quarta-feira, 12 de agosto de 2015

TODOS LOS FUEGOS SON UNO


      Este es un pequeño carballo quemado en las afueras de Ourense. Con sus hojas amarronadas por el fuego, la corteza tal vez le haya protegido de la muerte segura. Con mucha suerte retoñará en otoño, pero tardará años en volver a estar en las condiciones previas al incendio, al igual que todo su entorno. Pero este pequeño carballo, resurgido ya de otros incendios anteriores, bien podría ser una encina andaluza o un pino de la sierra de Gata. En el fondo, todos los fuegos que sufrimos son un solo fuego, provocados a la sombra del lado más oscuro de nuestra personalidad. A menudo pensamos que las mentes que maquinan estos incendios lo hacen pensando en intereses económicos basados en un egoísta cálculo de intereses (madera quemada, reutilización de suelos -con la nueva ley de montes-, presión urbanística, pastoreo, narcotráfico, cuadrillas de bomberos despechadas...). Otras veces, es lo contrario: un descuido irracional (quema de rastrojos, fogatas y colillas mal apagadas), pero el GP tiende a pensar que una parte importante de los incendios se provocan bajo presiones mucho más  oscuras de nuestra personalidad. Pirómanos enfermos, gente deseosa de llamar la atención y alcanzar una fama en forma de ceniza, vecinos vengativos o despechados..., lo cierto es que hay demasiadas causas para concluir que los incendios pueden ser evitados con medidas simples. El riesgo siempre estará presente. Por eso no está de más en incidir el gran problema de nuestros montes: su descuido durante todo el año por el despoblamiento rural. Galicia sufre ese mal y es una de las razones principales por las que pequeños incendios se acumulan diariamente en los meses de verano y resultan tan fáciles de propagar. Tiene parte de verdad ese dicho de que los incendios se apagan en invierno.    

sábado, 1 de agosto de 2015

DE VISITA A LAS TINAJAS (MARMITAS DEL RÍO TOZO)

En la fotografia superior, vemos una gran poza sea abre al pie de la foto, produto de la unión de varias marmitas. En el escalón superior, se ven las tinajas, más marmitas incipientemente conectadas entre sí. En la foto lateral, aspecto de la típica erosión torrencial sobre el granito, en varias marmitas en otro punto del río. En la fotografía de abajo, el amigo Natalio. en mono de trabajo,  mostrando con cara sonriente sus "tinajas". 

















