Dicen que no siempre llueve a gusto de todos, y en las últimas semanas parece que vemos a la población cacereña echando pestes cada vez que cae una gota de agua del cielo, especialmente si es en el fin de semana. Pero todo el mundo sabe que muchas cosas buenas trae la lluvia. Entre ellas, que arrastra o deja piedras al descubierto, y para un nerv de las piedras como el G.P. eso son oportunidades de ver cosas nuevas. Así ocurrió en el Marco: las obras del puentecillo nuevo en Fuente fría han removido los sedimentos de la zona, y la fuerte corriente ha dejado al descubierto numerosas tobas calizas a su paso por el lugar, y eso nos permitió encontrarnos esta magnífica roca con restos fósiles. Lo normal que ocurre en las tobas es que contengan las huellas de tallos o raíces recubiertos de caliza, pero cuando nos hemos encontrado las impresiones casi completas y perfectas de estas hojas, nos damos cuenta que hemos sido algo más afortunados que de costumbre.
Nadie piense que nos encontramos ante un helecho fósil del Carbonífero, por lo menos. Estos fósiles son mucho más humildes en lo que a cronología se refiere y son de fechas muy recientes, del Cuaternario. Aunque no somos expertos en absoluto en materia de botánica, sí nos atrevemos a decir que corresponde a la vegetación de ribera que crecía en las márgenes del Marco antiguo, y que posiblemente no guarda demasiadas diferencias con algunas de las especies que podemos ver ahora en cualquier ribera más silvestre que la nuestra: alisos, sauces, fresnos... En cualquier caso, un hallazgo feliz.