sábado, 12 de novembro de 2016

BOLETUS IMPOLITUS EN LA SIERRA DE AGUAS VIVAS

Boletus impolitus de este otoño. Color limón fuerte y cierta tendencia al enrojecimiento si cortamos el sombrero.
Boletus del 2013, en el mismo sitio.
    El GP frecuenta todos los años un lugar concreto de la cañada del Casar, una hermosa encina rodeada de abundante matorral, que saca a la luz un otoño tras otro a un viejo conocido del mundo de los hongos. Un hermoso y robusto boleto, de sombrero blanquecino y toques anaranjados, y tubos amarillo limón, hace aquí cada año su abundante y periódica aparición, entre la hojarasca y la maleza. Y lo hace además con cierta abundancia: a mediados del mes de octubre, y después de una semana de lluvia, cuando apenas había unos pocos champiñones y lepiotas en los campos, nos encontrábamos ya con casi una decena de boletos saliendo en este limitado entorno. 
   Habitualmente el GP no habla mucho de los boletos, porque nos parecen un complicado mundo dentro de las setas, llenas de más matices que las típicas setas de láminas. El boletus impolitus destaca por el llamativo color limón de sus tubos, y el pálido color de la cutícula de su sombrero. Dicen los entendidos que huele ligeramente a yodo, pero el olfato del GP no es bueno (además que no sabemos cómo huele el yodo). 
  Con datos así podemos confundirnos con algunas otras especies como el Boletus fragans. Pero después de mucho consultar, y distinguir fragantes e impolutos, podemos más o menos aseverar con cierta confianza que se trata de este último. Entre las cosas que nos permiten distinguir uno y otro, el Boletus fragans suele azulear en el corte del sombrero, mientras que nuestro boleto tiende más bien a enrojecer. 
 Según la sociedad micológica extremeña, este boleto no es demasiado abundante, aunque sí puede serlo de forma local, como ocurre en este lugar. Lo cierto es que salimos de un radio de pocos metros, y perdemos la pista de este boleto, en un lugar que por otro lado es bastante abundante en setas. 


Corte del sombrero en el que se observa su carne blanquecina y su débil tendencia
a enrojecer. Nada que ver con el fragrans.


Pie del boleto.
Amanitas acompañando al boleto.

sexta-feira, 4 de novembro de 2016

GRULLAS EN EL CIELO Y SETAS EN LA TIERRA, ¿QUIÉN DIJO MUERTE EN OTOÑO?.

Halloween griego: Reecuentro de Perséfone
 y de Démeter por Leighton
   No hay mejor cosa que el otoño húmedo y templado. Para ser húmedo aún le falta lluvia. Templado, casi caliente, lo está siendo y mucho. Y mientras el paisaje se despereza y renueva, como cada año, resurgiendo de la tierra calcinada durante tres meses. Esto es una reflexión anual que el GP lanza inevitablemente cada mes de octubre y que ya puede ser cansina. Pero hoy nos hemos levantado más antropólogos que de costumbre.
   Pasado ya la fiesta de los santos, y el despliegue mediático de Halloween, resulta curioso cómo nuestra cultura pasa por encima esta auténtica resurrección. Desde los lejanos tiempos de Homero y Hesíodo hasta la festividad de los Santos y Halloween, el otoño está etiquetado con la muerte y lleno de rituales vinculados con el culto a los muertos.  Antes el hombre y nuestra cultura vinculaba la muerte al frío invierno, sometido al calendario agrícola. Como todo el mundo conoce la historia de Halloween y los huesos de santos, me remontó al comienzo de nuestra cultura, con los griegos. Basta con recordar cómo nos lo cuenta la mitología: al principio de los tiempos, disfrutábamos de un clima tropical todo el año (esto del clima tropical es añadido del GP); la diosa Démeter vive feliz con su hija y con ella la naturaleza se regocija. Pero las malas artes de Hades -dios de los infiernos- hacen que Perséfone sea raptada y obligada a vivir con él como reina de los infiernos. Su madre cae en la tristeza más absoluta, y con ella toda la naturaleza. Los hombres y los animales mueren de hambre y piden a los dioses que acaben con el invierno. La mediación de Zeus, ni más ni menos, obliga a Hades a devolver a Perséfone, pero no sin que antes esta pobre diosa hubiese probado frutos del reino de los muertos. Con esta treta, Hades se aseguraba su regreso cada cierto tiempo.  Cuando Perséfone se ve obligada a retornar con su esposo, Hades, al mundo subterráneo, cada mitad de año, entonces la naturaleza se acongoja y todo se vuelve gris y pierde vida. La vuelta de Perséfone a la superficie es el regreso de la primavera. Más antiguos todavía son los cultos al árbol, el muérdago y otras maravillas, pero que tienen la misma base antropológica. Y así se explica el ciclo agrícola en el clima europeo, que por supuesto no es tropical, al menos en los últimos veinte mil años y que ha marcado las vidas de cientos de generaciones anteriores a la nuestra. 
Setas tempranas: Macrolepiota phaeodisca en las dehesas. 
Sorpresa otoñal: grullas sobrevolando las Capellanías. No hace falta
irse lejos para verlas volar. 