  “Estoy seguro que no te arrepentirás”, repetía el amigo Natalio, conforme descendíamos al cauce casi seco del río Tozo. Una fuerte pendiente del terreno dejaba ver de cuando en cuando, entre las encinas, las rocas desnudas del lecho del río. Lo que parecía un riachuelo típico de la penillanura cacereña, como el Tamuja o el Magasca, se iba convirtiendo en algo más espectacular, cuando  grandes bloques de granitos fracturados iban sustituyendo a la pizarra y dejaban asomar formas de mayor empaque sobre el paisaje. Natalio y su familia llamaban al lugar “las tinajas”, un enigmático nombre que dudamos si figura en algún sitio y que resulta casi patrimonio de los pocos cazadores y ganaderos que conocen la zona. Conforme nos acercábamos al sitio íbamos penetrando en el cauce, sorteando tamujares espinosos y saltando sobre grandes granitos fracturados. El amigo Natalio brincaba como un gamo, mientras nos decía que solía ir a pescar a las pozas del río barbos y carpas cuando era pequeño. “Venía de pequeño a pescar y a bichear con mi tío, que era cazador, buscando jabalíes y cosas así”. Y es que Natalio tuvo una infancia distinta para los años noventa, viviendo en una finca relativamente aislada en mitad de una dehesa, en un momento en el que ya era difícil encontrar familias de pastores dedicados en cuerpo y alma al campo y que vivían alejados de los núcleos de población. Normal que alguien así se moviese con tal agilidad y que tuviese la maña que mostraba con el ganado, tumbando ovejas y ordenando cabras en un suspiro.
Poco después, el GP descubrió por qué el lugar era conocido como las tinajas. Un pequeño desnivel del terreno había propiciado sobre el terreno granítico la aparición de una gran poza natural, que en realidad eran tres grandes marmitas que habían quedado unidas por la erosión. Por encima de ellas, se veían las tinajas, unas peculiares marmitas que al contrario de lo habitual mantenían una parte de la pared del granito y tendían a cerrarse por su parte superior. En pleno verano  el río va seco pero el interior de las pozas albergaban agua  con una profundidad de más de metro y medio. Indudablemente, la visita en el invierno debe ser más espectacular, aunque para los amantes de la geología difícilmente se podrán ver las marmitas mejor que en esta época estival. Subiendo algo más el río, nos dábamos cuenta que el tamujar se hacía más espeso –había que tener cuidado con los jabalíes en lugares cerrados, nos decía Natalio- y que el granito era sustituido por la pizarra, mucho más común en los arroyos de la zona. Los bolos de granito eran sustituidos por típicos dientes de perro y estratos de pizarra y grauvaka.  Al tamujar le acompañaban ahora las espadañas y las cañas. Pero, ¿de dónde habrá salido todo este granito? Se preguntaba continuamente el GP y le prometió a Natalio que se lo explicaría todo al día siguiente.
Ya en casa, iniciamos nuestras investigaciones. El GP estaba completamente pez en la zona y tuvo que empezar por un simple mapa para saber dónde estaba. El río Tozo es un afluente del Almonte, al igual que el Magasca y el Tamuja, y comparte con estos ríos sus características más típicas: ríos muy encerrados en su cauce, socavando la penillanura pizarrosa, con caudal muy variable y  sometidos a un fuerte estiaje que hace que durante el verano solo queden grandes charcos en su lecho. En su confluencia con el Almonte, el río forma una posición estratégica que fue ocupada por población humana desde tiempos prerromanos (el poblado de Azuquén). Nosotros visitamos el río cuatro o cinco kilómetros arriba, cuando empieza su encaje en el terreno. Geológicamente, el terreno está predominantemente  ocupado por el alodomo extremeño, como suele ocurrir (pizarras, grauwakas y algún conglomerado) pero presenta la peculiaridad en esta parte de estar atravesado por un gran dique de pórfido granítico, con un espesor de unos doscientos metros. Este dique presenta una orientación parecida a la FAP, y se prolonga unos quince kilómetros en dirección SO-NE, arrancando desde las inmediaciones de Santa Marta de Magasca. Aunque no hemos analizado a nivel macroscópico ninguna pieza del granito, en algún lugar con fracturas frescas observamos que tenían una coloración bastante clara y amarronada por meteorización, con presencia de moscovita y pocos minerales oscuros.
 Y es por esta especial condición del dique granítico, que el río Tozo presenta estas características tan peculiares en su paso por Las Tinajas. El desnivel de terreno y la intensa fracturación del dique ha provocado la creación de estas hermosas marmitas en uno de los puntos del río, la más grande de todas ellas (una marmita de gigante), ocupando una poza de más de seis metros de ancho. Resulta interesante cómo en su escalón superior, varias marmitas (las propias “tinajas”) van comunicándose entre sí y están en proceso de erosión. En realidad el GP no tiene ni idea si estas marmitas se realizaron en momentos de una climatología más húmeda o si el processo continúa hoy en día, pero la roca da muestras de grandes crecidas del agua que inundan todas las marmitas. En conclusión, este es un lugar geológica y paisajísticamente bien interesante, desgraciadamente en fincas privadas en las que el acceso no siempre es tan sencillo como en nuestras visitas más cotidianas. Agradecemos aquí al amigo Natalio por haber hecho de estupendo guía en nuestra visita, y hablaremos todavía de él en las siguientes entradas (la visita no acabó en las tinajas, ni mucho menos).

