pizarroso ha dado muchos fósiles en todos los sinclinales de la provincia, y especialmente trilobites del género Calymene. Nosotros, a los trilobites, le añadimos también graptolites que hemos descubierto en otras ocasiones... 
     Y entre piedra y piedra no dudamos en fotografiar un caracol -de nuestro tiempo- completamente congelado y cubierto por la escarcha de la mañana. Intuimos que si no espabilaba pronto, acabaría más disecado que los trilobites del ordovícico. Qué dura es la vida. 
Una preciosa cola de trilobites, o eso le parece al G.P., en las pizarras más próximas a los estratos de cuarcita armoricana.

sexta-feira, 20 de setembro de 2013

MIS ANIMALES FAVORITOS: PIKAIA

    
   Nos salimos de nuestra mirada local para viajar en el espacio y el tiempo hasta un recóndito lugar en Canadá, de la mano de uno de los mejores divulgadores de la paleontología, Mr. S.J.Gould. El animalito de marras, señor Pikaia, bien merece este cambio de tercio, aunque aparentemente presente un aspecto bastante humilde si miramos la imagen de al lado. Este animalito parecido a un gusano tiene muchos años de por medio: pertenece a la fauna del cámbrico medio y de ese fantástico momento geológico que tuvo lugar en el Burgess Shale hace 530 millones de años. Este pequeño descubrimiento fue dejado a propósito por el doctor Gould para las conclusiones de su libro La Vida Maravillosa. Algo tendrá el fósil, para que el paleontólogo más popular de la anterior década lo hubiera colocado al final (lo cual es un puesto si cabe más meritorio que el principio, en el interminable y algo cansino recuento de fósiles que hace en su libro).
    Vayamos al pikaia. Este animalito, aparentemente un gusano, no es ni más ni menos que uno de nuestros antepasados más importantes: el primer precordado en la historia de la tierra, al menos en lo que nos deja ver el siempre incompleto registro fósil, y en cierta medida similar a los actuales anfioxos, notocordados contemporáneos. Si dejamos de lado eslabones entre monos y hombres (que creemos tan importantes, y que tal vez no lo son tanto), está muy claro que este paso (la aparición de los vertebrados) se lleva la palma en importancia: sin su movimiento en el fondo de las aguas someras del Burguess Shale, no habría nada parecido a nuestra especie pululando por los cinco continentes y visitando la luna en delirios de grandeza.

     Pero es que además, este gusano-pez es un superviviente nato, quizás sin pensarlo. No estaba en la lista de los mejor adaptados de su tiempo -si lo comparamos con el anomalocaris y demás parientes raros-, pero sobrevivió de alguna manera a la extinción de toda esa fauna fabulosa del Burguess Shale, y eso le convirtió en un ganador contra todo pronóstico en la carrera por la complejidad evolutiva. Al igual que con los reptiles mamiferoides supervivientes del triásico, que jamás soñarían con hacerse elefantes mucho más tarde. Semejante heroicidad fue recompensada por S.J. Gould con una de sus conclusiones más brillantes y exultantes:

   “Y si usted quiere formular la pregunta de todos los tiempos (¿por qué existen los seres humanos?), una parte principal de la respuesta, relacionada con aquellos aspectos del tema que la ciencia puede tratar de algún modo, debe ser: “porque pikaia sobrevivió a la diezmación de burguess shale”.

    Por qué este animalito, sin quererlo, se ha convertido en un fósil sobre el que todo el mundo deposita sus miradas, sonríe al verlo y lo hace suyo es relativamente fácil de responder, desde una profunda perspectiva filosófica. Pensadores, religiosos y científicos quieren ver en él una corroboración para sus intereses particulares sobre el conocimiento y la fe humana. Los biólogos como Gould, defensor a ultranza de la contingencia de la evolución, lo enmarca como ejemplo perfecto de la casualidad y el azar en la naturaleza, más allá de las engañosas leyes sobre la supervivencia del más apto y la competitividad evolutiva (el paleontólogo, en su línea, dando caña a los gradualistas ortodoxos). Y no faltan religiosos que afirman una mano invisible detrás de todo este complejo proceso de supervivencia y proclaman: he ahí una casualidad causada. Teleología encubierta tras la peculiar explosión cámbrica, que se suman a otros momentos cumbre en la historia de la evolución. Como hemos dicho en otras ocasiones, uno puede pensar lo que le dé la gana y para lo que mejor convenga a los intereses de cada cual.

