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segunda-feira, 16 de fevereiro de 2015

ESTRELLAS DE TIERRA EN EL CERRO OTERO


   La tarde de ayer anunciaba ya la entrada del buen tiempo. Bajando por la cañada del Casar uno podía oír, además de las conversaciones de los caminantes, a las primeras golondrinas de la temporada. Incluso cuando la sombra se hubiese hecho en la umbría, la temperatura era suave y se podía pasear estupendamente. Y el GP pensó que tal vez había llegado el momento de investigar las primeras flores primaverales. Un día antes había estado en Elvas, donde los lírios azules irrumpían ya con fuerza y pensó que tal vez podía probar suerte buscando las primeras orquídeas primaverales. Cuando llegamos a la cañada, todo estaba quieto. No había rastro de flores de primavera (ni siquiera vimos los narcisos de temporada) y tan solo las incondicionales de invierno daban un mínimo de color al campo. Lo que nos encontramos para nuestra sorpresa fue con una auténtica marea de diminutas setas frikis, las estrellas de tierra, que poblaban por decenas uno de los encinares de la zona. Y es que, a pesar de estar fuera de la temporada -no había rastro de otras setas, excepto aquellas que conservan su apariencia externa, como las esclerodermas polyrhizum-, esta pequeña seta merece nuestra atención. 

       Estas setas alienígenas encierran sus pequeños secretos. Las estrellas de tierra no solo tienen esta peculiar forma por mero azar biológico: la usan a la perfección para la difusión de sus esporas y su pervivencia. De esta manera, cuando el tiempo se vuelve seco las estrellas se cierran y se encapsulan, lo que facilita una mayor protección y movilidad com el viento. Cuando la atmósfera gana más humedad, estas pequeñas bolas se abren y extienden sus brazos para afianzarse sobre el terreno. Esta singularidad, que ya vimos en el raro miriostoma del anterior otoño, es un ejemplo de convergencia evolutiva con algunas plantas desérticas que proceden de manera similar con los cambios de tiempo (si se acuerdan de algún western, los matorrales corredores que se ven antes del duelo de pistoleros). En la dehesa tendríamos lo mismo, solo que a tamaño reducido...

domingo, 23 de maio de 2010

DE VISITA... AL CERRO OTERO EN PRIMAVERA

Después de pasar una hora con los pies de Juan en mi frente, hacer carantoñas varias y conseguir por fin que el pobre hiciera sus necesidades, conseguí un rato -una hora de reloj- para una visita rápida al cerro Otero en la Sierrilla. Ya había hecho la visita en la semana anterior y habían pasado muchos años desde la última vez que hice la bajada entera en bicicleta desde la cima hasta la carretera del Casar. Reconozco que este es uno de los pocos lugares que encuentro mejorado desde hace una década. La cañada que atraviesa todo el cerro ha sido repoblada con encinas y pinos y ofrece una imagen más arbolada que en mis tiempos adolescentes, cuando el G.P. subía el cerro con más asiduidad.

A nuestro regreso tuvimos la gran suerte de ver un buen rebaño de cabras atravesando la cañada. Estas cabras son las mejores desbrozadoras que existen en nuestros campos: arrasan con todo. Era un espéctaculo verlas dando saltos para comerse las hojas de las encinas. Cuando el G.P. pidió a los pastores -que iban en furgoneta- dejar hacer unas fotografías pensaron que tal vez estaba mal de la cabeza. Será nuestra falta de costumbre.

El señor rabilargo llevando unas flores para la señora en el pico. Estos córvidos se dejan ver mucho esta temporada por multitud de sitios, incluida las cercanías de la ciudad.  Aviso para camperos: estos pájaros devoran todo y la mejor forma de localizarlos es dejar pienso para gatos y perros en un sitio despejado. Entre las proezas de los "rabúos" está el realizar migraciones que los llevaron hasta la mismísima China. Ahí es nada para el pajarillo.
Estas últimas semanas de mayo todavía nos permiten ver algunas flores en todo su esplendor. Aquí tenemos la estepa blanca, muy común en toda la geografía mediterránea (no pregunten a quién se le ha ocurrido en nombre). Mientras que en los llanos los pastos están angostándose rápidamente con el calor de la última semana, aquí todavía disfrutamos de algunos prados verdes.

En estos lugares nos encontramos también con alguna curiosidad geológica. Entre la cuarcita armoricana dominante en el cierre del sinclinal, se pueden observar algunos estratos arenosos, con una base altamente ferruginosa. Aquí la hematites actúa de matriz con el cuarzo y tiene un grosor de unos dos centímetros, dependiendo también del lugar. En el camino de la cañada, muy pedregoso, es fácil encontrarse con buenas piezas de este mineral, y rocas de aspecto brechoide con fragmentos de cuarzo cementados con hematites

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