segunda-feira, 20 de julho de 2015

PARHELIOS AL ATARDECER

      Desde que siendo adolescente el GP descubrió los "mini-arcoiris del sol", no ha dejado de buscarlos en el cielo en los días despejados con cirros. En la familia los llamábamos así para distinguirlos de los otros, los arcoiris de la lluvia, y quedaron grabados en la memoria del GP como casi eternamente presentes al volver de Sierra de Fuentes a Cáceres en los atardeceres del otoño. Sorprendentemente, no todo el mundo ha visto un arcoíris del sol o dicho con más propiedad, un "parhelio", incluso cuando son muy frecuentes. Ayer mismo el GP mostró a su hermana Rosa el primer parhelio de su vida. Cómo es posible que no los veamos y que pasen tan desapercibidos, al igual que mucha gente no reconoce Venus en el firmamento, o otras muchas maravillas de la naturaleza, esconde por detrás la intuición del GP de que pasamos la mitad de nuestra vida mirando a sitios equivocados, o que andamos ciegos con los ojos abiertos (naturalmente, el GP debe admitir a continuación que es un lerdo para las cosas de la vida corriente y que tardó en conducir un coche treinta y cinco años, precisamente por andar buscando parhelios toda su vida).   
       En fin, a lo que vamos. Después de ver muchos de estos pequeños arcoiris, decidimos investigar por el fenómeno. Naturalmente, el parhelio es un efecto óptico similar a los arcoiris, pero bajo otras circunstancias atmosféricas. Los cirros -esas nubes altas con aspecto de filamentos desgarrados, o hilos de humo- albergan diminutas partículas de hielo (hace mucho frío allá arriba), y bajo unas determinadas coordenadas de observación y ángulos hace que el observador del fenónemo sea capaz de ver reflejada la luz blanca o deshecha en distintos colores. Los parhelios que hemos observado siempre han sido relativamente modestos, limitados a una pequeña franja en el cielo de color blanco o como un arcoiris, pero en otras latitudes más septentrionales pueden ser realmente asombrosos, como las sorprendentes fotografías de Mongolia o Siberia.

  Una excelente imagen explicativa del parhelio, y de las ilusiones ópticas de la naturaleza. Al igual que en los arcoiris, la posición del observador es determinante para poder contemplar estos fenómenos. 
 Esta foto no es del GP. Es un impresionante "sun dog" (perros del sol, como llaman los ingleses a los parhelios, tomado en tierras septentrionales). Incluso cuando la foto haya sido alterada para facilitar el contraste de color, la imagen es impactante.

terça-feira, 14 de julho de 2015

PHALLUS RUBICUNDUS EN EL PARQUE DEL PRÍNCIPE

    
Tres ejemplares pasados ya encontrados al caer la tarde.
     Si preguntásemos si es posible en pleno mes de julio encontrar especies nuevas de hongos por Cáceres, la respuesta de los sensatos lectores sería totalmente escéptica. Pero mire usted por donde que nos hemos llevado una buena sorpresa entre los hierbajos del Príncipe. Evidentemente, nada que ver con nuestras setas típicas de otoño: presentamos aquí el Phallus rubicundus, una especie exótica en nuestras latitudes y de origen tropical, pero que en Extremadura va encontrando su lugar en nuestros parques y zonas de cultivo. 
     Nuestro hongo tiene al menos tres cosas que contar. Primero, la forma. Semejante nombre -falo- hace honor a la silueta de este particular hongo, alargado y con un sombrero cónico más oscuro que el resto del cuerpo. Acompañamos después un olorcillo que no es precisamente a rosas pero que es muy del gusto de avispas y moscas -suelen estar revoloteando a su alrededor-.  Y por último, unas circunstancias de aparición que son completamente anormales para los hongos extremeños. El Phallus rubicundus es una especie eminentemente veraniega, amante del calor pero también de la humedad. Por eso no es nada extraño que el lugar donde lo hemos encontrado sea en el césped del parque del Príncipe, a la sombra de los pinos piñoneros y junto al canal que recorre el parque: calor de justicia, pero muchísima humedad durante prácticamente todo el día. Una circunstancias que son del agrado de este hongo para medrar adecuadamente. Además, el GP no ha avistado un ejemplar o dos: raro es el día que no encontramos nuevos ejemplares, que por otra parte suelen durar muy poco tiempo y agotan rapidamente su ciclo reproductivo.  
    
Hasta donde sabe el GP, esta especie había sido catalogada en el Campo Arañuelo y en las vegas de Coria, acompañando los cultivos de tabaco y los jardines generosamente regados durante el verano (de hecho, la hipótesis más probable de este hongo en Extremadura, sea la exportación de tabaco rubio).  No tenemos constancia que haya sido visto en Cáceres hasta ahora, aunque también presentamos aquí alguna duda sobre la especie: los ejemplares típicos llegan a ser de entre 8 y 15 cm de longitud. Los que hemos encontrado aquí son sensiblemente más pequeños, con un máximo de 5 o  6 cm. Quizás alguna variante del hongo o unas condiciones adversas en las que no puede crecer mejor.    
    Con este ya son TRES LOS HONGOS RAROS localizados en el Parque del Príncipe: la Miriostoma coliforme, el Colus hirudinosus y ahora este, el Phallum rubicundus.  Un registro estupendo para un parque urbano y un regalo con lazo para los curiosos del mundo de la naturaleza.  
Césped en el que nos podemos encontrar el phallus rubicundus, prácticamente en el centro del parque. Juan tenía cara de aburrimiento: decididamente, preferia jugar con las pistolas de agua a buscar rarezas frikis micológicas.
           

