sábado, 22 de abril de 2017

SERAPIAS EN EL PARQUE DEL PRÍNCIPE: EL DRAGÓN OCULTO DE SAN JORGE


El dragón de San Jorge siempre está con nosotros. Serapias lingua del parque del Príncipe.
    Sorpresa. Cuando menos te las esperas, ahí aparecen: así son las orquídeas. Estaba jugando el GP con Juan
Serapias junto a los llantenes
Otro grupo de serapias bajo un árbol.
en las pistas del parque del Príncipe, cuando distinguimos una pequeña flor violácea que no era ni la típica viborera ni las arvejas de turno. Las Serapia lingua (suponemos eso de lingua, por ser la más normal y común) habían colonizado lo alto de la colina del parque, se habían instalado junto a la cancha de cemento y ahí estaban tan a gusto. Las orquídeas se levantaban como pequeñas cabezas de dragones (quizás por ser la fecha de San Jorge en nuestra ciudad), junto a los llantenes y las plantas comunes del parque del Príncipe. Llamaba la atención el lugar tan seco y abirto elegido por nuestras orquídeas, y que especialmente pudiesen florecer en una primavera tan poco propicia como la que tenemos este año. 
     En un primer momento contamos unos veinte ejemplares, bien juntos, como les gusta a las Serapias. Pero después, bajo un arbusto había otras tres, y por los alrededores nos topamos con otros dos ejemplares. Al final ibamos mirando el suelo, no fuésemos a pisar alguna preciosa orquídea.  
     Aunque está considerada por el Proyecto Orquídea como una de las especies más extendidas por la provincia de Cáceres y es relativamente común (en el mundo de las orquídeas) nosotros solo hemos tenido encuentros ocasionales y nunca con tantos ejemplares juntos. Recordamos que en la Sierra de Aguas Vivas se pueden avistar, especialmente junto a arbustos de bajo porte, y en la dehesa de la Alberquilla, en la pista que nos lleva al centro de los Hornos. 


Juan viendo el partido, junto a las diminutas orquídeas a su izquierda.

domingo, 9 de abril de 2017

LENTINUS TIGRINUS, ORQUÍDEAS Y CULEBRAS EN EL PUERTO DE LAS CAMELLAS.

Una primavera sin Ophrys no es primavera
Entre viajes, evaluaciones y asuntos varios, desde febrero que no salíamos al campo: nos hemos perdido buena parte de la primavera cacereña y encima el GP estaba con un terrible mono de coger  su bicicleta de nuevo. Uno se sentía como el viejo rey de Rohan despertando del hechizo de Saruman y dando un gran alarido ante su vieja espada. Así estaba yo hichando mi veterana bicicleta. Aunque nuestra intención era ir al cerro Arropé y profundizar en la geología y flora de la zona, acabamos desviándonos puerto de las Camellas abajo. El arroyo que crea el valle iba ya casi seco, atravesando juncales y zarzales, y apenas deja de cuando en cuando algún charco permanente sobre los estratos compactos de la cuarcita o alguna zona encharcada en la hierba. La bicicleta levantaba casi tanto polvo en el terreno como en pleno verano. La falta de precipitaciones está agostando el campo en pleno mes de abril, y nos deja con pocas ilusiones para ver gran cosa este año... 

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Escasos charcos en el arroyo de las Camellas.
Al menos, cumplimos la promesa de ver nuestras orchis: una primavera sin
Peregrinos siguiendo la ruta de la Plata.
orquídeas, no es primavera. Así que echamos una foto a nuestra vieja conocida
Ophrys tenthredinifera. Al menos encontramos un par de ejemplares en las cercanías del alto de Las Camellas, y aunque el ejemplar sentía el calor y la falta de humedad, todavía manifestaba toda la belleza de esta flor. Esta es una zona potencialmente interesante para las orquídeas: una zona de intersección entre el sustrato calizo y silíceo del sinclinal de Cáceres, de poca roturación y prácticamente al lado del sendero que marca el camino de Santiago. Esta especie de orchis, por otro lado, ya la hemos encontrado en la zona de la universidad, en varios puntos de la sierra de Aguas Vivas, el cerro Cabezarrubia y en las cercanías de la cantera
Lentinus tigrinus aguantando la falta de humedad...
María Antonia y es de las orquídeas más extendidas de Cáceres, dentro de las limitaciones que supone ser orquídea, por supuesto. Aunque a la señorita T. le gusta el terreno básico calizo, no es tan exquisita como otras muchas orquídeas y se adapta a cualquier circunstancia. Como otras orquídeas es más fácil verla en lugares que no son roturados y por eso la podemos encontrar al lado de senderos, cerca de muros o bajo arbustos.
Una interesante comunidad primaveral de Lentinus.
Srta. Natrix, molestada al levantar su tronco.
   En realidad, nuestro deseo de bajar el puerto era encontrarnos con los juncales que se divisan hasta el Trasquilón (de juncos churreros, nada más), pero que el GP pensó que estarían verdes y frondosos, y nada más lejos de la realidad. El junco churrero alcanza su esplendor algo más adelante y solo ahora empieza a crecer y verdear frente al inviern (le dedicaremos otro post más adelante).  Para compensar nuestra decepción, bajando algo más el puerto, y siguiendo el cauce seco del riachuelo, nos encontramos con algunos charcos que en la naturaleza del GP era necesario investigar. Estos
restos húmedos suelen aglutinar a muchos anfibios, pero quizás estos saben que guardan mejor futuro en charcas más grandes, no demasiado lejos del lugar, y con más posibilidades para reproducirse. Sí encontramos, removiendo restos de madera de encina, a cazadoras de ranas por excelencia: un par de preciosas culebras de agua (Natrix natrix) bastante extendidas también por la zona, y que se dejaron fotografiar bien antes de huir. 
La srta Natrx renunciando a ser cogido por el GP.
    Solo después de que las culebrillas huyeran, nos dimos cuenta de la intersantísima comunidad de Lentinus tigrinus que nos encontramos al levantar la rama de encina. Llamaba la atención su gran número, emergiendo en el punto de contacto de la rama con el suelo. Estos lentinus son del tipo de setas que podemos encontrar tanto en primavera como en otoño, por su carácter lignícola y su relativa independencia frente al medio. Son relativamente fáciles de ver en entornos húmedos, como la pequeña ribera del arroyo de las Camellas, y se encarga de limpiar los tocones y ramas muertas de encinas. Repasando alguna página gastronómica, los vascos dicen que son comestibles cuando son jóvenes, pero el aspecto duro y coriáceo -también provocado por la sequedad del ambiente- no les da ningún toque apetitoso...


Entorno de juncos churreros, todavía tocados por el invierno...