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sexta-feira, 3 de junho de 2016

CARRERAS DE SAPOS CORREDORES EN LOS ARENALES

Nuestro sapo, moviéndose ágilmente por el suelo de los Arenales.
La línea verdosa del dorso permite reconocer al sapo corredor
    Si hay algún beneficiado de esta primavera lluviosa por encima de todos los demás, estos han sido los anfibios. Todos los amantes de estos bichitos sabemos perfectamente en qué medida dependen de las circunstancias climáticas y de la disponibilidad de agua en cada temporada. De esta forma estos animales pueden ser extremadamente abundantes algunos años y en otras ocasiones quedar reducidos y confinados a unos pocos lugares húmedos. No hace falta decir que son los animales más amenazados por un persistente cambio climático.
Véase lo diminuto del sapo, comparado con los granos del cuarzo.
    Para este año, nuestros encuentros han sido escasos -más allá de la omnipresente rana común-, pero cuando se han manifestado, han sido por decenas de ejemplares, como ocurre generalmente tras el final de la metamorfosis. En esta ocasión hemos tenido la enorme suerte de disfrutar de las locas espantadas de multitud de sapitos corredores casi recién salidos de renacuajos, sobre un suelo arenoso que los hacía fácilmente identificables (el GP tenía que andar con cuidado para no espachurrarlos). Este sapo (antes Bufo Calamita, ahora Epidalea, creemos), se distingue por la raya amarillo-verdosa que atraviesa su dorso, aunque siempre que hablamos de estos simpáticos bufónidos, mejor no asegurarse al cien por cien. Es más sencillo hacer la distinción rana-sapo: las ranas saltan, los sapos corren; las ranas tienen una piel relativamente lisa y patas más largas, los sapos llenas de verrugas y cuerpo más rechoncho. Pero ni esto vale para algunas especies de ágiles sapos y rechonchas ranas. Y por supuesto, el sapo no es el marido de la rana, como muchos todavía aventuran a decir. Sobre el sapo corredor podemos decir que nos ayuda el hábitat y la hora para distinguirlo. Como ocurre en esta zona, a estos sapos les gustan las zonas abiertas y arenosas. Por otro lado, los sapos más pequeños no comparten las costumbres nocturnas de sus adultos y se pueden ver fácilmente a la luz del día ir de un sitio para otro. En el terreno casi desnudo de las antiguas explotaciones de los Arenales, encontrarse con estos sapillos es un regalo.

Antiguas explotaciones de los Arenales, en lentísimo proceso de recuperación.
No todo es malo: las escombreras son usadas por abejarucos en gran número.


quarta-feira, 27 de abril de 2016

CONVERSACIÓN DE GALÁPAGOS...

Galápagos en una charca de la sierra de Aguas Vivas. Esta primavera están muy activos por todas partes...
Be water, my friend...
      En una estupenda mañana de abril dos galápagos leprosos parecían discutir filosóficamente tirados  bajo el rico sol de primavera. 
    - Nunca serás capaz de bañarte dos veces en el mismo sitio, porque todo cambia-, le dice el galápago viejo al joven. 
Quién es el primero en tirarse al agua...
    - Pero si vivimos en una charca, abuelo, y aquí el agua es siempre la misma- le contesta el galápago joven. 

     - Sí, eso mismo pensé yo hace muchos años, y he sido yo el que ha cambiado, y no la charca.
    - Eso no es tuyo, abuelo. Lo dijo el galápago Heráclito hace mucho tiempo...
    - Por eso mismo, nieto, por eso mismo. Con la filosofía basta que un abuelo no repita las mismas cosas de Heráclito a sus nietos, para que estas se olviden en una generación, y esta charca sea simplemente una charca, y nosotros unos simples galápagos leprosos que por supuesto, no hablamos ni pensamos...