domingo, 12 de julho de 2015

RUTA GEOLÓGICA EN EL BATOLITO: CAPELLANÍAS-OVNI-ARENALES





     DISTANCIA: 14/15 km.
   Al menos tres horas si queremos parar y buscar un poco algún pedrusco o visitar alguna curiosidad. Presenta relativamente baja dificultad, al tratarse de un recorrido casi llano, aunque no hay que olvidar que con la bicicleta la vuelta a Cáceres siempre pica hacia arriba. Las áreas de los círculos rojos corresponden a zonas geológicas de interés. Los cuadrados azul claro son fuentes tradicionales (son para ver, y no beber). los cuadrados azules oscuros corresponden a restos arqueológicos y arquitectura tradicional. 

    Arrancamos desde la rotonda de entrada a Cáceres, donde empieza la Ronda Norte, y vamos por el camino que se abre a la derecha, una vez hemos tomado la salida que va hacia los Castellanos. Vamos desde allí a la casa de Conejeros, y seguimos el camino que transcurre paralelo a la vía del tren siempre recto y sin desviarnos, hasta que atravesamos todo el área del polígono Capellanías. A continuación el camino agrícola empieza a desviarse hacia la izquierda, hasta que finalmente llegamos a la autovía. Allí tenemos la posibilidad de atravesar un pasadizo donde aparecen nidos de golondrina dáurica. En todo ese entorno nos encontramos pastizales interesantes durante la primavera y completamete arrasados en el verano. En invierno es fácil encontrarnos con muchas aves migratorias (avefrías, chorlitos...) y en las cercanías de las charcas siempre podemos toparnos en verano con anfibios (rana común) y reptiles (culebra de agua Natrix natrix y galápago leproso).
      Siguiendo el camino principal -aunque por aquí también hay atajos-, llegamos a un cruce desde el que podemos divisar ya las explotaciones de las canteras: lugares donde podremos encontrar toda la paragénesis típica del batolito de Cabeza de Araya. Turmalinas, puntas de cuarzo, mica moscovita, feldespatos..., dependiendo del lugar, podremos encontrarnos con filones de cuarzo o de pegmatitas. Es más que posible que junto a estos minerales nos encontremos con algún alacrán al levantar alguna piedra en el área más próxima a la autovía. Allí también podremos disfrutar de la vista de un original bujío en la finca más próxima.
       Al llegar a la propia cantera, tomamos el camino que se abre a la izquierda, bordeando una dehesa donde es fácil encontrar parasoles y boletos en el otoño. Todo recto, y después de atravesar un arroyo de aguas depuradas (donde hay galápagos, amantes de la guarrería) llegamos a terrenos arrasados por explotaciones mineras - Las Arenas-. Aquí hemos encontrado buenos ejemplares de cuarzo, calcedonia, turmalina, feldespato y caolinita. todas estas explotaciones cuentan con charcas que son frecuentadas por aves -ánades, cigueñuelas y cigueña-.
        Finalmente tomamos el camino de vuelta con Cáceres de fondo hacia la izquierda. Y nos falta una última parada obligatoria: una necrópolis  tardorromana tallada sobre bolos de granito y conservada cerca del palacio de los Arenales, al lado de una cochiquera abandonada. La única lástima es tener que hacer la última parte del recorrido por carretera, pero la ruta merece la pena.

Vista de la cantera "El Ovni", donde se explotan granitos claros, y lugar en el que podemos encontrar magníficas puntas de cuarzo con poco que busquemos.

sexta-feira, 10 de julho de 2015

PEGMATITAS JUNTO A LA AUTOVÍA


A la derecha tenemos una pegmatita gráfica, fundamentalmente de feldespato con pequeños cristales de cuarzo y con considerables cristales de moscovita en la parte superior. A la izquierda la pegmatita tiene una pequeña película verdosa que se debe a la transformación de la moscovita en pinita. muchos de los ejemplares han estado sometidos a una fuerte meteorización.
Grandes cristales de turmalina, desplegada en formas de haces o entrecruzada desordenadamente. Los cristales rebasaban los tres y cuatro centímetros de largo y medio centímetro de ancho.Desgraciadamente los granitos que son su base están muy meteorizados y se desmenuzan con mucha facilidad, haciendo frágil la roca.
Las pegmatitas también desarrollan numerosos cristales de moscovita, de forma radial y alternada con el cuarzo: un hallazgo algo menos extendido en esta zona que las turmalinas o los grandes cristales feldespáticos. 