     Lo cierto es que si lo miramos desde fuera, ni la permanencia de pikaia es un dato a favor de la contingencia absoluta, ni mucho menos es la prueba de una intervención divina. Podría haber habido otros muchos pikaias en el cámbrico o el ordovícico inferior, el paso podría haberse dado antes del Burgess Shale, o después del mismo. Igualmente acabaría por darse, defienden los biólogos detractores del azar y partidarios igualmente de la teleonomía. En cualquier caso, las tres teorías son interpretaciones del dato empírico de que pikaia existió realmente, y que, hasta donde sabemos, su existencia dejó abierto el camino a que el G.P., muchos millones de años después, pueda recrearme viendo un trilobites de la misma época en el salón de su casa. Ahora bien, mucho me temo que pikaia no me acabará de dar la respuesta de por qué estamos aquí.

 (conversaciones con el Sr.Tibb, rescatadas de nuevo)

sábado, 8 de junho de 2013

CUARCITAS FOSILÍFERAS DE LA SIERRILLA

   
Bloque cuarcítico donde está emplazado el yacimiento, muy cerca del depósito de la Sierrilla. No faltan desgraciadamente los escombros a su alrededor.
 Fragmento de cuarcita con estas "muescas" provocadas por fósiles, posiblemente braquiópodos.

      En las inmediaciones del depósito nos podemos encontrar algunos estratos cuarcíticos muy generosos en restos fósiles. En realidad, los fósiles son difícilmente identificables y quedan más bien los huecos dejados por ellos: la cuarcita no suele ser una buena compañera a la hora de fosilizar y en este caso, los restos fósiles fueron rellenados de una materia más pizarrosa o areniscosa que contrasta con el perfil robusto de la matriz cuarcítica y que en muchos casos ha acabado desapareciendo, quedando esta imagen parecida a la de un queso gruyere.
      La edad de estas cuarcitas es silúrica, si nos atenemos al mapa geológico del IGME,; acompañando a estos estratos cuarcíticos hemos encontrado en la base de la sierra de Aguas Vivas pizarras y areniscas con restos de braquiópodos y esto nos podría lleva a aventurar que los restos encontrados en estos niveles cuarcíticos podrían ser bastante similares (lingulas y bichitos semejantes) por su facilidad para la fosilización, aunque sea parcial. La alternancia de cuarcitas, tramos areniscosos y pizarras podría ser explicado por distintas fases de sedimentación marina a lo largo de millones de años, favoreciendo en unas ocasiones más que en otras la conveniente fosilización. Por otro lado, la presencia de fósiles en niveles de cuarcita puede venir explicado por circunstancias excepcionales en aquella lejana época, como ocurre con las llamadas "tempestitas" de la cuarcita armoricana. 
      Qué habrá ocurrido en realidad en tan remota época, el G.P. nunca lo sabrá, pero se lo pasa en grande reconstruyendo el pasado con cuatro pedruscos que se encuentra por casualidad...  Por otro lado, no es la primera vez que aparece este yacimiento. El G.P. lo localizó en el invierno, y en el pasado diciembre Antonio G.G. publicaba algunas fotografías en el foro de FMF minerales, a través de su Pequeña guía de minerales de Cáceres, un fantástico reportaje en imágenes del que hablaremos más adelante.    


Distintas componentes en la matiz cuarcítica marcan la presencia de estos restos fósiles.
Superficie rugosa sobre los estratos cuarcíticos, producidos por la desaparición de estos componentes más débiles en el proceso de fosilización.

