terça-feira, 27 de agosto de 2013

FUENTES PIORNALEGAS



Peña negra: un lugar frecuentado por las víboras, según los lugareños. Pero nada parece inquietar al tío Crispín. Un buen calzado, una vara y sentido común son las mejores herramientas para la gente que tira al monte... 
Como cada verano, el G.P. ha pasado algunos días en su pueblo de adopción, Piornal, y con el paso de los años va cogiendo confianza para hablar un poquito del mismo y ponerlo a escurrir. Porque evidentemente Piornal es un pueblo del que se pueden extraer virtudes, pero también muchos defectos (a pesar de lo que nos digan los orgullosos piornalegos). Y sin duda alguna, uno de esos defectos -quizás el primero que salta a la vista para el visitante- es el carácter poco atractivo o físicamente feo del pueblo. Subiendo de hermosas poblaciones tanto del Jerte como de la Vera, siempre uno se espera algo más de lo que nos ofrece Piornal. Como en otros muchos casos en todo el país, la arquitectura tradicional de Piornal está desvirtuada o destruida, no ha habido urbanismo alguno y la anarquía constructiva ha sido  generalizada en décadas. Es fácil encontrarse una casa serrana en piedra junto a construcciones en ladrillo desnudo o uralita, y eso que el trazado laberíntico del pueblo es muy atractivo para preservar algunos rincones más rústicos.  Parece que esto no ha importado mucho a los del Piornal hasta ahora (mientras no se les toque las cerezas o las castañas, ellos duermen tranquilos), aunque ciertamente hay señales de cambio, como el ambicioso proyecto del ayuntamiento con la Universidad de Sevilla para decorar todas las paredes de uralita del pueblo.
A pesar de todo lo dicho, quedan restos dignos de mención. Uno de ellos de cierta importancia para el G.P. es la edificación de fuentes por toda la zona. Como buen pueblo serrano, el agua ocupa un lugar importante en su propia configuración como pueblo, marcando incluso a veces el trazado de las calles. Los manantiales son abundantes tanto dentro como fuera del núcleo urbano y se han mantenido muchos de ellos hasta nuestros días. Son en general construcciones en granito, que varían dependiendo de su uso. La cronología oscila de una a otra, aunque no es demasiado antigua: el pilón de la iglesia fue construido en 1908, la bola del ayuntamiento es de 1954, la fuente grande y el pocillo son de principios de los sesenta. 
Sin embargo, tenemos que salir del pueblo para contemplar las fuentes más hermosas de Piornal. Como todos los veranos, hicimos una salida con nuestro cicerone particular, el tío Crispín -maestro en hongos, cerezos y paisajes varios del Piornal-, que nos condujo al pico del Espolón y nos permitió observar algunas de las fuentes más interesantes de la zona.   
La mayor parte de estos manantiales están ubicadas en la sierra de Tormantos, y cumplían las funciones de abrevadero de ganado. El momento de su edificación corresponde a las décadas de los cincuenta y sesenta (excepto la Matafrailes, de 1930), y coincide plenamente tanto con el pico demográfico del pueblo en toda su historia (unos 2400 habitantes), como también el momento de la máxima explotación ganadera de la sierra (la cabaña caprina alcanza 4700 cabezas en los años 50). Así, la fuente del Mojón blanco es de 1954, la de Peña Negra o la de Oliva Martín son también de los mismos años. La estructura se repite en todas ellas. Consiste en una alineación de pilones de granito construidos sobre una pendiente descendente, de tal forma que el agua del manantial va pasando de una pila a otra manteniéndolas siempre llenas. En tiempos más recientes se añadieron a las pilas originales bañeras, más amplias y baratas (y por supuesto también más feas). Aunque algunas de ellas son todavía utilizadas por el ganado, el estado de conservación de las mismas es mediocre y solo podemos acceder a ellas por el conocimiento que tienen de las mismas los lugareños (en este caso, el tío Crispín). La fuente del Mojón blanco estaba prácticamente cubierta por la hierba hace un par de años; la del Espolón incluso ha sufrido rapiña y una de las pilas centrales está desaparecida. Hay que añadir que cuanto más descuidadas están las fuentes más peligrosas se vuelven en su visita. Según los piornalegos son lugares típicos para las víboras hocicudas, y los casos de animales mordidos (perros y vacas) son relativamente frecuentes. Conviene por tanto vestir calzado fuerte y pantalones largos para evitar encuentros desagradables, y sobre todo, mirar dónde ponemos los pies: las víboras no atacarán a no ser que sean molestadas o pisadas.   