segunda-feira, 24 de agosto de 2015

TRITONES PIGMEOS EN EL VALLE DEL TOZO

    Volvemos a las cercanias del Tozo, en la compañía del amigo Natalio. Nuestro amigo nos estaba enseñando distintas partes de la dehesa cuando alcanzamos una zona completamente desolada y despoblada de árboles. En otras épocas del año muestra el típico manto verde de la llanura cacereña, ahora podríamos unirla a una imagen de las estepas asiáticas y no distinguirlas. De pronto, al descender por una pequeña pendiente, Natalio detiene el todoterreno y me enseña un manantial seco. No puedo con la curiosidad y miramos en el interior de una pequeña arqueta. Sorprendentemente, todavia retiene humedad, casi podría decirse que se había secado en los últimos días. Una rana verde salta y se esconde en los agujeros del pozo. Levantamos fragmentos del barro y para nuestra sorpresa, empiezan a aparecer numerosos ejemplares de tritón pigmeo, un pariente del tritón jaspeado proprio del norte de España,  y que el GP no veía desde que era un niño. Acostumbrados a ver solo gallipatos en las charcas de Cáceres y Sierra de Fuentes, el tritón pigmeo es mucho más llamativo, con su alegre coloración verde.
     Uno se preguntaba qué iba a ser de ellos en aquel paraje estival sin un atisbo de humedad en kilómetros a la redonda. La única posibilidad de supervivência para estos bichos era enterrarse en el barro y esperar tiempos mejores. En cualquier caso, este es un escenario típico en el hábitat mediterráneo: la desaparición de charcas estacionales condena a una parte importante de las poblaciones anfíbias a una muerte segura. Sin embargo, eso es parte del proceso natural: el problema viene cuando esas charcas estacionales desaparecen definitivamente o son contaminadas. Como a casi todos los anfíbios, el futuro que espera al tritón pigmeo es más bien oscuro en nuestro país. Pero en este lugar tan apartado, suponemos que llegará el otoño y algunos tritones supervivientes podrán continuar su ciclo vital y mantener la población para el año siguiente.  

El pobre tritón huyendo sobre el barro reseco.

terça-feira, 8 de julho de 2014

LA CULEBRA DE AGUA, ANIMAL CONDENADO... POR IGNORANCIA

La desgraciada culebra de agua, con el vientre hinchado y muerta. Se nota cómo la parte anterior a la cabeza ha sufrido un aplastamiento, que le ha provocado la muerte. 
    No es nada nuevo: determinados animales sufren la animadversión humana sin merecerlo. Condenados por cadenas culturales arbitrarias, tradiciones sin fundamento, prejuicios eternos... los pobres animales que sufran este sambenito, desconocen que el encuentro con el hombre puede resultar fatal. Algún psicólogo evolutivo asegura que está registrado en nuestros genes esa aversión ancestral hacia ciertos animales tenidos por peligrosos, pero los genes no determinan nuestro comportamiento, por mucho que se empeñen. Esto ocurre, en nuestro entorno más cercano, con las inofensivas culebras de agua. Encarnación diabólica desde tiempos remotos, nos da exactamente igual que estas pobres especies (Natrix maura) sean absolutamente inofensivas para el hombre. Todavía la abuela gallega del GP le contaba a su nieto con total convencimiento cómo las culebras iban a los pechos de las madres para robarles la leche por la noche. Quizás la gran desgracia de esta especie sea su parecido lejano con las víboras y lo que le vale para determinados depredadores, se convierte en un handicap terrible con el hombre. 
     Desgraciadamente así sigue ocurriendo: hace escasos días tuvimos el gran placer de encontrarnos una pareja de culebras viperinas subiendo el canal del parque del Príncipe, y al acecho de ranas. Como otras veces, resultaba fascinante cómo las ranas sentían el peligro y salían huyendo fuera del agua, independientemente si pasaban personas o no. Una persecución dentro del agua era una lucha perdida para el anfibio.
         Dos días después del encuentro, nos encontramos en otra parte del canal con una de las culebras (suponemos que quizás sean las mismas), flotando en el agua, hinchada y muerta. Cuando Juan y yo decidimos sacarla para hacerle la "autopsia", descubrimos que una parte de su cuerpo, cercana a la cabeza había sido aplastada. Era poco probable una muerte natural en este caso, y la hipótesis más probable es que la culebra hubiese sido golpeada con algún palo. En el fondo, el palo o lo que haya sido es lo menos, la culebra murió de ignorancia y la repugnancia humana. Tiendo a pensar que evitar este tipo de cosas resulta tarea casi imposible, pero ¿por qué en lugar de sentir asco, no ejercitamos nuestra fascinación hacia estos particulares animales? Ante un sentimiento profundo de aversión, echemos mano de otros sentimientos más pacíficos y menos violentos para estos pobres animales, que además, cumplen su función propia en el ecosistema.  

Culebra                          Víbora.

