


Higuera mezclándose entre los escombros. Naturaleza heroica.

Arcos de medio punto. Un resto clásico entre el hormigón y el ladrillo.
Como este fin de semana vino mi amigo Juan, estaba convencido que tendríamos algún safari fotográfico por los alrededores. Y aunque nuestro cometido inicial era un paseo por el cerro de los Romanos, el paso obligado por el poblado minero de Aldea Moret hizo que paráramos el coche en seco (esta vez no tengo a mi compañera bici) y pasáramos allí la tarde investigando las ruinas industriales del poblado minero (o lo que queda de ellas). Un auténtico paraíso y desafío para el fotógrafo novato...
Ir a estos sitios, naturalmente, te permite recuperar la infancia, y disfrutarla de otra forma. El deseo de subir un piso más, picados por la curiosidad, el miedo a dar un paso en falso (haciendo fotos esto es peligroso), el buscar el encuadre perfecto, jugar con la luz, el recuperar un detalle olvidado por el paso de los años, el conservarlo en la memoria digital... Y el sentir pena por la falta de interés en conservar edificios como estos, así, al desnudo, en su estructura básica.
Tienen que pasar muchos años para que la sociedad se mueva para conservar nuestros vestigios mineros, y eso hace, también, que sientas prisa por retener en imágenes un viejo mundo que se desmorona. Nunca se sabe cómo van a quedar las restauraciones -en estos edificios, suelen perder todo su encanto, toda su historia-, o si sencillamente el edificio se sacrifica en nombre del progreso y los planes de urbanismo.

El amigo Juan, entre piedras flotantes y con cámara en mano.

El edificio objeto de nuestro estudio. El uso de ventanas oculta que en su interior queden grandes tolvas. En estas grandes tolvas se almacenaba ácido sulfúrico que permitía tratar la fosforita y prepararla como abono. También se utilizó este sistema, una vez cerrada la mina, para tratar las piritas que provenían de Río Tinto, para separar los distintos metales del mineral: azufre, hierro y cobre. Estos edificios, de la primera mitad del siglo XX, están sometidos a una paulatina y lenta restauración, pero tememos que pierdan su verdadero encanto.