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terça-feira, 25 de outubro de 2011

RAMILLETES DE SETAS

coprinos, una familia de setas muy común en nuestros parques.
     Por fin el tiempo vuelve a sus cauces normales y el viento ha despejado los parques de muchos de sus habituales viandantes. Quedan los incondicionales de esta época del año: perros paseando a sus amos, deportistas de cuerpo y alma, alguna pareja solitaria y cuatro nostálgicos de turno que han salido a disfrutar el frío y la caída de las hojas. El G.P. no puede decir que disfrute con el frío y la lluvia pero al menos le alivia. Por fin se podrá ver un otoño en condiciones, como manda el calendario. Y aprovechando las circunstancias, dimos el pasado domingo una vuelta por el parque del Príncipe a ver qué nos encontrábamos. El resultado no pudo ser más otoñal, aunque en realidad no dependería para nada de la lluvia.
    En las raíces de una acacia nos encontramos unos buenos ramilletes de setas, llamadas por los entendidos "lignícolas", puesto que solo crecen sobre raíces y tocones de árboles que hacen de huéspedes. En este caso, varios ramilletes se habían amontonado en la pobre acacia y crecían apretadamente casi unos sobre otros. Mientras Juan tiraba el carro cuesta abajo, el G.P. se dedicó a hacer unas cuantas fotos e investigar con ansia aristotélica qué diantre de hongo tenía delante de sí. Como el G.P. se siente inseguro en el mundo de la micología, decidimos tirar en casa de libros y enciclopedias y llegamos a la atrevida conclusión de que quizás se trate de una especie cercana a la foliota cambiante (Kuehneromyces mutabilis), una pequeña seta apreciada en el mundo culinario, a pesar de su pequeño tamaño o más posiblemente el coprino micado (Coprinellus micaceus). Claro que pronunciamos el juicio con todas las reservas posibles. Para un pobre ignorante que solo es capaz de reconocer el parasol, aún le queda mucho por aprender en este intrigante mundo.


Distintos ramilletes de coprinos creciendo en las raíces de la acacia.

Ha bastado un día de lluvia y viento para traernos el otoño de golpe.

sexta-feira, 15 de outubro de 2010

CARRETERA PERDIDA


Las zarzas y un pequeño estanque amenazan la carretera.

La naturaleza devora poco a poco el terreno que originariamente le pertenecía:
 proceso lento pero imparable.
Iba yo deambulando un rato con la bicicleta cuando de pronto me crucé con la vieja carretera abandonada del Casar de Cáceres. En ese momento se levantaron en mi mente recuerdos de la niñez que me pedían a gritos parar allí. Y pasó lo de siempre: el poder evocador de lo viejo pudo sobre la pobre cabeza del G.P. Di un pequeño paseo por esa carretera con el asfalto levantado y la grava suelta, deseando convertirse en suelo. La hierba otoñal devoraba lentamente los límites de la carretera. De las cunetas abandonabas se acumulaban balsas de agua ocultas por las zarzas. Levantaba de cuando en cuando la vista hacia las poderosas nubes del momento y recordaba aquellos dulces momentos de pequeño en los que descubría por primera vez, en aquella vieja carretera y acompañado de mi familia, las siluetas de las avefrías, los chorlitos y las garcillas bueyeras. Pero es demasiado temprano para las avefrías, y yo tampoco soy aquel pequeñajo de entonces. Y es que todo fluye, como decía el filósofo, pero lo importante es seguir disfrutando del presente. 
Una imagen que siempre busco en cada otoño: las lentejas de agua vuelven a poblar
los regatos reanimados con las lluvias de octubre.

Y detrás de un cercado, una abubilla picoteaba el suelo en busca de insectos. El levantamiento de la tierra para los sembrados propicia la presencia de estos bellos animales en nuestro entorno más próximo.

De vuelta, fantásticos cúmulo-nimbos se elevaban sobre la ciudad de Cáceres.
Un paisaje apropiado para irse a un lugar despejado y disfrutar del cielo.

sexta-feira, 17 de setembro de 2010

TRAS LA TORMENTA

Tras la tormenta llegó por fin la calma. Esta vez, una calma triste para muchas personas de la ciudad y muy mediática (nunca vi hablar tanto sobre Cáceres en un telediario). La tormenta la sentí tras las persianas: había que distraer al pobre Juan del ruido del granizo y me perdí el terrible espectáculo. Quizás si en los telediarios en lugar de decir DANA hubieran dicho que una "gota fría" se acercaba por el atlántico, tal vez los cacereños nos hubiéramos tomado más en serio la tormentilla que cayó hace un par de días. Y es que las DANA (depresión aislada en niveles altos) acostumbramos a verlas caer por las costas de Levante, y no por la penillanura extremeña. Recuerdo que la primera DANA que cayó desde el atlántico hace cinco años sobre Galicia fue considerada, como no, una evidencia del cambio climático. Ignoro cómo denominaremos esto, si una tormenta más fuerte de lo habitual o el signo de los nuevos tiempos.