quarta-feira, 20 de março de 2013

PLANTAS FÓSILES EN EL MARCO



     Dicen que no siempre llueve a gusto de todos, y en las últimas semanas parece que vemos a la población cacereña echando pestes cada vez que cae una gota de agua del cielo, especialmente si es en el fin de semana. Pero todo el mundo sabe que muchas cosas buenas trae la lluvia. Entre ellas, que arrastra o deja piedras al descubierto, y para un nerv de las piedras como el G.P. eso son oportunidades de ver cosas nuevas. Así ocurrió en el Marco: las obras del puentecillo nuevo en Fuente fría han removido los sedimentos de la zona, y la fuerte corriente ha dejado al descubierto numerosas tobas calizas a su paso por el lugar, y eso nos permitió encontrarnos esta magnífica roca con restos fósiles.  Lo normal que ocurre en las tobas es que contengan las huellas de tallos o raíces recubiertos de caliza, pero cuando nos hemos encontrado las impresiones casi completas y perfectas de estas hojas, nos damos cuenta que hemos sido algo más afortunados que de costumbre.
       Nadie piense que nos encontramos ante un helecho fósil del Carbonífero, por lo menos. Estos fósiles son mucho más humildes en lo que a cronología se refiere y son de fechas muy recientes, del Cuaternario. Aunque no somos expertos en absoluto en materia de botánica, sí nos atrevemos a decir que corresponde a la vegetación de ribera que crecía en las márgenes  del Marco antiguo, y que posiblemente no guarda demasiadas diferencias con algunas de las especies que podemos ver ahora en cualquier ribera más silvestre que la nuestra: alisos, sauces, fresnos... En cualquier caso, un hallazgo feliz.


segunda-feira, 12 de novembro de 2012

UNA PIEDRA CURIOSA...





       Como es ya tradición, cada vez que Juan y yo bajamos a los columpios del Rodeo solemos desviarnos un poco y bajar a Fuentefría, para que el pequeñajo se entretenga tirando unas cuantas piedras al riachuelo y yo viendo algún bichejo. Cual sería nuestra sorpresa cuando llegamos allí que nos encontramos todo en obras y el rincón donde yo solía observar los fósiles vegetales de las tobas calizas habían desaparecido. Sentí cierto pesar por dentro,sobre todo cuando dudé una vez en arrancar alguna piedra para ponerla en un lugar más seguro o sencillamente llevarla a casa. Pregunté al capataz de la obra dónde podían haber ido a parar las calizas. Él me dijo que se habían reutilizado: "Ha venido una arqueóloga para inspeccionar el patrimonio y favorecer su conservación". Pero parece que las diminutas plantas no merecían la pena, o habrán entendido que hay otras muchas enterradas en el Marco y que no se acaba el mundo por tres pedruscos menos. En cualquier caso, la restauración ha dejado la pendiente rocosa al descubierto y en ella encontramos más depositos calizos, o eso nos pareció. Por otro lado, cuando remueves una piedra salen otras, y tuvimos la gran suerte de encontrarnos, subiendo la pendiente que va hacia los huertos del otro lado del cauce, una enorme losa cuarcítica repleta de restos fósiles. Estos resultaban similares a los que de cuando en cuando encontramos en la parte vieja, pero en un mayor tamaño; suponemos que pertenecen a algún nivel de cuarcita armoricana que ha preservado ocasionalmente estos restos fósiles, sin que todavía la hayamos localizado en ningún lugar particular del sinclinal.
      La pregunta que se hacía el GP cuando abandonaba el lugar era si volverían a recolocar esa piedra o la tirarían a una escombrera. Entonces una sombra azul atravesó como una flecha el cauce del riachuelo. Un martín pescador se había introducido entre la maleza y ya era imposible distinguirlo. La fugacidad parece estar al orden del día en todo el mundo que nos rodea.


Las obras en Fuentefría por la escuela-taller han removido toda la zona y limpiado el cauce. Ahora se pueden ver con claridad indicios de más tobas calizas en los cortes del cauce. 

