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segunda-feira, 19 de setembro de 2011

EL FINAL DEL VERANO


El final del verano llegó una vez más, dice la vieja canción de los sesenta, cuando la gente abandonaba las playas y las calles de las ciudades volvían a llenarse de coches. Pero los humanos apenas somos uno más en el ciclo anual mundano. Todo fluye, que diría el filósofo, pero en el fondo nada cambia, y volvemos a ver repetidos los pasos comunes de nuestra naturaleza por estas fechas del año. En el hormiguero que descubrimos bajo una piedra de la Sierrilla, ya están todos los preparativos de la estación. Basta que llegue la primera lluvia, para que las hormigas se echen a volar como en cada otoño en busca de nuevos horizontes...

 Aunque las setas sean propias del otoño, algunas especies se dan bien en los lugares húmedos del verano. Y si no, que se lo pregunten a este pedo de lobo del parque del Príncipe, a la buena sombra de los piñoneros y de las bocas de riego del parque.

Higos chumbos en el Olivar de los frailes enrojeciendo a principios de septiembre. Curiosamente, lo que consideramos una de las plantas mediterráneas típicas de nuestro país, no es más que una importación americana, como lo fue la patata en su día.

Los gorriones jóvenes han abandonado el hogar familiar... y como no se atreven a andar solos por el mundo, los podemos ver en grandes bandadas deambulando de un sitio a otro por muchos parques de la ciudad. En muchas ocasiones les vemos acompañados de otros pájaros que se unen en su errática búsqueda de comida.

También para este renacuajo ha llegado el final del verano y con él, el final de su vida como larva. Aquí  lo vemos casi convertido con éxito en una rana diminuta. La cola se irá perdiendo en pocas semanas. Otros muchos se han quedado por el camino o tardarán más en alcanzar el estado adulto a medida que llegue el frío.

domingo, 3 de julho de 2011

LA LLUVIA DE JULIO

     
    El GP se levanta poético, y no es para menos. Es por la mañana y sobre una ciudad que sueña con ser africana cuatro meses al año, deja de lucir el sol. Una cortina de nubes blanquecinas evita termómetros excesivos, pero no es suficiente. El asfalto, como cualquier día de julio, se hace chicle. Las baldosas, recalentadas, impiden sentarnos sobre ellas. Los bancos en la sombra se disputan. Un pesado ruido de aire acondicionado silba sobre nuestras cabezas.
      Pasan las horas. Las nubes se hacen algo más oscuras, no mucho más, y la brisa cambia. Se hace respirable. El bochorno remite algo con el caer de la tarde, hasta que de pronto, sientes algo sobre la cabeza. Del cielo de julio es más fácil que te caiga la cagada de un gorriato a que lo haga una gota de lluvia, y sin embargo, caen más. Ahora la ves, una gota de agua sobre la piel de tu brazo. ¡Está lloviendo! De pronto, las gotas se hacen gordas, poco abundantes, pero visibles.  Y sobre todo las sientes: primero en la piel, luego en el ambiente. Te embriagas del olor a tierra mojada. ¡Llueve! dice la gente de mi alrededor. Algunos corren a refugiarse, otros preferimos sentirla. El chubasco, por llamarlo de alguna forma, dura poco, un par de minutos quizás, pero es suficiente para recordarnos de que sigue existiendo. Los colores de la calle cambian de repente, haciéndose más oscuros y brillantes, justo en el momento en el que vuelve a aparecer el sol.
      Toca el fin obligado. De las montañas de cemento y ladrillo se levanta el alegre telón de colores y la lluvia se despide hasta vaya usted a saber. Por tratarse de julio, el arcoíris se nos vuelve espectacular, extraño, mágico. Me quedo contemplándolo un buen rato. Cuando decido a proseguir mi camino, me vuelvo para comprobar que sigue ahí todavía, fugaz. En cuestión de minutos habrá desaparecido y seguramente que tardarán en volver a nuestras latitudes. Por si acaso, lo fotografío y me lo quedo para mí. A saber cuándo se ve otro en la ciudad africana...  

terça-feira, 28 de setembro de 2010

ADIÓS AL VERANO...


    Por segunda vez, el G.P. dice adiós al verano desde su pequeña ventana internáutica. Y este adiós lo hacemos con una foto que tomamos hace unos días desde las lomas de la Sierrilla, dejando en ella el suave fresco del atardecer de septiembre, la humedad de las últimas tormentas y los colores pardos típicos de esta época antes de que por fin nuestra naturaleza despierte del largo letargo estival. El G.P. se preguntaba al hacer la foto hacía cuánto tiempo que no contemplaba, sentado sobre una roca, con tranquilidad y en silencio una puesta de sol. Y es que hay pequeños momentos que olvidamos durante mucho tiempo y hasta que no volvemos a disfrutarlos, no sabemos lo inmensamente agradables que pueden llegar a ser.   