El espolón: el estado de dejadez es tal que falta una pila y el agua no fluye de un pilón a otro. El tío Crispi se las apañó para que fueran manando de una a otra. En principio el terreno está gestionado por una junta de accionistas del pueblo de Piornal, que compraron los terrenos con la desamortización civil del siglo XIX. Sin embargo, la falta de rendimientos económicos y el decaimiento de la actividad ganadera provoca el abandono de estos recursos naturales. 

sábado, 24 de agosto de 2013

EUTROFIZACIÓN EN EL TAJO Y EL FUTURO DE LOS OCÉANOS

    
        Me imagino que será raro el cacereño que no ha visto alguna vez la superficie del inmenso embalse de Alcántara cubierto de algas verdes y rojas, dando al agua un color desagradable para nuestros sentidos y no se haya preguntado si este agua era con la que realmente se ha abastecido Cáceres más de un año o dos. No cabe duda que esta es una imagen habitual para aquellos viajeros que atraviesan el embalse por la autovía o mejor aún, por las carreteras secundarias durante los meses del estío. Un color verde oscilante entre el oscuro y el verde hierba, brillante, que no permite ver absolutamente nada por debajo y que da cualquier sensación menos la de saludable o limpia. Esta era una de las primeras cosas que desde pequeño el GP aprendió de ecología: el proceso de eutrofización.Un proceso por el cual el agua, estancada o con muy poca corriente -lo típico de embalses y pantanos- muy rica en nutrientes minerales, acaba provocando una expansión desaforada de algas que provoca entre otras cosas una pérdida de oxígeno en el agua y falta de luz en el fondo fluvial. Este proceso se acentúa más en los meses de mayores temperaturas y hace que veamos imágenes como las que observamos en una de las colas del embalse de Alcántara,en la  rivera de Araya. No hace falta imaginar mucho para pensar en las consecuencias graves sobre toda la cadena trófica y el demoledor desequilibrio sobre las poblaciones acuáticas. Por qué sobre el Tajo? La razón es clara: siete millones de personas contaminando río arriba, con todos sus desechos industriales hacen que el agua a su paso por Toledo ya sea de calidad miserable. Si le añadimos las presas que jalonan el paso del Tajo por nuestra provincia y nuestro verano riguroso, tenemos la tormenta perfecta para este fenómeno. 
        Ya hay científicos -en Investigación y Ciencia, en junio de este año- que sostienen que en el futuro los océanos serán como el Tajo en el verano, como lo fueron ya en el paleozoico. La razón, igual de simple: la combinación de calentamiento global y contaminación creciente de todos los mares. Una perspectiva poco agradable para las próximas décadas, puesto que un océano excesivamente fertilizado y abundante en placton no casa bien para la actual biodiversidad marina...  
 
Una imagen extraña desde el lado opuesto del embalse: los arcos de Alconétar vuelven a tener agua. Y esto desde marzo. Pero el agua sigue teniendo las mismas características nocivas: el verde del Tajo permanece.
 Los tamujares llegan a ser invadidos por las aguas y las vacas abandonan sus habituales lugares de reposo con un Tajo tan crecido.

segunda-feira, 22 de julho de 2013

DE VISITA A... EL ARCO Y EL SILLETA

Olmo seco en la antigua plaza de la aldea.
La grafiosis no perdonó a este gigante hace pocos años.

Caminos de tapias en pizarra.
Gran pilón en granito en un manantial al pie de la sierra.
Conglomerados comprimidos y sometidos a presión metamórfica.
Cuarcita armoricana en la cumbre de la sierra.
bloque de cuarcita en el silleta.


Bloques de conglomerados en las laderas.
Pinos de repoblación
El embalse del Tajo al fondo.

Artículo perdido por la ineptitud del GP.




































































































































































segunda-feira, 8 de julho de 2013

SOBRE ALACRANES Y DIABASAS EN "LA ALBERQUILLA"