segunda-feira, 22 de outubro de 2012

BRAQUIÓPODOS BAJO LA RONDA NORTE



    Desde hacía mucho tiempo teníamos ganas de publicar algo relacionado con los fósiles de la Ronda Norte y el parque del Príncipe, pero siempre se nos adelantaba alguna novedad de temporada. Es lo que tiene escribir sobre fósiles: son testigos inmutables del paso del tiempo y las estaciones no cuentan para ellos. Pero estas piedrecillas ya llevan esperando muchos meses y es hora de ir terminando esta humilde tarea paleontológica. 
Partes de un braquiópodo, según wikipedia.
     Como ya hemos comentado, los terrenos que ocupan las laderas de la sierrilla (ronda norte y parque del Príncipe), están ocupados por estratos de pizarras, cuarcitas y rocas areniscosas del silúrico, y algunos de ellos son especialmente ricos en fósiles y restos orgánicos. Saltan a la vista las ampelitas graptolíticas, en una banda negruzca que atraviesa la carretera de circunvalación, se adentra en el parque y reaparece un par de kilómetros hacia el este en los estratos de la ribera del Marco. Pero aparte de estas ampelitas, de las que ya hablamos en las primeras entradas de este blog (hace ya tres largos años), otros restos fósiles han ido llamando nuestra atención, especialmente conchas de braquiópodos que podrían pertenecer al género lingula o lingulella. Este género es un útil indicador paleontológico, suele aparecer en forma de individuos aislados en las pizarras, y además es un superviviente nato y se mantiene desde el ordovícico hasta nuestros días sin apenas cambios. Es lo que se conoce como un verdadero fósil viviente: del imperio de los braquiópodos del Paleozoico, apenas se mantienen 300 especies en nuestros días. Los fósiles que disponemos no son espectaculares, y aparte de su aspecto ovalado, apenas queda nada identificativo del mismo, excepto restos del foramen (el lugar donde entran en contacto las dos valvas, y de donde sale ese músculo que fija al braquiópodo con el lecho marino). Muchos podrían pensar que son pequeños cantos rodados en mitad de las pizarras y hay que mirar bien las pizarras para identificarlos. Los podemos encontrar en pizarras micáceas blancuzcas fácilmente identificables en los cortes del terreno de la Ronda Norte y alrededores de Fuente Hinche, aunque los ejemplares fotografiados aparecieron en pizarras azuladas recogidas en el lecho seco del arroyo de Aguas Vivas a su paso por el parque.

Linguelas actuales.
     Estos no son los únicos fósiles que afloran en esta zona. Aparte de graptolites y braquiópodos, tenemos restos orgánicos en pizarras más antiguas, cercanos ya a las laderas del Paseo Alto y fósiles con apariencia de crinoideos en algunos estratos areniscosos. Mención aparte merece un extraño cono o cilindro que apareció en el Olivar de los Frailes y que el GP reconoce que no tiene ni remota idea de qué puede ser. Quizás algún resto de cefalópodo o algo parecido. Otro día seguiremos hablando sobre el asunto.    

Fósil de aspecto cilíndrico o cónico encontrado en las cercanías del Olivar de los Frailes. Su aspecto se asemeja externamente a las puntas de cefalópodos.El GP apunta que podría ser el sifón interno de endocerátidos, que constituyen la parte más fácil de mineralizar de estos animales. Necesitaremos investigar más el tema...

quinta-feira, 26 de julho de 2012

CRUZIANAS EN EL POLVORÍN DEL PASEO ALTO

           La cuarcita armoricana emerge en las cercanías del antiguo polvorín del Paseo Alto.

        Hace algún tiempo, el G.P. distinguió unas aparentes cruzianas en el museo natural que constituyen los muros del Cáceres antiguo. Pero necesitaba lógicamente la corroboración de campo de que estos icnofósiles se daban realmente en nuestra zona. Por más que estuvimos revolviendo la cuarcita armoricana de aquí para allá, jamás nos encontramos con ningún ejemplar hasta que casualmente nos topamos con una en el Paseo Alto hace unas pocas semanas. Naturalmente, seguimos investigando Juan y yo hasta que por fin nos encontramos con la corroboración definitiva: un interesante ejemplar en el que varios rastros de cruzianas se superponen entre sí y crean sus típicas formas hechas al azar, como si de piezas de puzzle se tratara.
      El descubrimiento de esa última pieza devolvió al G.P. a su estado de niñez, en el que la sorpresa era la orden del día y no un lejano sentimiento que nos visita de cuando en cuando. Esto le hace recordar todos los elementos que intervinieron en el descubrimiento (aquí advierto que nos ponemos sentimentaloide). Una suave brisa del oeste agitaba los eucaliptos y hacía olvidarnos del calor asfixiante del verano. De cuando en cuando, el viento dejaba escucha bandadas de abejarucos canterrujeando por encima de la copa de los árboles. Mirando al frente, el cerro se corona con el antiguo polvorín, símbolo de una lejana guerra civil. Las ruinas del cuartel evocaban lastimosamente ese poema de Quevedo "miré los muros de la patria mía..." y daban un toque artificialmente romántico al lugar. Y finalmente, ante mis ojos y bajo mis pies, las cuarcitas, nuestra meta definitiva. Perennes, siempre presentes, superando épocas geológicas enormes y crisis financieras efímeras. El G.P., pacientemente, examina las superficies de las rocas, levanta una detrás de otra del suelo terroso, y como siempre, cuando la búsqueda parecía acabar en un fracaso total, distinguimos la forma de la preciada cruziana en uno de los bloques de cuarcita. Doy saltos de alegría, hablo conmigo mismo y recorro con los dedos las formas dejadas por animales marinos hace cientos de millones de años. "Qué suerte, qué suerte...". En la alegría casi no me doy cuenta que mi dedo sangra tras haber intentado partir una cuarcita como un primitivo homo erectus. Pero da igual. Como podría haber dicho Aristóteles: bienaventurado el hombre que recupera la sorpresa ante el mundo porque siente que la vida recupera su más profundo sentido. 
.   
  La primera cruziana que me encontré en compañía de Juan.
El pedrusco de cruzianas que me hizo dar saltos de alegría. Tanto para tan poco, podrán pensar. Pues así es.

