domingo, 22 de agosto de 2010

CABACEIROS EN SARTÉDIGOS

En nuestra huida de los calores cacereños acudimos a las tierras gallegas unos pocos días de agosto. Y nuevamente, los paseos de Juan reportaron unas visitas interesantes por lugares cercanos a mi aldea (para los cacereños, remarcaquemos que "aldea" es el sinónimo de pueblo en Galicia y Portugal, no un grupo de chozas primitivas).  Dejamos aquí constancia de unos hermosos "cabaceiros" en la aldea de Sartédigos. Estas construcciones típicas de Galicia tenían como cometido principal mantener el maíz fuera del alcance de roedores y otros animales indeseables, y su estructura suele ser una espacio rectangular sobre pilares de granito. El abandono del campo ha hecho que muchos hayan dejado de ser utilizados y le dan un carácter decadente que el G.P. adora en la fotografía.


Pequeños detalles de los cabaceiros: el tiempo como gran escultor de la obra humana. Una imagen poética de Marguerite Yourcenar para escenificar el paulatino regreso de la acción del hombre al mundo de la naturaleza. 
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quarta-feira, 4 de agosto de 2010

CUANDO SALÍ DEL HUEVO

El tiempo que tardan en atravesar esta fase larvaria depende de muchos factores: escasez de alimento, temperatura...
En verano, bastan dos meses para terminar el proceso.
El renacuajo en su fase más conocida: desarrollando las dos patas posteriores.

Se reconocen ya rasgos de la futura rana, aunque se mantiene una boca succionadora.
 Las ranas comunes son vegetarianas en su fase larvaria.

Los primeros pasos de la ranita, que mantiene todavía  restos de
la cola de su fase larvaria. 
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Inevitable no hablar de estos simpáticos seres que pueblan los estanques más insospechados en los meses del verano. Los renacuajos o cágados como los llamamos en mi aldea del norte, representan una de las metamorfosis más asombrosas y peculiares del mundo animal que nos brinda nuestro entorno más cercano: el paso de un animal con branquias a otro con respiración pulmonar y anatomía terrestre. Basta acercarnos al parque del Príncipe y observar cientos de ellos de todos los tamaños y variedad. Desafortunadamente, no de todas las especies: solo hemos podido observar los de la especie dominante, la rana común, que tantas fotos lleva acumuladas en el blog.
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El hecho de que esta metamorfosis, en los que literalmente se pasa del pez al animal terrestre, pase cada día más desapercibida representa para el G.P. lo lejano que está nuestra conciencia de las verdaderas preocupaciones ecológicas y el interés por la naturaleza. Y es que la desaparición de una especie de anfibios de una zona puede tener connotaciones mucho más graves a escala ecológica que la prohibición o no de las corridas de toros. Los anfibios llevan representando desde hace tiempo una medida muy útil para evaluar la degradación ambiental. Y es que estos pobres bichos se lo llevan todo: el calentamiento global afecta su ecosistema natural, las zonas húmedas. La mayor presencia de radiacion ultravioleta provoca enfermedades en su delicada piel.  La contaminación de las aguas hace insalubres para algunas especies muchos ecosistemas. Y por último, la presencia de especies invasoras destruyen a los renacuajos que tenemos en las fotos. Unos animalillos, en definitiva, que merecen mucha más atención de la que hasta ahora han tenido. 
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El Parque del Príncipe, lugar donde podemos contemplar paso a paso esta maravilla.

quarta-feira, 28 de julho de 2010

CIGÜEÑAS



Es ya costumbre en verano encontrarnos con bandadas de jóvenes cigüeñas por los alrededores de Cáceres. Se pueden encontrar posadas por decenas sobre grandes encinas o alcornoques, también en descampados abiertos o como en este caso, zonas húmedas. También para ellas la unión crea seguridad. Este año además las numerosas charcas dejadas por un invierno lluvioso les ha permitido un buen regalo de comida fácil. En este caso, la bandada de cigüeñas estaba en los humedales de los Arenales, pescando ranas y renacuajos. Poco pude disfrutar de su contemplación: en cuanto sintieron mi bicicleta acercándose, levantaron el vuelo a decenas. Un espectáculo a pocos kilómetros de la ciudad. Si quieren el consejo del G.P., escuchen cuando hay tan gran número de ellos, el ruido de sus alas al alzar el vuelo.  
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quarta-feira, 21 de julho de 2010

LA PACHORRA DEL GALÁPAGO

Se habrá inspirado Spielberg en los galápagos para crear E.T.?