 Aquí tenemos un señor alacrán manduncándose la cabeza de una pobre hormiga. Y eso que el alacrán no debe estar en su mejor día: le falta una de las pinzas. 
Otro señor alacrán despertado de su siesta, con evidente mal humor y mostrando su aguijón al público distinguido. Y el GP que iba buscando ranas y tritones... Quién iba a pensar que a estos alacranes les gustase tanto el fresquito.
Otro animalito más frecuente en este paisaje húmedo: un gallipato aprovechaba la oscuridad de las piedras para pasar el tórrido día.
      Cáceres puede ser un lugar bastante atractivo para un alacrán. Y sin embargo, es una especie bastante selectiva en lo que a sus hábitats se refieren. Resultan algo raros de encontrar en la sierra de la mosca, poco arenosa y demasiado arcillosa y pedregosa para construir sus madrigueras bajo las piedras. Veinte años removiendo piedras en las cercanías de Sierra de Fuentes y apenas nos encontramos con cuatro o cinco ejemplares en todo ese tiempo. Los alacranes sin embargo se extienden más en la penillanura, y especialmente en las zonas de suelo más suelto y fácil de mover. Así que cuando estuvimos visitando el valle de los Hornos, granítico y con partes extremadamente arenosas, no nos sorprendió tanto encontrarnos con un par de alacranes nada más levantar un par de pedruscos. Lo llamativo del caso era la gran humedad de la zona donde los encontramos.
La primera reacción del alacrán fue hacerse "el muerto".
      A un kilómetro y medio de los Hornos en dirección Cáceres, nos topamos con una especie de "mancha húmeda" en mitad del estiaje enclavada en lo que se conoce como "La alberquilla". Bajo la presa de una charca para el ganado se mantenían algunos pastos, florecían compuestas fuera de temporada y los asfódelos eran abundantes. Fue el único lugar verde que encontramos en toda la dehesa del valle, aprovechando la humedad de una charca, y tal vez un emplazamiento geológico particular de diabasas (la primera vez que las veo en el sinclinal) y filones de cuarzo cuarteando la zona, que permitía retener la humedad más que el resto del terreno. Fue cuando empezamos ingenuamente a buscar piedras y aprovechar para intentar ver algún anfibio, alguna ranita meridional, algún sapo y cosas así. El primer pedrusco que levantamos nos dio como premio un gallipato, típico de la zona. Las siguientes nos dieron la "sorpresa" de los alacranes. Para alguien que no está acostumbrado a verlos en los alrededores asusta un poco (sobre todo cuando apuntan el aguijón hacia el cielo), pero con las debidas precauciones y un buen palo, se hacen inofensivos (más bien, los que molestamos somos nosotros, al despertarles de su descanso). Así que después de alguna foto, les tapamos de nuevo y les dejamos en paz.  
      El otro descubrimiento de interés fue el filón de diabasas que cruzaba esa misma zona, en mitad de la intrusión granítica del sinclinal de Cáceres. Investigando después, el cuaderno del IGME que acompaña a la hoja geológica de Cáceres sostiene que existen diabasas esporádicas y poco alteradas en el interior del sinclinal, y hace una relación más directa a una encontrada en las cercanías de la casa de Lagartera, bastante cercana al lugar de nuestro hallazgo y vinculada también a los granitos tectonizados de la zona. Ya no hace falta irse a la falla de Plasencia para ver los "bolos" tan característicos de estas rocas... 
Rocas diabásicas encontradas en "la alberquilla"

quinta-feira, 4 de julho de 2013

FLORES DE VERANO EN EL MARCO: MENTAS, CARDOS Y PUERROS.


Resulta difícil a estas alturas encontrarnos con lugares todavía verdes y florecidos, y en las praderas primaverales hay poco más que los cardos corredores, visnagas, achicorias y demás congéneres estivales. Pero hay lugares -pocos- donde se mantiene el fresquito y pueden florecer a su gusto flores de la temporada de San Juan. En nuestros alrededores nos quedamos con la rivera del Marco, donde el fabuloso manto de cardos borriqueros de mayo se ha secado en buena medida y cede el testigo a otras flores de temporada. Aquí solo incluímos tres especies que naturalmente se pueden encontrar en otras partes, pero que aparecen reunidas en el trayecto : la menta (vaya usted a saber la especie, con las que hay), el Cirsium vulgare (lo llaman cardo negro en algunos lugares) y el puerro silvestre o Allium ampeloprasum. La primera necesita humedad, mientras que los otros dos los podemos encontrar fácilmente en otros sitios de la ciudad.
 

Cardo negro, planta bianual que desarrolla una preciosa flor oronda y firme y que todavía se puede contemplar en muchos sitios.
Ya en el parque del Rodeo, el G.P. fue a sentarse justo encima de un hormiguero en pleno proceso de expansión. Aunque esta imagen sea más típica del otoño, es fácil verla también desde principios del verano.