Recreación de unos trilobites dejando un rastro en el fondo del mar. Este será el origen de los icnofósiles conocidos como cruzianas, semejantes a los del Paseo Alto.

domingo, 22 de julho de 2012

CRINOIDEOS EN EL NUEVO CÁCERES (II)

    
 Roca en la que pueden observarse los tallos de crinoideos de la fotografía de abajo...

    Ampliamos con más fotografías este yacimiento fosilífero cacereño: estas fotos se tomaron en el parque (sin nombre aparente) que aparece entre el Ateneo y la calle Estambul, en el límite del Nuevo Cáceres. El desnivel que se abre en la parte oeste del parque, así como algunos grandes fragmentos de rocas conservados en el mismo parque, permiten reconocer estratos fosilíferos muy ricos en los crinoideos de los que hablabamos últimamente.
    Ante la belleza y relevancia de estos fósiles, uno se pregunta si las autoridades locales tienen conocimiento de este yacimiento y si este patrimonio natural no debería estar algo mejor conservado, o incluso señalizado por interés cultural o escolar. Y esto es una lástima, porque existen como este, varios enclaves geológicos en la propia capital cacereña que serían dignos de una gestión adecuada y también de mayor publicidad. Desgraciadamente, en los tiempos que corren todo este tipo de posibilidades parecen disiparse en el más completo olvido. Por otro lado, el GP se pregunta también si una mayor publicidad de estos lugares y su completa falta de protección no estimula también a los coleccionistas sin demasiado interés conservacionista a saquear estos yacimientos (y la tentación a veces es grande incluso para el propio GP...).


 Multitud de restos crinoideos salen profusamente a la luz junto a la carretera de Mérida.
Zanja en la que se encuentran estos estratos fosilíferos. Se nota perfectamente el carácter calizo del suelo por las arcillas rojas, propias del Calerizo y la lixiviación del terreno.

segunda-feira, 16 de julho de 2012

CRINOIDEOS EN EL NUEVO CÁCERES

Un tronco ensamblado de estos lirios de mar, hallado junto al antiguo horno de cal de la estación de autobuses.
Detalle de uno de los segmentos, finamente radiados. Este proviene de una caliza de las escombreras de la antigua cantera de La Cañada.

    Crinoideos "in situ", en una zanja cercana al edificio del Ateneo de Cáceres. Este es el mejor lugar para observarlos sobre el terreno. Atento, Valentín, que bajo el Ateneo hay pequeños regalos de la geología...
  