   Aunque la imagen no sea del GP, que no quede cierta explicación para aquellos que no distinguen entre las culebras con las víboras. A la derecha tenemos la cabeza de una culebra, redondeada, con su pupila circular, y un orifico nasal más o menos chato. Además en las culebras de agua la piel forma  placas más grandes alrededor de la boca. En cambio, la víbora tiene una cabeza triangular, una piel más escamosa, pupilas verticales y su orificio nasal es más picudo, aunque depende de las especies. El cuerpo de la víbora es panzudo y grueso, mientras que la culebra de agua es mucho más estilizada y su cola más larga. 
    Quizás algunos puedan escudarse en el viejo argumento de: "no tengo tiempo para saber si es culebra o víbora, y ante la duda, obramos como si fuera venenosa". Esta eterna canción se ha escuchado siempre y ciertamente la culebra viperina, como su nombre indica es capaz de simular a las víboras como mecanismo de defnesa. Pero si encuentran un ofidio dentro del agua, tengan por seguro que difícilmente será una víbora. Sí conviene saber, sin embargo, que algunas víboras les gustan mucho los terrenos húmedos y cercanos a fuentes, aunque no se dan en Cáceres capital ni en sus comarcas más próximas. Por último, escuchamos el "por si acaso". El ser humano aplica la guerra preventiva contra todo animal potencialmente peligroso pero que en sí mismos pueden se pacíficos y huidizos. Ninguna culebra ni víbora atacará en nuestra región si ella misma no se siente atacada, y cuando no tiene escapatoria. A ver si vamos aprendiendo cierta educación animal.
       Si alguien quiere una información más detallada del asunto en nuestra región, pueden consultar el blog de anfibios y reptiles de Extremadura de Pedro Pérez Francés: www.reptilesextremadura.blogspot.com
  

sábado, 12 de janeiro de 2013

SAPOS DE ESPUELAS INVERNALES

     El Sr. Espuelas posando para la cámara.
 
     Nuestro rechoncho amigo en su posición original.
 
     Este invierno está siendo bastante rico en encuentros con nuestros amigos los anfibios. Las temperaturas poco extremas, una alta humedad y pluviosidad están permitiendo que quienes muchas veces quedan aletargados decidan moverse un poco más en busca de actividad. Si hace algunas semanas fueron las ranitas meridionales, ahora son los sapos de espuelas los que tienen el gusto de asomarse a nuestra cámara. Nuestro lugar de observación, el estanque del campo de la familia del G.P. en Sierra de Fuentes. Pero suponemos que se podrán encontrar por todos los alrededores de la zona.  
     Aunque frecuentemente se nos dice que el sapo de espuelas no suele descansar mucho en las charcas o riachuelos y es eminentemente terrestre, lo cierto es que siempre lo hemos visto junto a ella. Pero los motivos pueden ser bien distintos: si en verano lo veíamos en las charcas para darse un chapuzón y olvidarse del calor, en esta época inicia su ciclo reproductor si las condiciones climáticas son las adecuadas. Por otro lado al sapo de espuelas le gustan más las siestas estivales que las del invierno, y es más frecuente en este anfibio esconderse en el verano que durante estas fechas. En cualquier  caso, tanto gusto el conocerle, Sr. sapo.

quinta-feira, 13 de dezembro de 2012

RANITAS POCO DORMILONAS



      Presentamos aquí a unos animalitos poco deseosos de irse a dormir la larga siesta invernal. Aunque ya no es frecuente encontrarlas en esta época fría y de primeras heladas, aún quedan rondando por el campo las últimas ranitas meridionales, rezagadas si el tiempo no es demasiado frío y hay comida. Y todavía se pueden ver nadar a las ranas comunes por algún estanque más o menos protegido. Esto nos lleva otra vez al campo de mi señor padre en Sierra de Fuentes -donde a 10 de diciembre, todavía recogíamos los últimos níscalos-. Él ha sido el afortunado que vio la rana meridional (Hyla meridionalis) entre unos arbustos, hace ya un par de semanas; aseguraba que hacía años que no las veía en la parcela. Como siempre decimos, haberlas las hay, pero son necesarios unos ojos agudos para identificarlas por su perfecto mimetismo (aunque más de uno me ha asegurado que no es tan difícil como parece).  La otra especie que encontramos es la omnipresente rana común (Rana perezi). Había un grupo de ellas nadando plácidamente y pensamos que quizás querían salir del estanque para poder invernar.
 