Ayer había decidido hacer bicicleta a fondo. Nada de continuas paradas para observar bichos, pedruscos o curiosidades varias. Así que orienté la rueda hacia un camino fácil de hacer, las pistas que se abren entre el polígono industrial y las Arenas, y me dediqué como único entretenimiento a la contemplación de un fantástico cielo emborregado. Sin embargo, los dioses no iban a dejar tranquilo mi empeño adelgazante y deportista, y a unos seis kilómetros de marcha, un pequeño regato con abundante y algo maloliente agua (provenientes de las depuradoras del polígono), me obligó a detener la bici. Claro, me dejé llevar por unas super-ranas que saltaban al lado de la rueda, y después ya no pude evitar seguir el rastro del regato un rato. Y así fue como en un pequeño remanso del regato, vi dos grandes figuras ovaladas y rechonchas que se movían bajo la superficie del agua. Son galálapagos!, me dije, y el G.P. agradeció al cielo semejante regalo. Hacía varios años que no me encontraba con estos individuos curiosos, y durante un buen rato estuve contemplando sus simpáticas cabezas levantadas sobre el agua, observándonos los tres en silencio. Quise sacar la maldita cámara para conmerar el evento y naturalmente, los pobres quelónidos (nombre divertido) se asustaron.   

El G.P. siempre ha observado los galápagos en las corrientes pequeñas y más raramente en sitios estancados. Aquí estaba reptando por el fondo con mucha tranquilidad y pachorra. Desgraciadamente no hemos tenido tiempo para distiguir entre el leproso y el europeo.

En esta foto tuve la mala suerte de no reconocer bien la cabeza y no sacarla de forma decente.
El regato donde encontré estos simpáticos amigos. El atardecer caía y yo estaba a tomar por saco de mi casa. Si alguien desea ver galápagos en gran número y en múltiples formas, el G.P. aconseja visitar el arroyo del Guadiloba en primavera o verano, en su paso por la carretera que va del Casar al Almonte.

terça-feira, 20 de julho de 2010

CUANDO SALÍ DEL NIDO (II)

En nuestros paseos por el parque del Príncipe seguimos encontrándonos con esos hijos que les cuesta abandonar la tutela de los padres (debe estar en la naturaleza extremeña este tipo de comportamientos). Aquí tenemos a un joven mirlo que todavía pide a su progenitor un poco de comida.

Otra forma de defensa ante lo desconocido: los recién salidos del nido se juntan en grupos e inician su andadura por el mundo en bandadas. Aquí parece que estos gorriones no las tienen todas consigo para bajar al canal y saciar su sed. 

En muchas ocasiones la propia coloración  y el plumaje de las aves delata su juventud. Aquí vemos un rabilargo cuya coloración en la parte superior de la cabeza todavía no ha alcanzado el tono oscuro de los adultos.