   Pero la nuestra es distinta. Y ya no porque usemos Internet y una realidad virtual (también), sino directamente porque hemos dejado de vivir rodeados de un entorno natural. Pensemos que esto no ha ocurrido hace tanto (cincuenta años en nuestro país) y que eso, en tiempos de los antropólogos, es una risa. Hemos participado de una cosmovisión casi medieval (por recordar al historiador Le Goff) hasta hace relativamente poco. Dudo mucho que alguien comparta esta visión cuando salimos al campo en esta época y vemos signos de lo contrario. Hoy en día el hombre sometido al ciclo agrícola es un residuo de nuestra sociedad. En su lugar, el hombre enamorado del campo -pero totalmente urbano, que entiende el campo como ocio, esparcimiento, meditación o belleza-  ve el otoño mediterráneo como la superación del estío, la auténtica estación muerta de nuestras latitudes. 

La dehesa recuperando el color verde en los suelos más ricos y abonados...
   El invierno en nuestro entorno está tan desfigurado que casi no existe. Y no es tanto por el cambio climático como por el hecho que el antiguo hombre de campo veía el frío invernal como un reto a superar, cuando estaba obligado a pasar buena parte del día en la intemperie, vivíamos en casas escasamente acondicionadas, donde solo un brasero daba refugio al cuerpo frente al frío exterior y la luz desaparecía al caer la tarde. Pero esa imagen ya ha pasado casi a la historia. 
Arco iris en la Ronda Norte. 
     El hombre urbano ve y vive ese entorno natural cómodamente instalado desde su mundo artificial que le libra de toda inclemencia. Y entonces como decimos, vemos la naturaleza con otros ojos. Y es que no hay cosa que más alegría dé al GP que ver de nuevo el verde en nuestras dehesas, extendiéndose poco a poco, de forma imperceptible. Una mera salida te permite ver animales que estaban ocultos, desaparecidos
Las siluetas de grullas en el cielo. Muy presentes
en las dehesas de casi cualquier parte de la región.
durante el verano o resguardados en unos pocos lugares húmedos o en las horas de oscuridad. Muchos pasan buena parte del verano durmiendo o incluso en un estado de hibernación, como algunos anfibios. 
Vemos una culebra encaramada a una retama, antes de ocultarse por el miedo a vernos. Nos olvidamos de nuestros refugiados de invierno que vienen a Extremadura precisamente por la comida abundante de esta época. Bandadas enteras de avefrías levantan el vuelo en los campos en cuanto sienten nuestra bicicleta. Grullas sobrevolando en lo alto el cielo de la sierra de Aguas vivas y los llanos de las Capellanías. Y por supuesto, algunas setas, a falta de demasiadas flores. Esas son cosas que se pueden disfrutar a partir de octubre, y no antes. 
     Quizás hará falta una vuelta de tuerca más en nuestro entorno para que nuestra cultura transforme esta mentalidad de la muerte invernal (¿el cambio climático tal vez?) para darnos cuenta que el gran enemigo no lo tenemos en el frío, sino en el calor del verano. 

sábado, 29 de outubro de 2016

POLÍPOROS GIGANTES EN EL PARQUE DEL PRÍNCIPE

Un enorme políporo se desarrolla en un tronco de chopo o sauce cortado el año pasado. En realidad, el enorme tamaño de estos ejemplares se deben a que estos magníficos hongos están proliferando desde el pasado verano sin ser molestados, y son de los pocos hongos que podemos ver durante los meses cálidos.