 

terça-feira, 11 de setembro de 2012

ANIMALITOS GALLEGOS: RANA ROJA

     Durante el pasado verano el GP tuvo la afortunada ocasión de reconocer un par de especies que no se dan por nuestros lares cacereños, aunque ciertamente disfrutemos de familia cercana. La primera que tuvimos ocasión de reconocer, tras algunos años de ausencia, fue la rana roja o rana bermeja. Como recordarán quienes sigan el blog, el pariente extremeño de este anfibio es la rana ibérica o rana patilarga, a la que también hemos visitado este verano. En realidad, para aquellos que no tengan vista aguda y conocimientos herpetológicos, les resultarán ranas sumamente parecidas. Tan solo el enorme tímpano de la rana roja y unas líneas dorsales más marcadas podrían dar alguna pista para diferenciarlas. 

    Fuimos a su encuentro a nuestro lugar predilecto en las afueras de nuestra aldea, con pastos húmedos y el lecho de un arroyo enlodado (lugares óptimos para encontrar esta preciosa rana). Desgraciadamente, cuando llegamos al cauce, el GP no se dio cuenta que su sobrina Rosa se estaba poniendo de barro hasta las orejas, y que su cuñado Eduardo se estaba poniendo nervioso con tanto lodo. Entre cazar la rana y salvar a Rosa del lodo el GP tuvo que optar a regañadientes por lo segundo, pero después de poner a la sobrina a salvo tuvimos tiempo de localizar de nuevo a nuestra esquiva amiga y hacerle la foto que tienen arriba. Rosa, por cierto tiene pánico a estos animalitos desde que una ranita meridional le saltó a la boca: fue verla allí y empezar a llorar.

. Nadie espere que la rana esté ahí esperando a nuestra fotografía. Habitualmente está escondida en la hierba o mimetizada con la tierra húmeda: el entorno de abajo es el más propio de este anfibio.

Nuestro paraje favorito para localizar esta rana, entre Gustei y Vilarnaz.

domingo, 26 de agosto de 2012

RANAS PATILARGAS JÓVENES EN EL PIORNAL

 La rana, en su ambiente típico, vegetación cercana a los remansos de agua más tranquilos de los arroyos de montaña. Aquí tiene la gentileza de mostrarnos uno de sus aspectos característicos: el antifaz negro del tímpano.

La rana patilarga posando para el GP. Nadie se piense que las ranas están así sobre la roca esperando las cámaras. Tiempo nos costó cazarla, y un buen resbalón sobre el granito.

       El verano ha dado para bastantes cosas y entre ellas, encontrarnos con estos pequeños ejemplares de la rana patilarga (Rana iberica). Era mediados de agosto y a cualquier fuente, charca o corriente que acudamos, nos encontramos con multitud de pequeños anfibios salidos de su fase larvaria. En esta ocasión, la visita del GP al Calderón, en Piornal, se vio recompensada con el hallazgo de este anfibio relativamente poco frecuente en la geografía extremeña. La rana patilarga es un tipo de rana roja, común en los países europeos y el norte de España, pero más pequeña que sus parientes europeos. En nuestra provincia solo aparece en los sistemas montañosos, siendo más frecuente en el Sistema Central. Así que a 1000 metros de altura, con agua bien fresquita y limpia recién llegada de las fuentes de Peña Negra, esta rana se siente a las mil maravillas.
    Por estas características, nuestra rana es también un indicador medioambiental. Las aguas más polucionadas y menos frías son ocupadas por su competidora, la rana común, que es más abundante incluso en el Piornal. Para distinguir a una de otra el GP se ha basado en la distinción típica del antifaz en el ojo, arrancando de las fosas nasales hasta superar el tímpano.  Lar rana común no posee esa característica y por contra, sí posee la típica línea dorsal verdosa a su espalda.
     En cualquier caso, ha sido un placer conocerlas y hemos quedado para tomar café y unas moscas de río el próximo verano, si el río tiene caudal para ello y no se lo chupan todo los regantes piornalegos, cosa que no es infrecuente.  
 