quinta-feira, 15 de julho de 2010

CULEBRAS EN LAS CHARCAS

Al principio, mi intención era acercarme a las Arenas atravesando los llanos que están por detrás del polígono de las Capellanias. Por eso de alegrar la vista con alguna pegmatita vistosa. Pero cuando vas con la bicicleta, tranquilamente y con diversos pensamientos en la cabeza, te puedes detener por cualquier cosa, y en nuestro camino se nos cruzó una pequeña charca para el ganado. Al principio me llamó la atención un afloramiento de pegmatita con turmalina, pero después me dejé llevar por los saltos de las ranas (mi perdición), y por fin unos extraños ruidos entre los juncos me hicieron preguntar qué bicho habría allí. Mi sorpresa fue enorme cuando me encontré a una tranquila culebra de collar (Natrix natrix, aunque al principio estaba confundido con la Natrix maura) deslizándose de los juncos y nadando velozmente por la superficie de la charca. Esto me hizo ver la charca con otros ojos, y en un par de minutos pude distinguir al menos cuatro culebras distintas nadando por la superficie y custodiando las orillas de la charca, en busca de una apetitosa rana (que eran muy abundantes). Estuve al menos media hora contemplando sus idas y venidas, el zigzageo de su natación (la culebra de collar suele nadar siempre en superficie), su búsqueda de alimento e incluso sus encuentros (enroscándose entre ellas, como en época de celo). Todo un espectáculo para el G.P. Lástima que este pobre animal sea uno de los que nos solemos encontrar muertos, descabezados o aplastados, por gente prejuiciosa que los siguen considerando como un enemigo del hombre.   

La culebra de collar atraviesa sigilosamente los juncos en busca de comida. Me quedaba prendado la elegancia de sus movimientos y cómo surcaba el agua sin apenas un ruido.

Una vez en la orilla, me pude acercar a ellas lo más posible y fotografiar su linda cabeza. Este día pude comprobar, efectivamente, el carácter hipnotizador de las culebras. el ojo fijo y sin párpado de la culebra concentraba poderosamente nuestra atención y no podía separar mi vista de ella. Por otra parte, reconocer la pupila de la culebra es tremendamente útil a la hora de distinguir las víboras del resto de las especies, de carácter inocuo...

La charca supone un respiro en medio del secarral de la llanura y los anfibios se amontonan en estos pocos lugares húmedos que todavía se mantienen. Las lluvias de este último invierno han hecho posible, sin embargo, que las charcas de la comarca cuenten este año con más reservas que en otros veranos. Al fondo de la foto, se pueden reconocer las monteras de la explotación de Las Arenas.

terça-feira, 13 de julho de 2010

UN VIEJO OLMO

Tantas veces he paseado por allí con Juan, que la rutina había borrado de mi vista el magnífico olmo que podemos contemplar en el pequeño parque del Perú (iba a ser más grande, pero la codicia por el terreno también lo es). En realidad este ejemplar tiene algo de heroico, es un testigo mudo de todos los cambios que ha operado toda esta parte de la ciudad desde antes de nacer yo. Ese negrillo es el último superviviente de esas largas filas de acacias, algarrobos y olmos que se plantaban en las entradas de las ciudades y a lo largo de las carreteras para dar sombra a arrieros en los meses del estío. Hoy apenas sobreviven algunos ejemplares (aunque en la raya portuguesa sí existen todavía estas magníficas hileras), y enfermedades como la grafiosis hicieron mella en los ejemplares más viejos y hermosos, aunque muchos se han destruido en pueblos o ciudades por un interés urbanístico, con la excusa de que estaban "enfermos".

Pues bien, una mañana estaba yo sentado con el carrito al lado, contemplando el árbol, cuando un señor mayor me pide si podemos compartir el asiento juntos. Las sombras son escasas, el calor sofocante y los bancos disputados. Considero que las personas mayores son como cofres del tesoro por abrir, eso lo saben muy bien los historiadores que luchan por los testimonios orales, y no pasó mucho tiempo cuando empecé a largar preguntas sobre la historia del olmo en cuestión, y cómo era todo este barrio antes de nacer yo. Gracias a su memoria (el señor, a pesar de su edad, tenía muy buena cabeza) empecé a reconstruir mis propios recuerdos, imágenes casi perdidas en la historia de mi infancia, y por fin pude conseguir una imagen borrosa de cómo era aquella carretera en los años jóvenes del olmo, del propio anciano y de mi propia vida. Después, claro, uno sigue hablando: era de Arroyo de la Luz, hablamos de la decadencia de la artesanía del barro, de nuestras familias, de las monedas antiguas, de los juegos de los niños de antes y mil cosas más,  hasta el punto que casi nos da pena despedirnos y seguir nuestro camino. Y cosas que me han ocurrido más veces: después de estar una hora hablando, ni siquiera nos dijimos nuestros nombres.