Los puerros silvestres no necesitan nacer en zonas especialmente húmedas. Si cuentan con un bulbo bien formado, son relativamente inmunes al calor, y se hacen especialmente llamativos en eriales de gramíneas secos.

quinta-feira, 27 de junho de 2013

DE VISITA A... "LOS HORNOS" DE SIERRA DE FUENTES





     Uno de los hornos rehabilitados, con un panel explicativo del ciclo de la cal.
     vista panorámica de los hornos desde una cima cercana. Fuera de la foto quedan todas las instalaciones del centro de recuperación de fauna.

     Durante mucho tiempo, el G.P. había visto en la carretera de Sierra de Fuentes un letrero que apuntaba a "los hornos" y se decía: "Más que el nombre para un centro de recuperación, parece para el de un crematorio". Evidentemente había una explicación para ello, pero solo fue la semana pasada cuando tuvimos ocasión de conocerla. Al llegar hasta allí, caímos en la cuenta de un montón de aparentes "chozas" que daba la sensación de encontrarnos en un castro celta o algo similar. Pero evidentemente, solo podían ser hornos de cal. Más de una decena de pequeños hornos, restaurados hace algo más de una década, pero que según algunas fuentes (desconozco su fiabilidad) se remontan a los siglos XVI y XVII. Esto no deja de ser posible, puesto que Sierra de Fuentes es una población que empieza a aparecer en documentos escritos en el siglo XIV, y que en el siglo XVI tiene población suficiente para construir una iglesia de cierta entidad.
Una culebra de collar estaba tomando el sol de la mañana en uno de los hornos.
     La ubicación de estos hornos de cal en este preciso emplazamiento responde a diversos factores humanos y propiamente geológicos. El lugar está situado estratégicamente en un término medio entre la población de Sierra de Fuentes y los terrenos calizos del Calerizo, a menos de dos kilómetros del lugar. El poblamiento humano haría de mercado local de la cal producida y el yacimiento calizo sería la fuente principal de materia prima. Ubicado en el paso del sistema montañoso que divide Sierra de Fuentes con la llanura de la ciudad de Cáceres, entre el Cerro del Milano y el Risco, estos hornos han aprovechado también la peculiar geología del lugar para garantizar la efectividad de las construcciones. Efectivamente, los hornos situados en la parte alta del lugar aprovechan las paredes verticales y delgadas pero extremadamente duras, que la naturaleza les brinda en forma de cuarcitas afectadas por un débil metamorfismo de contacto. Estas rocas soportarían fácilmente las altas temperaturas que se necesitan para el cocimiento de la caliza, al mismo tiempo que proporcionaban el material necesario para construir los mismos hornos, en forma de pequeños bloques. La construcción, por otro lado, no deja de ser muy rústica y el espacio que queda en su interior es bastante reducido. Nada que ver con los hornos "industriales" de las cercanías de Cáceres, construidos en ocasiones con piedra de cantería.

       Las cuarcitas del lugar tienen un aspecto algo distinto de las crestas típicas. De aspecto noduloso y con cierta tendencia a la esquistosidad, se asemejan de lejos a los dientes de perro de la llanura y parecen afectadas, como hemos dicho antes, por un débil metamorfismo de contacto, originado por la aparición de una intrusión granítica en mitad del sinclinal. Estos pequeños relieves son los que se utilizaron precisamente para favorecer la construcción de algunos de los hornos. Por otro lado, las inclusiones de vetas de cuarzo se hacen extremadamente frecuentes en la zona más alta en dirección al cerro del milano, rellenando fracturas y también, conforme nos vamos moviendo hacia el norte, la cuarcita recobra su forma habitual.
      
Gran bloque de cuarcita perfectamente estratificada con intervalos de cuarzo.

quarta-feira, 19 de junho de 2013

RUTA GEOLÓGICA-BOTÁNICA RONDA NORTE-CERRO OTERO

     Puntos rojos: rocas con restos fósiles.                Puntos verdes: rocas de interés.
     Puntos azules: mineralizaciones remarcables.   Círculo verde: zona con interés botánico.

