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segunda-feira, 24 de novembro de 2014

UNA RAZÓN MÁS PARA RECELAR DE LA CAZA


 

   Uno no quiere ser malo. Decididamente que no, pero encuentra imágenes como esta y se pregunta si esto es una cacería o no es en el fondo una gran metáfora de la política española. Porque no se equivoquen. No hay venados ni  ciervos abatidos. Lo que se ve ahí son los ciudadanos españoles. Sus derechos, su dignidad y el dinero que pagan con sus impuestos. Y arriba, la gran élite triunfadora en los tiempos del boom inmobiliario: politiquillos locales, constructores y sus enlaces. Por aquel entonces todo esto no importaba demasiado e indudablemente El País ha puesto su peor mala uva al pasar una imagen del 2004 por una del 2014. Pero la foto queda ahí, y tras seis años de crisis, uno se sigue preguntando cuántos sucios apretones de manos se habrán cerrado entre ciervo  y ciervo, entre migas y chocolate, palmaditas en el hombro por haber matado al bicho más grande y demás fanfarronadas señoritingas. Con semejante imágenes (por no hablar de elefantes abatidos por la realeza), como para no desconfiar de algunos cazadores.

domingo, 30 de maio de 2010

EL LADO MÁS OSCURO DE LA CAZA


Un buen galgo de caza, eso era yo, sí señor. Sirves a tu amo toda tu vida con honestidad, con sacrificio, esperando días enteros en la oscuridad de un cobertizo su llegada, y haciendo carreras en las que te rompes cada hueso de tu pata. Celebrando cada pieza recogida, escuchando con alegría los disparos de la escopeta. Y un buen día, te sientes débil. No puedes seguir caminando de la misma manera. Te asfixias cuando corres y comienza a fallarte la vista y el olfato. Entonces, cuando los días empiezan a ser largos y el sol comienza a calentar, te suben al coche, te llevan a un descampado o una ciudad desconocida, abren la puerta y de un empujón te echan fuera. Cuando quieres saber lo que ha pasado, el coche está lejos, y tu amo con él.  En el lenguaje de los perros no existe el rencor hacia el amo, solo lágrimas por su pérdida. Y se inicia una búsqueda terrible, calle por calle, jardín por jardín, coche por coche. El sol calienta, la sed sacude tu cuerpo, ojos compasivos te observan, pero no son los ojos del amo.

Una revelación. Cuando ves que entre los seres humanos hay gente que trata a su semejantes peor que a nosotros mismos, pierdes la esperanza y con ella se derrumban tus últimas fuerzas. Te das cuenta que el cariño recibido, la comida y el techo eran meramente un medio para comprarte, y que tú no tienes más valor que los conejos que has cazado para él: mero medio para su diversión. En el idioma de los perros eso no existe: él era el jefe de la manada y lo sigue siendo. Pero hablábamos lenguajes distintos, y nunca me he dado cuenta de eso hasta que ya era demasiado tarde.   


Las fotos están tomadas a la salida de Cáceres por la carretera del Casar, y no son agradables. Pero no todo es agradable, cuando se pasea por el campo. Y es que durante la primavera, es fácil encontrarse con perros viejos con mirada perdida vagabundeando por la ciudad. Algunos tienen suerte, otros no tanto. Alguien podrá decir que este no es un tema importante. Es más, hoy en día muchas personas se sienten tratadas peor que el perro de arriba, y el relato se podría trasladar al sentimiento de un parado o un pensionista. Pero al menos, esas personas pueden defenderse (o eso nos hacen creer, con la idea de la libertad del hombre).