    Seguimos investigando, como verdaderos detectives, lo que fue en un tiempo muy lejano el mar de Cáceres (hace más de 300 millones de años) y el G.P. tiene la sensación de haber encontrado una de las últimas piezas del complejo puzzle que estaba completando. Después de consultar múltiples referencias y búsquedas en vano, hemos dado por fin con fósiles de crinoideos (o lirios de mar, que suena más fácil) que aparecían en algunos estratos calizos del Calerizo cacereño. Y claro, una vez descubierto el primero, el GP los encuentra ahora por todas partes, hasta en los  vertederos. Para conseguirlo, es bien fácil: hay que guiarse por las calizas negras o grisáceas de nuestros alrededores y empezar a investigar en las superficies de las mismas bandas blancas o pequeños puntos redondeados compuestos con infinidad de pequeños radios, como si de una diminuta rueda de bicicleta se tratase. Si tenemos la fortuna de encontrar alguno de estos, hemos dado con los restos fósiles más comunes de estos fabulosos animalitos: los fragmentos de sus tallos, un pequeño resto que difícilmente nos da verdadera idea de sus verdaderas proporciones y forma, pero que delata su antiquísima presencia sobre nuestra región.

Estratos calizos vinculados a estas biomicritas y
cerca del contacto con las pizarras grises. Cercanías
del Ateneo.
    Siendo más precisos y citando a los que más saben de esto (me refiero aquí el estudio de Encinas Guzman sobre rocas carbonatadas cacereñas, 1996), podemos considerar que las calizas donde se ubican estos crinoideos son "biomicritas" -calizas de origen orgánico- del Carbonífero inferior, siendo similares a las que se han encontrado en el sinclinal de la sierra de San Pedro. En nuestro sinclinal no resultan demasiado abundantes en relación con el resto de las calizas y dolomías que predominan, sin prácticamente restos fósiles visibles, y se ubican en el techo de la formación, casi entrando en contacto con las pizarras de una edad ligeramente más reciente. Esto nos lleva a localizar sus yacimientos en una estrecha banda que va desde la estación de autobuses hasta el ferial, y que en buena parte yace dormida bajo el hormigón y el asfalto humano.
    Como curiosidad, nos podemos encontrar junto a estas rocas antiguas, fósiles de plantas mucho más cercanos a nosotros, hallados en tobas calizas cuaternarias, y muy similares a los que comentamos en una entrada reciente sobre el mismo asunto (las tobas de Fuentefría).    

Recreación de estos bichitos florales en pleno Carbonífero: algo parecido debía ser Cáceres por esa época. Estamos pisando antiguas selvas animales submarinas. La presencia de estos fósiles nos da a entender que el mar cacereño no era demasiado profundo y permitía una fauna marina propia de arrecifes y territorios costeros.
Actual lirio de mar, pariente lejano de nuestros fósiles.

sábado, 1 de outubro de 2011

CRUCIANAS EN LA PARTE VIEJA

     
     Me resulta ya extraño tener que escribir un nuevo mensaje sobre más perlas geológicas que nos encontramos por los muros de la parte vieja. Y después de haber encontrado dendritas y braquiópodos, ahora nos topamos con unas crucianas que habían pasado desapercibidas ante nuestra atenta vista, quizás porque no era la zona transitable habitual en los paseos del G.P. con Juan. Estas crucianas son típicas de los yacimientos paleozoicos de la provincia de Cáceres: los podemos encontrar en las Hurdes, Monfragüe y por supuesto, en la zona de las Villuercas. En determinadas zonas del Alentejo se encuentran ejemplares de renombre internacional. Quizás las más visibles para nosotros sean las que aparecen también como material de construcción en algunas casas de las Hurdes.
    Pero... ¿qué rábanos son las crucianas? Semejante nombre merece una mínima explicación. Cuando nuestros antepasados en forma de trilobites y otros animalitos similares rondaban por el fondo del mar, iban dejando, como hacen hoy sus descendientes, un rastro en la arena. En determinadas condiciones, esos rastros se han preservado: debido a rápidos procesos de sedimentación, el lodo se convirtió en dura roca y gracias a eso lo podemos apreciar ahora. Es lo que denominan los duchos en la materia icnofósiles: rastros de seres vivos.
   En realidad, desconocemos si son crucianas, pistas de desecación o quizás el resto de otro fósil. En cualquier caso, es la explicación más probable. Desgraciadamente, en nuestras salidas camperas todavía no hemos podido encontrar in situ ningún rastro para terminar de confirmar nuestra hipótesis.

Dos rastros fósiles formando una cruz sobre la roca.


La calle del palacio de Carvajal, lugar donde nos encontramos estas crucianas. Aquí Juan se había rebelado y decía que ya estaba bien de perder el tiempo, por favor.