 Nuestros hongos del parque del Príncipe ya dan señales de vida. Aprovechamos un claro de sol el sábado pasado, Juan se puso sus botas de agua y salimos al parque para comprobarlos. Uno de ellos es ya un clásico y vamos a visitarlo cada mes de octubre para corroborar que sigue presentándose aquí: se trata del Myriostoma coliforme. Investigando en la sociedad micológica de Extremadura, se informa que este hongo está presente en distintos parques de Cáceres y que tiene una distribución abundante en nuestra zona. Una excepción, puesto que está considerado en peligro de extinción en muchos lugares, como ya hemos comentado en alguna ocasión. 
  El otro hongo que ya llevamos observando desde el verano son ejemplares de políporos (Ganoderma applanatum) que han crecido en las bases de los árboles cortados recientemente (chopos y sauces) y que llevan proliferando desde el verano pasado. 
Juan sentado en uno de los troncos serrados, junto al hongo. 
Al tratarse de especies potencialmente parásitas no son recomendables para árboles delicados, por lo que los jardineros no suelen mostrar remordimientos en destruirlas. Quizás el no haberlos destruido al tratarse de árboles cortados, ha permitido que alcancen unos tamaños bastante considerables, de más de treinta centímetros de radio.  De todos modos, podemos encontrarlos en muchos troncos del parque, vivos y muertos, aunque sin alcanzar estos tamaños... 
Juan sosteniendo un Myriostoma. Dada la escasez de la especie, es
aconsejable siempre dejarlos donde están, para que liberen sus esporas. 
Por lo demás el parque ya muestra algunas de las demás setas típicas de temporada, como los champiñones amarillentos, formando corros de brujas en las zonas de césped, o las típicas rúsulas comunes en la zona de coníferas. Retrasadas por lluvias otoñales tardías, ya veremos cómo se desarrolla la temporada. Por lo demás, en las dehesas, todavía se harán esperar algo más...


Myriostoma creciendo entre el humus de las píceas.
La primera foto de ranas de Juan, ese mismo día. 

quinta-feira, 27 de outubro de 2016

HELECHOS EN LA CARRETERA AL PANTANO DE VALDESALOR

Helechos entre las zarzas. La humedad y la umbría ayuda a estos helechos
a sobrevivir por estos parajes. 
Detalle de las frondes, apreciadas desde siempre para determinadas
actividades del campo: abono, cama de ganado, fruta...
   Nadie perdería una sola línea en el norte de España escribiendo sobre este precioso y popular helecho, el Pteridium aquilinum. El GP pasó muchos veranos de su infancia acarreando fentos  del bosque a los campos de patatas, para servir de abono. En las sierras del norte de Cáceres, el helecho era muy usado como lecho del ganado, y después, con las boñigas de las vacas, era reutilizado también como abono. Incluso los helechos se utilizaban para recoger la fruta y que no se mazase. Auténtica maleza en buena parte del norte de España, pasa desapercibido en esos paisajes. En cambio, los helechos constituyen una rarísima aparición en la llanura cacereña. En contados lugares podremos encontrarnos con estos helechos. 
Acueducto que rodea la zona de regadío, junto a la carretera. Originariamente
destinado para tabaco y maíz, el regadío se mantiene hoy para explotaciones
ganaderas. 
Como auténtico helechal, tan solo lo hemos visto en los Barruecos de arriba, cuando bajo la presa, y aprovechando la angosta garganta granítica que atraviesa el arroyo Tocón, los helechos prosperan al amparo 
de la humedad de la zona. 
Pizarras mosqueadas en la zona del embalse. Cuanto más hacia Torreorgaz,
más pizarras se observan de este tipo, producto de la aureola de contacto
con el batolito granítico.
También los hemos visto ocasionalmente y de forma esporádica en algunas trincheras del tren, también sobre terreno granítico. Y por último, nuestro último avistamiento ha sido en una excursion con la bicicleta hasta el pantano de Valdesalor. La carretera que atraviesa toda esta zona de regadío zigzagea interminablemente, y aparece rodeada de una vegetación atípicamente umbría provocada precisamente por el regadío. Chopos, olmos, higueras, zarzales rodean los dos lados del camino, acompañando los canales de riego. Solo por esa razón nos encontramos, junto al acueducto de la fotografía, un grupito de
Estado del agua del embalse, en avanzadas condiciones
de eutrofización, por el final del verano.
fabulosos helechos, bien rodeados de zarzales, y que han conseguido sortear el verano y mostrarse ahora en su plenitud. Aunque el helecho no es raro en el clima y bosque mediterráneo si tienen la humedad necesaria -las sierras de Cañaveral tienen buenos helechares, por ejemplo- esto es algo raro para la zona, y que tiene que ver más con el impacto involuntario del hombre que con la propia naturaleza. En cualquier caso, disfrutemos de los fentos

