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domingo, 13 de setembro de 2015

VISITANTES VERANIEGOS DEL BALCÓN


 Bajo las raíces de la orquídea tropical se escondia una diminuta salamanquesa, invisble para los ojos del GP, pero no para los de Inma y Juan.
 


   A veces no hace falta irse demasiado lejos para encontrarse bichitos interesantes cerca de nosotros. En el verano, son ellos los que nos visitan a nosotros, y lo que para algunos es una molestia desagradable, para otros son motivo de sorpresa. Acostumbrados como estamos a ver los estorninos y gorriones en los tejados de enfrente durante el invierno, el GP ve la fauna veraniega visitando brevemente sus macetas y muros. Así, no solo aparecen los fugaces herrerillos y carboneros que de cuando en cuando investigan entre los geranios algo que llevarse a la boca, sino también libélulas y una diminuta salamanquesa común que se han aventurado a subir a un quinto piso en mitad de la jungla de asfalto. Esta diminuta salamanquesa aprovechó nuestras semanas en Galicia y el Jerte para acomodarse en la maceta de una orquídea, y no dudó en quedarse allí, entre sus raíces, aprovechando la gran cantidad de bichos que acudían a la planta (estuvo todo el verano con agua, así que garantizaba la afluencia de pequeños insectos). Con este entorno, parecia más un gekónido tropical que nuestros habituales trepamuros.  Sorprendentemente, la salamanquesa aguantó nuestras miradas y las de Juan varios días, antes de sentirse realmente incómoda y abandonarnos un buen día para no aparecer más. Seguro que anda por otra maceta, menos expuesta a nuestras miradas curiosas... o que ya se ha "occidentalizado" y vuelto a las grietas de muros.

sábado, 20 de novembro de 2010

DOLOMÍAS EN LAS MINAS

Escombreras de dolomías.

No podíamos desperdiciar una mañana soleada y sin Juanito, así que hicimos una visita rápida a un lugar al que no iba desde la primavera: las minas de Aldea Moret. Aunque iba sin rumbo definido, acabé deleitándome con las dolomias de las escombreras. Sin llevarme ninguna para casa, haciendo alguna fotografía, removiendo unos cuantos pedruscos y dando algún martillazo: lo típico. Y es que visitar escombreras de minas tiene un no sé qué relajante para los amantes de las piedras. 
En fin, al grano. El G.P. ha hablado alguna vez sobre las calizas de la zona: en realidad se trata de una simplificación (la realidad de cualquier cosa siempre es más compleja). Lo que tenemos son calizas que tienden hacia las dolomías por su contenido de magnesio, y que al mismo tiempo, dada las condiciones de débil metamorfismo y su antiguedad (datan del carbonífero) presentan en ocasiones una estructura cristalina que nos recuerdan a los mármoles. Distinguir una caliza de una dolomía es algo complicado. Aparte de la prueba del ácido, aquí son útiles para identificarlas las típicas formas de herradura que presentan las dolomías, y que aparecen por todas partes en algunas de las escombreras de las minas. Estas "herraduras" forman amplias bandas cristalizadas de sucesivos estratos de dolomías y calcita, formando hermosas combinaciones más hermosas de contemplar en vivo que de llevar a casa. Aparte de estas dolomías, también merecen la pena las geodas de cuarzo que podemos encontrar por estos andurriales, asociadas a dahlita.


  La acción del medio sobre las calizas ocasiona este tipo de imágenes. A los ejes de fractura se le añaden innumerables surcos sobre la superficie de la roca, creando este tapiz tan característico en nuestras rocas. Es lógico que tales requiebros sean el lugar ideal de la siesta invernal de pequeños animalitos. El año pasado descubrimos un sapo corredor, y ahora le tocó el turno a una salamanquesa, a la que importunamos al remover una de esas grietas. La pobre estaba ya algo adormecida y no fue difícil fotografiarla.

La foto no está al revés. El problema es que muchas salamanquesas tienen la manía de posar boca arriba. Quien tuviera esas ventosas para trepar por nuestros techos...

Los suelos calizos en pendiente suelen ser muy pobres, escasos, y sometidos a lixiviación, con su típica arcilla rojiza. Sin embargo, las grietas dejan suficiente espacio para crecer una cebolla de asfódelo que está reiniciando su ciclo vital, una vez pasado el verano. A su alrededor, crecen los candiles. Toda la ladera está llena de estas hojas que abundan durante el otoño y el invierno.


No entiendo la gente que se emociona ante un castillo medieval y no es capaz de guardar respeto histórico ante las minas abandonadas. Aún falta tiempo para atender a la arqueología industrial con el trato que se merece, pero los primeros pasos se están dando. Esperemos que no sea en falso.

quarta-feira, 22 de julho de 2009

UN DRAGÓN DENTRO DE CASA...



La primera vez que mi madre hace el amago de abrir el frigorífico del campo y ve a este bicho que se mueve a toda velocidad y ágilmente atravesando la diagonal de la puerta, casi le da algo. Nos costó lo suyo convencerla que este fantástico reptil es el mejor antibichos que podía tener la casa. Desde entonces, las salamanquesas aparecen cada verano a visitarnos, y no son una sola.

La salamanquesa común acostumbra a estar en todos lugares habitados por el hombre. De pequeño jugábamos en las noches de otoño a ver quién contaba más salamanquesas bajo los tejados, en Sierra de Fuentes, y recuerdo que contábamos por decenas. Este pequeño gekónido con aspecto de dragon escamado puede encontrarse en los techos de cualquier casa de campo, detrás de un electrodoméstico, una rendija, bajo un cuadro: sus ventosas lo pueden todo. Y eso que nos encontramos con una especie menor de sus primos tropicales...
El. G.P. tuvo que hacer malabarismos para llegar al techo y poder hacer la foto a su pequeño huésped (lástima no tener ventosas como estos reptiles). Lo que sí pudimos observar fue una pequeña protuberancia en la cola, como si fuera bífida.