Proximidades del Calderón, en el Piornal, donde conocimos a estas simpáticas ranas, y del que hablaremos en próximos posts.  

terça-feira, 6 de março de 2012

RENACUAJOS INVERNALES


El estanque del que el G.P. sacó a los agonizantes renacuajos invernales.
       Con mucho trabajo retomamos la labor de hormiguita cibernética, a regañadientes y faltos de tiempo para prolongar nuestra actividad bloguera. Lo hacemos con una pequeña anécdota que desplazó al G.P. a su más tierna infancia hace una semana. Desecando los canales del parque del Príncipe a finales de febrero, nos encontramos Juan y yo unos cuantos animalitos coleteando desesperadamente en el fango. Fácilmente reconocimos cómo eran renacuajos. "¿Renacuajos en febrero?", se preguntaba el G.P. No tenía mucho sentido, cuando la época de cría no habia empezado y apenas habíamos empezado a ver las primeras ranas de la temporada. Uno se informó al llegar a casa que los renacuajos son capaces de prolongar su etapa larvaria indefinidamente sin se encuentran con circunstancias sumamente adversas. Lo que habitualmente dura entre dos y tres meses, se había prolongado durante todo el invierno. En cualquier caso, esa espera heroica durante el invierno precisaba no ser estropeada por la mera limpieza de los estanques, así que el G.P. se metió en los lodos, y como hacía de pequeño, empezó a coger los renacuajos para llevarlos a un lugar seguro.


Signos de la primavera, el señor Langosto y las ranas comunes comienzan a levantarse de su letargo a finales de febrero. Ha bastado un cambio de temperatura considerable para volver a la actividad primaveral.

Y mientras, las procesionarias a lo suyo. En estas semanas ha sido muy corriente ver estas largas hileras buscando lugares en la tierra donde esconderse y convertirse en crisálidas. Durante estos meses, hasta el final de la primavera, permanecerán ocultas. Tan solo pájaros como la abubilla serán capaces de detectarlas y de tomar buena cuenta de ellas.

quarta-feira, 13 de julho de 2011

LAS RANAS NO PIERDEN EL TIEMPO


    
 Esta es la primera vez que observaba en vivo la reproducción de las ranas comunes. Ocurría en los estanques del parque del Príncipe hace unas semanas. La limpieza de los mismos había dado al traste con puestas enteras de anfibios. Resultaba triste encontrarse en los últimos charcos de los estanques desecados multitud de renacuajos que se agitaban de un lugar para otro, buscando desesperadamente de un lugar a otro su supervivencia. Sería inútil: si no los mató el sol o se asfixiaron, las culebras y cangrejos escondidos en las rocas darían buena cuenta de ellos.
     Menos mal que las ranas supervivientes pierden el tiempo: su instinto de supervivencia les lanza a reproducirse lo más posible en la época estival. Y es que no es para menos: la ventaja competitiva que mantienen los anfibios sobre otros competidores es su capacidad reproductora y la ingente cantidad de huevos que desarrollan con sus puestas. Esto compensa en parte su dependencia del agua, el gran número de depredadores a los que se enfrentan. Así que ya lo tienen claro: ¡contra la selección natural, reproducción! 

domingo, 26 de junho de 2011

LA CULEBRA VIPERINA, AL ACECHO EN EL PARQUE DEL PRÍNCIPE



La falta de nitidez de la foto se debe al efecto del agua.
¡Lástima de nuestros parcos medios fotográficos!

      Decíamos en uno de nuestros últimos post que andábamos tras el rastro de culebras viperinas en el parque del Príncipe. De hecho esta es quizás la culebrilla más corriente de encontrar en los regatos y charcas, aparte de su prima mayor, la culebra de collar, bastante más grande que la que tratamos ahora. Para esta ocasión, la hemos observado bajo los desagües del canal central del parque, en una posición estratégica donde puede pasar fácilmente desapercibida, huir con rapidez y al mismo tiempo estar al acecho. ¡Con una bolsa de gusanitos de tapadera, qué insecto, pequeña rana o renacuajo poco avispado va a sospechar del peligro!

       Para distinguirla de su prima mayor, la natrix natrix, podemos partir de su menor tamaño y también de su forma de estar en el agua. Mientras que la culebra de collar nada sobre todo en la superficie del agua, la culebra viperina prefiere hacerlo en el fondo del estanque, donde puede permanecer mucho tiempo sumergida. Por otro lado, es totalmente  inofensiva. Es conocida su disposición a aparentar a las víboras, hinchando su cabeza y haciéndola triangular (como en los vipéridos). La pupila redonda y su cuerpo más estilizado en cualquier caso es excelente para poder distinguirlas frente a especímenes más peligrosos. Si intentamos cogerla con la mano puede resultar que vacíe su cloaca y nos rocíe de un líquido pestilente de cuyo aroma no es fácil escapar. ¡Al G.P. se le ocurrió coger una en mitad del campo y no pudo dejar semejante perfume, por mucho que se limpiase! Así que ojo. A estos pobres bichos, bastante les molestamos ya con las cámaras como para asustarlos más de la cuenta...