sexta-feira, 21 de outubro de 2016

EL TRASQUILÓN REVISITADO

El aspecto actual del caserón del siglo XVII. 
Los gansos siguen a sus anchas por la laguna del Trasquilón. 
Todo fluye, nos dice Heráclito. Todo cambia, nada permanece. Y esa es la verdad hasta para la llanura cacereña, donde parece que el tiempo pasa de manera más lenta que en otros lugares. Hacía cinco años que no pasábamos en bicicleta por el Trasquilón, más allá de verlo alejado desde la autovía. Este palacete, que hacía cinco años amenazaba ruina, con ventanas tapiadas y muros sucios, se ha convertido ahora en un lugar de eventos, restaurado y cuidado. 
En el final del verano podemos ver garcetas y cigueñuelas por
todos los alrededores, acompañando a los gansos...
   Si antes veíamos las ovejas correr a sus anchas hasta casi dentro del palacete, ahora una verja bien cuidada con indicaciones de perros feroces sueltos limita las intenciones de los curiosos en todas las inmediaciones de la casa. En fin, que los tiempos adelantan que es una barbaridad, y esto no lo decía Heráclito, sino don Hilario en la Verbena de la paloma. Y si con esto conseguimos preservar nuestro patrimonio, pues bienvenido sea...
Detalle barroco del palacete, con almohadillado
y geometrías rodeando el escudo nobiliar.
  Por los alrededores podemos seguir viendo algunas cosas interesantes. Por ejemplo, las aves que frecuentan la laguna de los alrededores del palacete. Garcetas, bueyeras, cigüeñuelas, y los gansos de la granja se dejan ver con facilidad, aunque como la zona está al raso, los pájaros nos ven a mucha distancia y no tardan en huir. Pero en torno a la cuestión geológica, que es la que nos trae por aquí, apenas queda algún lugar donde buscar. Los pedregales que rodean la laguna pueden dar alguna sorpresa. Podremos encontrarnos algún buen cuarzo o algún llamativo chert de colores anaranjados, pero no mucho más. La presencia de ganado tampoco facilita mucho las cosas. Como mucho, algunas turquesas pueden verse reutilizadas en los muros de los alrededores, junto a rocas del entorno -granitos, cuarcitas, pizarras mosqueadas, calizas...-. Algunas escombreras de granito aparecen por detrás del palacio, pero no son visitables. Habría que ir a las fincas de los alrededores para encontrar algo más relevante. 


www.tuaregeventos.com
http://www.mtiblog.com/2011/11/mina-la-union-1955-el-trasquilon.html
Llama la atención lo primitivo de las instalaciones...





Como decíamos previamente, todo cambia, nada permanece. Incluso para la llanura cacereña. De una mina de los años cincuenta (en la que ocasionalmente trabajaba el abuelo del GP gestionando las máquinas), a un lugar de eventos en la actualidad. Las fotos, menos la de la casiterita, no son del GP. 


domingo, 16 de outubro de 2016

HEROICAS QUITAMERIENDAS

Vertiginosa floración de las quitameriendas con apenas un día de lluvia.


