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sexta-feira, 7 de janeiro de 2011

GRANITOS DE CÁCERES: PILONES EN LA CASA DE CONEJERO





         Desearía decir muchas cosas sobre este considerable caserón rural que se levanta tras la vía férrea, antes de alcanzar las Capellanías, pero lo cierto es que no sabemos mucho más que su nombre. En muchas ocasiones hemos pasado delante de la casa abandonada, pero el estúpido respeto que siente el G.P. hacia la propiedad privada siempre le robó la oportunidad de saltar el muro de piedras semiderruido que rodeaba el contorno y husmear un rato. Como en los últimos tiempos la climatología no acompaña y no podemos ir demasiado lejos con la bicicleta, la tentación se fue haciendo demasiado suculenta, y decidimos romper las reglas e inspeccionar el caserón. Tras saltar el muro con trabajo, el G.P. se daría cuenta que había una puerta de madera... abierta.
          Entre las muchas cosas que encontramos en nuestra fugaz visita, llamaba la atención la gran cantidad de viejos pilones de granito usadas en otros tiempos para dar de beber el ganado. Cuántos años llevan esos pilones abandonados allí, es difícil saberlo. Lo cierto es que son testigos mudos de otros tiempos que hoy nos parecen alejados de nosotros como una auténtica eternidad. Y es que, como decía un amigo del Granito Parlanchín, los últimos treinta años han sembrado tantos cambios en nuestro país que parecen separar la novedad y el presente de la larga mano de la historia: hay más parecido entre unos muros medievales y esta casa derruida, que entre esta última y otras construcciones del presente.    

Un enorme agujero en la pared muestra todavía los restos de una puerta adintelada. 

Arcadas que se mantienen todavía en pie, entre los escombros. Una hermosa geometría de tiempos no tan lejanos.