Desde pequeños se nos ha educado para que veamos las cosas a escala grande. Esta es la idea moderna de cultivarse: ver cosas, cuantas más mejor, y cuanto más lejos y exóticas, más atractivas. Esta visión se enfrenta con el inconveniente de tener que verlas con mucha velocidad, casi por encima. Lo cercano es insulso, lo cotidiano aburrido. Lejos están los tiempos de ese hombre medieval, vivía en una pequeña aldea entendida como microcosmos, pero veía con ojos en ocasiones eran mucho más profundos que los nuestros. Naturalmente, nadie quiere volver al tiempo medieval, pero sí a tener la posibilidad de detenerse y contemplar las cosas a lo micro, a lo pequeño.
Pues bien, qué mejor para esta intención que un buen instrumento para ver más cerca... Mi querida mujercita me ha regalado un microscopio conectable al ordenador por Reyes... Y esto hace las delicias del G.P., que puede escrutar la realidad con ojos muy distintos a los corrientes. Muy útil para discernir pequeñas maravillas que pasan delante nuestra sin ser conscientes de ello. Y para un geólogo aficionado como el G.P., una auténtica bendición de dioses...
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Puntas de yeso sobre base de fosforita (Aldea Moret).
Cristales de apatito (El Trasquilón)Fluorapatito sobre fosforita (Aldea moret). Gracias a El Mineral digital y al Sr. Picapiedra por sus orientaciones al respecto sobre estos ejemplares.