   Después de este parón post-estival, (hay cosas que contar, pero el periodo post-vacacional no ayuda) volvemos con las primeras manifestaciones del otoño, un otoño que está llegando algo tarde en nuestro entorno y que se deja sentir sobre todo en las plantas herbáceas que a estas alturas del año deberían estar repoblando nuestros campos secos. 
  La quitameriendas (Merendera pirenaica) suele ser la flor más madrugadora del otoño. Nosotros la hemos visto en Piornal a mediados de agosto en los pastizales de la sierra de Tormantos. Sin embargo, aquí en la llanura cacereña y este año, con la falta de lluvias, les ha costado arrancar más de lo que acostumbran. Aún así, nos hemos encontrado heroicos ejemplares en mitad de yermo, antes de las primeras lluvias de octubre. 
Se puede observar en estas fotos el estado de extrema sequedad del suelo,
después de tres meses con solo dos días de lluvia.
Resulta casi imposible comprender cómo estas bulbáceas son capaces de romper este terreno tan seco y duro y sacar a la luz sus delicadas flores prácticamente de la nada. 
El secreto, como en otras plantas del estilo, consiste en la suerte que hayan tenido para almacenar reservas en su pequeño bulbo. Las flores aparecieron en el cañada del ferial, camino del puerto de las Camellas, en un entorno pizarroso y arrasado. Un sitio más seco que este, es difícil de encontrar en Cáceres, y sin embargo aquí se dan como hongos...  

La cañada hacia las Camellas. En mitad del camino, ahí
tenemos las quitameriendas...

Salvada por la campana... esta pequeña rana ha superado la sequía estival por
los pelos, justo cuando su charca benefactora se había secado del todo.

sexta-feira, 30 de setembro de 2016

ANT S.A., SERVICIOS DE LIMPIEZA...

El dedo del GP tocando la escolopendra... No hacer salvo cuando sabemos
que el pobre bicho está ahogado...


En esta ocasión, hormigas rojas han devorado desde dentro las entrañas
de un gallipato muerto al secarse el estanque en el que pasaba el verano.
Las hormigas salen por los orificios nasales o los ojos del anfibio difunto...
(foto de Carlos Quercus Ciconio)
   No hay quien pueda con las hormigas. Persistentes a cualquier percance, resistentes hasta la última de la colonia. Se lo llevan todo lo que encuentran a su paso: todo sea por alimentar a la reina. En este caso, el banquete ha venido de la mano de una escolopendra muerta en el fondo de la piscina. Al sacarla del fondo estuvimos enredando con ella. Si no fuese así, podemos estar seguros que el GP no andaría enredando con el dedo con semejante bicho. Fue dejar a la ahogada escolopendra un par de minutos en las baldosas de la piscina, y llegar el servicio de limpieza de la mano de las hormigas carroñeras. En poco tiempo, cada hormiguilla agarró una pata del ciempiés y con paso lento pero bien seguro, se la llevaron a la boca de su hormiguero. Allí les costó algo más hacerse con la preciada presa (el suelo era más rugoso), pero nada las para. Así que en poco tiempo, la "basura" fue recogida por nuestras diligentes y en muchas ocasiones molestas vecinas de piscina... Resulta llamativa la capacidad de las hormigas de comer literalmente cualquier cosa, hasta de una escolopendra, que en condiciones normales se merendaría unas cuantas hormigas sin remordimiento alguno. 
Las escolopendras no son las únicas víctimas en manos de las hormigas carroñeras. Ocasionalmente el estanque de Sierra de Fuentes tiene víctimas estivales entre los anfibios, gallipatos, sapos de espuelas o ranas comunes, cuando este se seca en agosto. Si las hormigas consiguen llegar al lugar donde inútilmente el anfibio intentó esconderse del calor, en poco tiempo dejan el cadáver seco por dentro. El GP se ha encontrado auténticos hormigueros habitados en el interior de los gallipatos. Algo único...