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domingo, 4 de setembro de 2011

TEMPESTITAS EN EL CERRO DEL MILANO

El alcornoque solitario que corona el cerro.
   
  No, no me he equivocado de palabra. La descubrí el otro día en el blog de Eduardo Rebollada, y lo que pasa es que los geólogos tienen nombres para todo. Así denominan con tan fantástico término a unas rocas formadas en peridodos de fuerte sedimentación marina causados por grandes tormentas o tsunamis y que aparecen en algunos lugares de nuestra geografía. ¿Tsunamis en Extremadura? -dirán los escépticos- Pues sí, solo que hace 440 millones de años. Ahí es nada.  
      Parece ser que esta es una característica común en algunos niveles de la cuarcita armoricana del ordovícico superior, y que está presente en los sinclinales paleozoicos de nuestra provincia (Monfragüe, Cañaveral, San Pedro...).  En los alrededores de Cáceres, el lugar perfecto de búsqueda es el cerro del Milano, aunque también las hemos localizado en la Sierrilla. El G.P. subió en su visita estival de rigor con su primo Carlos y nos encontramos unas cuantas. Aparte de los eskolitos (otra palabreja  de la que hemos hablado en alguna ocasión), hay varios niveles en la cima del cerro que recogen señales de estas tempestitas: distintos ripples y sedimentación con fragmentos de conchas. Llaman la atención porque suelen romper las caras usualmente lisas de la cuarcita, haciendo superficies rugosas de un par de centímetros de grosor y que supuestamente corresponde a esa sedimentación rápida provocada por las catástrofes de la época. Una muestra interesante de lo que la naturaleza es capaz de hacer: la fuerza de los tsunamis es tan grande que sus restos nos alcanzan ¡más de 400 millones de años más tarde! 



Ripples en la cuarcita.

Restos sedimentados, con alguna forma fósil más visible.

Para una información mucho más completa de la que este aficionado puede dar, consultar "Tempestitas del ordovícico superior en el sinclinal de Cañaveral" en el blog de Eduardo Rebollada: http://geologiaextremadura.blogspot.com/2011/08/tempestitas-del-ordovicico-superior-en.html  

quinta-feira, 12 de novembro de 2009

EL CERRO DEL MILANO... EN OTOÑO

La más alta cima del cerro está coronada por un alcornoque solitario que parece hundir la roca en la misma cuarcita.

Fantástico juego de luces y sombras sobre la dehesa.

Mucha gente comenta que el otoño es quizás la mejor estación del año para visitar Cáceres y desde aquí no les quitamos la razón. Eran mediados de noviembre y bastaba la visita de Juan para una buena excursión al cerro del Milano, que no subía desde hacía un par de meses. Soplaba el aire fresco de otoño y había un cielo espectacular plagado de nubes y claros. Las manchas de luz encendían la penillanura y le daban un fantástico colorido. Los dioses nos sonreían, y la cámara de Juan también.
Estuvimos en la cumbre un buen rato, casi hasta la puesta del sol. Apenas vimos pájaros, y el G.P., por más fósiles que buscó en ese día no encontró casi nada. Tal vez la culpa de todo la tuvo un amigo imprevisto que nos acompañó casi todo el camino, y que vemos en las fotos.


Líquenes sobre cuarcitas pardas. La presencia de los líquenes son síntoma de una atmósfera bastante limpia y poco contaminada.

Las últimas flores de los madroños dan paso a sus típicos frutos rojos: maravilla para los pájaros y roedores.

Nuestro compañero de fatigas: un solitario perro de caza deseando cariño humano por los cuatro costados. Nos acompañó durante todo el trayecto, luchando contra desfiladeros y un frío helador para el pobre. Al final casi tuvimos que ahuyentarlo para que volviera a su finca.

sábado, 1 de agosto de 2009

DE VISITA... AL CERRO DEL MILANO

Columnas cuarcíticas: el G.P. siempre ha pensado que es una puerta de teletransportación espaciotemporalhacia otra dimensión.


Auténticas murallas cuarcíticas coronan el cerro.

El sitio más agreste y alejado de la población humana de la Sierra de la Mosca es quizás este lugar. Sin lugar a dudas, es el lugar favorito para el G.P. El cerro del milano ofrece una fantástica vista con una vegetación mediterránea exuberante: parecía como si el verano dejara predominar el verde sobre el amarillo estival que domina en kilómetros a la redonda. No hay casas cerca y por encima de todo, puedes disfrutar de los alrededores sin encontrarte la basura que aparece -por desgracia- en otros muchos lugares de la sierra. Para llegar hasta allí no queda otra que coger la bicicleta o ir andando. Al llegar al antiguo sanatorio, necesitamos seguir la carretera que bordea el valle para alcanzar una desviación hacia la derecha. A partir de ahí solo queda pedaleo y andar.

Para entender el cerro desde una perspectiva geológica, tenemos que mencionar las partes del sinclinal de Cáceres, aquí la cuarcita armoricana se levanta abruptamente del terreno, y sus estratos forman auténticas murallas de piedra verticales. Uno tiene la sensación de estar en una auténtica fortaleza natural resquebrajada, mientras los árboles nacen de grietas imposibles en mitad de la roca.
Más interesante todavía es que en este lugar la cuarcita tiene restos fósiles del ordovícico inicial. La cuarcita presenta un metamorfismo menos acusado y la estratificación sedimentaria es mucho más clara. Como ya habíamos apuntado en otra entrada, los skolithos -las “madrigueras” hechas por gusanos hace más de 350 millones de años- se encuentran aquí de forma más abundante que en ningún otro lugar del sinclinal de Cáceres. Otras muchas rocas atestiguan concentraciones de restos fósiles, en forma de fragmentos de conchas no determinadas. Y muchas partes de las paredes cuarcíticas ofrecen posibles marcas de cruciana (las huellas de los trilobites). Aunque es difícil encontrar aquí cuerpos de fósiles demasiado reconocibles, te puedes imaginar cómo fue un fondo de mar extremeño en el mundo paleozoico.

Icnofósiles presentes en la cuarcita

La vegetación es igual de rica que en otras partes de la sierra, acompañando algunas especies propiamente roqueras, y la adaptación que hacen los madroños y árboles al paisaje rocoso es asombrosa, aprovechando cualquier resquicio en las rocas. Igualmente es un lugar privilegiado para avistar pájaros. Esta mañana veíamos bandadas de abejarucos revoloteando en los alrededores, pero en otras ocasiones hemos visto córvidos -urracas, grajos, rabilargos...-, milanos, tordos, alondras, páridos… aunque las alturas nos ponen en evidencia a sus ojos. En definitiva, un pequeño paraíso a pocos kilómetros de Cáceres.

Los madroños acompañan al G.P. hasta la cima