     Esta última primavera el GP ha salido con bastante frecuencia por esta zona de la ciudad, que vendría a ser su límite noroeste y creemos que ya podemos esbozar una ruta interesante que por supuesto, muchos conocerán ya y que es muy frecuentada por senderistas y paseantes cacereños. El recorrido es bastante sencillo: dura unos cuatro kilómetros, aunque ciertamente se camina por senderos algo empinados. Podría empezarse desde la rotonda de la ronda norte hacia el Casar, iniciando allí el ascenso hacia la sierra de Aguas Vivas por un estrecho sendero que viene marcado por la zanja de la Ronda Norte y una finca particular (hay que tener algo de cuidado porque no hay valla alguna que nos cuide de la creciente altura de la zanja). De allí subimos al monte de Aguas Vivas, siguiendo los estrechos senderos disponibles, siempre bordeando las fincas privadas. En esta zona son de especial interés unos afloramientos rocosos de estructura brechoide, que se intercalan en la formación de la cuarcita armoricana, y por supuesto, filones de cuarzo cristalizado. Aquí también es donde se han localizado anatasas acompañando al cuarzo, aunque el GP reconoce que solo las ha visto en una ocasión, oh desgracia. Es llamativo que hasta podemos toparnos con lugares más despejados que han sido usados directamente por buscadores de piedras, por los restos que encontramos (cuarzos partidos, y hasta alguna brocha limpiadora). 
    Al final del monte, y ya descendiendo, el sendero tropieza con otra finca y se desvía hacia la derecha. Si nos percatamos en el suelo o en las rocas de los muros, podremos darnos cuenta que los afloramientos rocosos corresponden a conglomerados ricos en cuarzo, muy compactos y de edad precámbrica. Acompañan ocasionalmente a las pizarras y esquistos del alodomo extremeño y esta es la única zona donde podemos encontrarlos. Seguimos bajando hasta llegar a un pequeño valle adehesado y con un regato habitualmente seco -no siempre-, poblado con cañas y chopos. Tras cruzar el riachuelo, el camino vuelve ascender hasta llegar a una bifurcación en el que tomamos el camino de la izquierda, para ascender al cerro Otero. Esta es la zona más interesante a nivel botánico, por la cantidad de hongos muy diversos (paneolos, amanita panterina, cortinarios, estrellas) desde el otoño hasta la primavera, y orquídeas (serapias, orchis y ophrys, al menos cuatro especies, entre marzo y abril). Evidentemente en verano solo hay cardos corredores, pero llama mucho la atención que en esta zona la primavera se prolongue alguna semana más que en el resto, formando a veces una mancha verde entre el pastizal seco (quizás por la orografía y la composición del suelo, que es más fértil que en el resto de la zona).
    En la subida nos encontramos de nuevo con afloramientos rocosos interesantes: el camino atraviesa cerca de la cima estructuras brechoides, pero en este caso su cemento es muy rico en óxidos de hierro, produciendo mineralizaciones atractivas de hematites, en forma globosa. Guarda aún más interés y cierto misterio los materiales que encontramos en un muro alto al lado derecho del camino, donde aparecen (sin que lo espere el visitante) mineralizaciones de cuarzo y dahlita (apatito masivo, palmeado), acompañados también de minerales de hierro, que corresponden más bien al área de contacto del batolito con el sinclinal a un par de kilómetros de distancia, pero de los que no conocemos su procedencia a ciencia cierta, porque vienen acompañados de cuarcita. Recorrer ese muro es casi visitar un museo dedicado a estos minerales, y merece la pena.
    Ya en lo más alto del cerro Otero, entramos en una zona más poblada y nos dirigimos hacia la izquierda para llegar hasta el depósito de agua. En las zonas más adehesadas y limpias, podemos tener la suerte de toparnos con un suave manto de narcisos pálidos entre febrero y marzo, con sus características flores amarillas. Los afloramientos rocosos que dominan toda esta zona de cumbre, son cuarcitas, aunque no la armoricana, según los mapas del IGME, sino de época silúrica. Nuevamente aparecen a veces estructuras brechoides, pero sin duda lo más relevante es el yacimiento fosilífero que se abre al iniciar el descenso de la ronda norte, a mano derecha. Se trata de unos bloques cuarcíticos con algunos estratos particularmente ricos en restos fósiles o icnofósiles, que le dan a la roca el aspecto de un queso gruyere, pero del que no podemos desgraciadamente extraer identificación (presumiblemente pueden ser restos de braquiópodos, pero es una mera conjetura). Igualmente, en los muros nos hemos encontrado restos de cruzianas, pero no hemos podido localizar su punto de origen. Los cuarzos cristalizados son igualmente abundantes en este punto, si buscamos bien. De aquí bajamos ya a la Ronda norte, atravesando cuarcitas con vetas de cuarzo que suelen rezumar agua en invierno. Ya en la base, terminamos el paseo  el la ronda norte con su habitual desfile de estratos de cuarcitas, pizarras, ampelitas y rocas areniscosas, y con sus restos fósiles de braquiópodos y graptolites. Pero de eso ya hemos hablado otras veces.