   Ayer regresamos a la cantera del "Ovni" -fantástico nombre aunque desconozco la razón para  darlo a esta cantera-, y sobre todo a sus inmediaciones. Cerca de la cantera, y casi junto a la autovía, habíamos visto manchas blancas desde el google-map, y decidimos acercarnos a ellas, sin saber muy bien qué podíamos encontrar (ya nos ha pasado más de una vez no encontrarnos nada). El lugar era una típica explotación de arenas, con el suelo fértil arrasado, escasos arbustos y algunas charcas en sus zonas bajas. Pero nada más bajarse el GP de la bicicleta, empezamos a ver sorpresas agradables. Un  buen filón de pegmatitas había sido removido en la zona, y podía verse por unos sitios  y por otros sus minerales típicos: grandes cristales de feldespato y de ortosa, y mucha mica moscovita. Un pequeño paseo de reconocimiento por la zona nos permitió avistar otro lugar donde eran las turmalinas las dominantes en las pegmatitas, con cristales como pocas veces hemos visto por todo el batolito. Así que nos encontramos con las típicas mineralizaciones de un entorno pegmatítico: turmalina, feldespatos,  micas y algunos minerales secundarios como la pinita. Lo que sí echamos más de menos fue el filón de cuarzo que aparece en la propia cantera, con esas cristalizaciones tan interesantes de las que hemos hablado alguna que otra vez. 
      En fin, una visita altamente recomendable, y todavía más sugerente por otros hallazgos del entorno, como el doble bujío que aparece en las cercanías, muy llamativo cuando hablamos de la arquitectura tradicional a la que no le gusta la innovación (algo que nunca el GP había visto antes). También puede ser interesante la visita a las charcas del lugar para el avistamiento de aves (anades, cigueñas y cigueñuelas y otros simpáticos bichos).


Fabuloso doble bujío poco antes de llegar a las explotaciones de arena.

sábado, 4 de julho de 2015

CONJUNCIÓN PLANETARIA...

 Venus, a la izquierda y Júpiter  a la derecha, desde Sierra de Fuentes. Toda una ilusión óptica de proximidad planetaria, muy lejos de la realidad de estos planetas.

      Después de este parón primaveral, el Granito Parlanchín vuelve a la web... Hay muchas razones de este parón: mucho trabajo -época de exámenes-, pruebas de inglés, otros proyectos en la mente calenturienta del GP, y también, hay que reconocerlo, poco de lo que hablar. La razón es relativamente sencilla: la primavera que hemos dejado atrás ha sido muy parca en lluvias, bastante localizadas e irregulares, y los mosaicos de color en nuestras dehesas en otros años han estado casi desaparecidas y se han reducido a pocas semanas. Así que hablaremos hoy de cosas que están libres de los caprichos del clima mediterráneo, más alocado que nunca por el progresivo cambio de clima.
       Una cosa que depende poco de nuestra acción humana lo constituye la astronomia. Y hasta el más ignorante en estas cuestiones habrá visto en las últimas semanas una conjunción astronómica llamativa en los cielos veraniegos. Nuestros queridos planetas, Venus y Júpiter se han abrazado en el cielo como nunca lo habíamos visto antes. Cuando la luna en su cuarto creciente se unió al baile planetario la conjunción se hizo ya casi perfecta. Este llamativo baile planetario no sempre ha sido visto com buenos ojos. Los astrólogos antiguos entendían que estos eventos eran la premonición de acontecimientos catastróficos para los hombres, y más de un astrónomo perdió la cabeza por haber predicho estos acontecimientos. Todavía en el siglo XXI es fácil encontrar predicciones catastrofistas para estos acontecimientos: tsunamis, terremotos, hambrunas... Aquí por ahora, lo que nos toca sufrir es otra nueva ola de calor en ciernes. Y no busquen la causa en los lejanos y maravillosos planetas, sino en nuestro propio clima o en nosotros mismos.