quarta-feira, 28 de julho de 2010

CIGÜEÑAS



Es ya costumbre en verano encontrarnos con bandadas de jóvenes cigüeñas por los alrededores de Cáceres. Se pueden encontrar posadas por decenas sobre grandes encinas o alcornoques, también en descampados abiertos o como en este caso, zonas húmedas. También para ellas la unión crea seguridad. Este año además las numerosas charcas dejadas por un invierno lluvioso les ha permitido un buen regalo de comida fácil. En este caso, la bandada de cigüeñas estaba en los humedales de los Arenales, pescando ranas y renacuajos. Poco pude disfrutar de su contemplación: en cuanto sintieron mi bicicleta acercándose, levantaron el vuelo a decenas. Un espectáculo a pocos kilómetros de la ciudad. Si quieren el consejo del G.P., escuchen cuando hay tan gran número de ellos, el ruido de sus alas al alzar el vuelo.  
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segunda-feira, 5 de julho de 2010

TIEMPO DE AMOR


Y dijo Dios a los insectos hace trescientos millones de años: "Creced y multiplicaos", y se pusieron manos a la obra sin más tardanza, y así hasta llegar a nuestros días, en los que podemos considerar a los insectos como uno de los grupos de animales más exitosos de toda la tierra. Y si no pregúntelo a esta pareja de libélulas, que llevan desde el Carbonífero batiendo sus alas con total felicidad y haciendo sus labores como depredador. Aquí tenemos una hermosa pareja en el parque del Príncipe, muy próxima al canal de agua que recorre dicho parque. La razón: la libélula pone los huevos en el agua, y su fase larvaría transcurre en ese medio. Larva que por cierto, puede llegar a ser también el terror del estanque.     

Aquí tenemos al bicho inmundo del post anterior cometiendo felonías e intentando traer al mundo más monstruos con impunidad. Esta imagen la tomamos en los berrocales al oeste de Aldea Moret, atravesando la autovía.

LARGO ATARDECER DESDE MACONDO



Hasta la urbanización de tan marquesiano nombre y limítrofe con las llanuras del oeste, me he ido con la bici en las últimas ocasiones en busca de un agradable atardecer. Quien viva en Cáceres y disfrute de la naturaleza debe saber que en verano entre las once de la mañana y las ocho de la tarde, el infierno hace imposible cualquier derroche físico en el exterior, y por eso nuestras escapadas se limitan a esas horas... Horas que por otra parte regalan imágenes como las de arriba...  

 
Las ovejas buscan pastos en los escasos prados verdes que se mantienen casi milagrosamente  durante julio. Después descubrimos la causa del pequeño oasis: un diminuto reguero de agua bajaba de las trincheras de la vía del tren próxima y permitía una mayor humedad en esa parte de la dehesa. Además, las últimas tormentas han ayudado a mantener brevemente la humedad del suelo en estos prados.

No son raras de encontrar en esta época las famosas "camisas" de las culebras bastardas: y es que un cambio de vestuario es bueno de cuando en cuando para todo el mundo.

Este mosquito gigante daba auténtico miedo de solo mirarlo. El G.P. no tiene ni idea a qué especie pertenece este engendro diábolico, que zumbaba alrededor de la cámara en cuanto levantó el vuelo. Por si las moscas, decidimos no molestarlo más, aún cuando seguramente, el que tenía más miedo de los dos era el pobre bicho.  

sábado, 26 de junho de 2010

EN COMPAÑÍA DE LOS VENCEJOS

Atardecer nublado y fresco. Los puntos negros son vencejos (apus apus) que planeaban en las alturas. Fotografarlos supone un reto y aunque tengo localizados muchos nidos, las fotos se resisten...

Ayer tocaba el partido Chile-España, pero el evento también coincidía con un fantástico atardecer atemperado por las nubes y con olor a tierra mojada. Como sería impío rechazar los regalos que nos ofrecen los dioses, y como cada día me dejo llevar más por la ataraxia, me fui con Juan a dar una vuelta por ahí, con la única compañía de los vencejos. Raras veces se escuchaban así de bien estos pájaros en un viernes y en pleno centro, pero así era. Mientras el país contenía el aliento, nosotros dos paseábamos por calles y parques desiertos como bichos raros. De repente los gooooles cantados rompieron el silencio e interrumpieron la siesta de Juan. Nos volvimos a casa y aún nos dio tiempo de ver la última parte de un partido soporíferamente aburrido. Y pensé yo que para eso habría sido mejor quedarse por ahí: un justo castigo de los dioses, por haber dejado el paseo a medio hacer. A pesar de todo, pudimos hacer algunas fotos salvables y dignas de mención.

"Se vende país en crisis por un euro. Interesados pasarse por los chinos"
Un habitante inusual en esta época del año: la lavandera común, sobre las fuentes del Parque padre Pacífico. No es muy corriente encontrarla en época de cría en nuestra zona.

   Otra instantánea del magnífico atardecer.

terça-feira, 22 de setembro de 2009

ADIÓS AL VERANO.

Valga esta foto sin apenas comentarios para despedirse. Después de pasar una magnífica tarde buscando pedruscos en Valdeflórez, y con la compañía inesperada (y muy didáctica) de otro fanático de los minerales (Luis, de Extremadura mineral), me encontré con esta imagen de despedida al verano.