sábado, 9 de abril de 2011

UN ENCUENTRO ESPERADO: RANAS MERIDIONALES EN LA DEHESA


     La última vez que vi una ranita meridional fue una cálida noche de verano hace quizás diez largos años, buscando la humedad de un grifo campero. Desde entonces, he estado buscando esta ranita en unos lugares y en otros por la geografía cacereña sin ningún resultado. Llegué a pensar incluso que estas pequeñas ranas habían desaparecido de la comarca; sabía también que son relativamente raras de ver por su arte del camuflaje y sus hábitos nocturnos.  Y cuando me había dado por vencido y pensaba que nunca podría subirlas a mi pequeño rincón internáutico, se cruzaron de nuevo en nuestro camino.
     Estaba yo con la familia visitando la charca de la dehesa comunal de Sierra de Fuentes. Enseñaba a mi sobrina Rosa  los ranúnculos y renacuajos, aunque ella solo prestaba atención a la (inmensa) cantidad de agua que había allí recogida y señalaba a otras charcas de los alrededores. Cuando estabamos a punto de irnos, una pequeña cosa verde saltó al lado de mi zapatilla entre la hierba de la dehesa. "¡Una rana de San Antonio!" grité. Inmediatamente me di cuenta de mi error: allí siempre me había encontrado las ranas meridionales, pero la diferencia entre ambas es casi mínima. La agilidad trepadora de la rana, sus ventosas, su cara sonriente y sobre todo su intensísimo color verde es siempre el mismo. Tan solo si caemos en la longitud de su antifaz negro, nos percataremos perfectamente de la especie: en la ranita meridional (Hyla meridionalis) apenas supera el tímpano, mientras que en la de San Antonio (Hyla arborea) alcanza las patas traseras. Por lo demás son las dos únicas especies de nuestro país de una de las más exóticas familias de anfibios del mundo, arborícolas y esencialmente tropicales.
Nadie piense que la rana meridional posa así ante desconocidos. El G.P. la colocó en la piedra para nuestra sesión fotográfica.

Con un poco de cuidado, podemos jugar con la pequeña rana si la mantenemos en un lugar abierto y en el que se pueda sentirse capaz de saltar en cuanto sienta peligro. Frente a las huidizas ranas comunes, la rana meridional juega con el mimetismo y la quietud para defenderse de los enemigos.

Como se ve comparando al G.P. con la ranita, estos anfibios son bastante diminutos. No suelen superar los cinco centímetros de tamaño y las de San Antonio un poco más.

El amigo Valentín nos manda esta foto que hizo de un visitante de su casa
de las laderas de la Montaña hace poco tiempo.  ¡Vaya afortunado!

sexta-feira, 25 de março de 2011

¡POBRES RANAS!


Cuando las presas se convierten en cazadores...

        Con el buen tiempo, nuestras amigas las ranas comunes vuelven a verse surcando cualquier rincón húmedo en los parques y arroyos de Cáceres. Así ocurría la semana pasada en el parque del Príncipe, y a pesar de tener cientos de imágenes de esta especie (a veces me pregunto si no repetiré la misma rana de estación en estación) no me resistía a la tentación primaveral. Unas cuantas ranas quietas a unos pocos centímetros de la cámara se convertían de nuevo en fotografías para el album. Entre ellas, había una que se mostrab excesivamente quieta, sin temor alguno ante el objetivo amenazante. Ignoro si estaría aletargada con el sol de la tarde, pero no cabía duda que debía llevar mucho tiempo allí. Cuando vi las fotos más tranquilamente, me encontraba que la pobre rana, efectivamente, debía estar en un descanso tan plácido que ni siquiera se había percatado que estaba siendo chupada por todos los mosquitos de los alrededores... Un montón de pequeños bultos panzudos y rojos aparecían en el dorso del animal, que aparentemente, yacía indiferente a lo que sucedía por detrás. Menos mal que la pobre saltó en el último momento. Y es ya lo decían, las siestas, cuanto más cortas, mejor. Y más todavía, en compañía de mosquitos.

quarta-feira, 4 de agosto de 2010

CUANDO SALÍ DEL HUEVO

El tiempo que tardan en atravesar esta fase larvaria depende de muchos factores: escasez de alimento, temperatura...
En verano, bastan dos meses para terminar el proceso.
El renacuajo en su fase más conocida: desarrollando las dos patas posteriores.

Se reconocen ya rasgos de la futura rana, aunque se mantiene una boca succionadora.
 Las ranas comunes son vegetarianas en su fase larvaria.

Los primeros pasos de la ranita, que mantiene todavía  restos de
la cola de su fase larvaria. 
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Inevitable no hablar de estos simpáticos seres que pueblan los estanques más insospechados en los meses del verano. Los renacuajos o cágados como los llamamos en mi aldea del norte, representan una de las metamorfosis más asombrosas y peculiares del mundo animal que nos brinda nuestro entorno más cercano: el paso de un animal con branquias a otro con respiración pulmonar y anatomía terrestre. Basta acercarnos al parque del Príncipe y observar cientos de ellos de todos los tamaños y variedad. Desafortunadamente, no de todas las especies: solo hemos podido observar los de la especie dominante, la rana común, que tantas fotos lleva acumuladas en el blog.
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El hecho de que esta metamorfosis, en los que literalmente se pasa del pez al animal terrestre, pase cada día más desapercibida representa para el G.P. lo lejano que está nuestra conciencia de las verdaderas preocupaciones ecológicas y el interés por la naturaleza. Y es que la desaparición de una especie de anfibios de una zona puede tener connotaciones mucho más graves a escala ecológica que la prohibición o no de las corridas de toros. Los anfibios llevan representando desde hace tiempo una medida muy útil para evaluar la degradación ambiental. Y es que estos pobres bichos se lo llevan todo: el calentamiento global afecta su ecosistema natural, las zonas húmedas. La mayor presencia de radiacion ultravioleta provoca enfermedades en su delicada piel.  La contaminación de las aguas hace insalubres para algunas especies muchos ecosistemas. Y por último, la presencia de especies invasoras destruyen a los renacuajos que tenemos en las fotos. Unos animalillos, en definitiva, que merecen mucha más atención de la que hasta ahora han tenido. 
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El Parque del Príncipe, lugar donde podemos contemplar paso a paso esta maravilla.

quarta-feira, 21 de julho de 2010

LA PACHORRA DEL GALÁPAGO

Se habrá inspirado Spielberg en los galápagos para crear E.T.?

Ayer había decidido hacer bicicleta a fondo. Nada de continuas paradas para observar bichos, pedruscos o curiosidades varias. Así que orienté la rueda hacia un camino fácil de hacer, las pistas que se abren entre el polígono industrial y las Arenas, y me dediqué como único entretenimiento a la contemplación de un fantástico cielo emborregado. Sin embargo, los dioses no iban a dejar tranquilo mi empeño adelgazante y deportista, y a unos seis kilómetros de marcha, un pequeño regato con abundante y algo maloliente agua (provenientes de las depuradoras del polígono), me obligó a detener la bici. Claro, me dejé llevar por unas super-ranas que saltaban al lado de la rueda, y después ya no pude evitar seguir el rastro del regato un rato. Y así fue como en un pequeño remanso del regato, vi dos grandes figuras ovaladas y rechonchas que se movían bajo la superficie del agua. Son galálapagos!, me dije, y el G.P. agradeció al cielo semejante regalo. Hacía varios años que no me encontraba con estos individuos curiosos, y durante un buen rato estuve contemplando sus simpáticas cabezas levantadas sobre el agua, observándonos los tres en silencio. Quise sacar la maldita cámara para conmerar el evento y naturalmente, los pobres quelónidos (nombre divertido) se asustaron.   

El G.P. siempre ha observado los galápagos en las corrientes pequeñas y más raramente en sitios estancados. Aquí estaba reptando por el fondo con mucha tranquilidad y pachorra. Desgraciadamente no hemos tenido tiempo para distiguir entre el leproso y el europeo.

En esta foto tuve la mala suerte de no reconocer bien la cabeza y no sacarla de forma decente.
El regato donde encontré estos simpáticos amigos. El atardecer caía y yo estaba a tomar por saco de mi casa. Si alguien desea ver galápagos en gran número y en múltiples formas, el G.P. aconseja visitar el arroyo del Guadiloba en primavera o verano, en su paso por la carretera que va del Casar al Almonte.