El caso es que Juan y yo nos fuimos al día siguiente  a comprobar los destrozos al parque del Príncipe y el espectáculo era dantesco. Como en el resto de la ciudad, la parte alta de los árboles había sido barrida de hojas. Muchas grandes ramas yacían en el suelo todavía. El paseo central del parque se convirtió en un gran torrente que dejó las fuentes centrales transformadas en cenagales. Grandes sedimentos de arcilla y pizarras atravesaban los acerados y no me dejaban pasar con el carrito. No era difícil ver pájaros muertos que no pudieron encontrar refugio con el granizo. Reconozco que no podía dejar de contemplar aquel inmenso destrozo con mucha mística y sorpresa (ese horrible delightful de los ingleses), realmente anonanado ante el poder de los elementos de la naturaleza, contemplando los impresionantes surcos y boquetes en la tierra, las curiosas formas dejadas por los sedimentos, las ramas y hojas aplastadas contra cualquier obstáculo que impedía su marcha en la corriente. Una muestra más de nuestra insignificancia y poca cosa. El hombre de hoy, que llegó a la luna, que consulta internet, que mira arrogante el mundo conquistado, se asusta ante el granizo, como hacían nuestros antepasados.
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Las fuentes, completamente anegadas de los materiales arrastrados por la corriente.
Los sedimentos dejaban un visible rastro en el acerado.

Un otoño algo prematuro: ramas y hojas cubren toda la ciudad.
La charca cercana a Aguas Vivas, convertida en un barrizal.

Si están interesados en averiguar qué rábanos son las DANAS, este es un excelente documento que ofrece la agencia de metereología: http://www.aemet.es/documentos/es/divulgacion/estudios/dana_ext.pdf

domingo, 6 de dezembro de 2009

CUANDO REFRESCA...

Era una de estas tardes desapacibles del final del otoño: luz escasa, cielo encapotado, cuellos de cazadoras y abrigos subidos, aire que entra por todas partes, y unos pobres animalillos que tienen que permanecer a la intemperie todo el invierno. Naturalmente, ellos están mejor preparados que nosotros contra las inclemencias, pero no desearía ser cigueña en los días de viento.
Escena típica de los días invernales en toda Europa desde la época de Brueghel el viejo: bandadas de grajos y córvidos sobrevolando el cielo de la ciudad.

"Por San Blas, las cigueñas verás": un refrán puesto en entredicho. Cigueña en la torre de la Preciosa Sangre. A pesar de lo mal que lo parece estar pasando, el caso cierto es que cada vez un número mayor de cigueñas pasan el invierno entero en nuestra región. Hay quien achaca esto al cambio climático, mientras que otros lo explican por la mayor abundancia de comida en los vertederos, lugares donde se reúnen en gran número durante estas fechas.

El frío llega también a los que están en el suelo. Nuestra pequeña cogujada -posiblemente un ejemplar joven- ahueca sus plumas en un intento de preservarse del frío. Esta imagen está tomada en los aparcamientos de un supermercado, al lado de la vía de la Plata.

Esta paloma turca tampoco lo tiene que estar pasando muy bien bajo la lluvia. Esta especie ha experimentado una expansión geográfica enorme en los últimos años, hasta el punto que ya casi se puede considerar autóctona, cuando originariamente proviene de Asia.
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Cada uno se protege de la lluvia como puede. En este caso, nuestro mirlo busca refugio debajo de un arbusto en el parque de Cánovas. Precisamente la lluvia nos permitía acercarnos a él de forma insospechada. Tal vez el agua le cause más estorbo que el propio ser humano.

sábado, 28 de novembro de 2009

LA BELLEZA EN LAS COSAS PEQUEÑAS.

Una alfombra blanca sobre el parque del Príncipe: un lugar para encontrar formas prodigiosas del agua, si tenemos ojos de saltamontes.

Este es el primer día del otoño verdaderamente fresco (6 grados de temperatura), en el que por fin se hace obligatorio descolgar un abrigo del perchero para salir a dar un paseo sin que te coma la humedad. Y rozando ya diciembre... Después de unas ligeras lluvias los días anteriores (en el peor noviembre hídrico desde 1979), las nieblas ocuparon su lugar y se instalaron sobre la ciudad.
A falta de lluvias, al campo solo le queda un abundante rocío que deja el campo con su típico color blanquecino y las gotas que caen de los árboles. El rocío cumple con la función durante el invierno de mantener cierta humedad en el suelo, y también te deja los zapatos completamente empapados y los pies fríos cuando hay un sol radiante a tus espaldas. Este es sin embargo un buen momento para centrarse en las formas del agua, todavía no escarchada, sobre la hierba, creando pequeños universos llenos de belleza. Para conseguir el placer de las cosas pequeñas y diminutas tenemos que mirar a nuestro alrededor con ojos penetrantes, como se diría antiguamente...

.Una planta de la familia de las compuestas, con su flor cerrada, cubierta por el rocío matutino.

Multitud de gotitas cubren toda la superficie de la hoja de esta malva.

Formas caprichosas del rocío sobre las gramíneas. Aunque sea menos evidente, la reducción de los días de rocío por el calentamiento global también tiene pésimas consecuencias sobre el campo.

Sol helado detrás de las ramas ya casi desnudas de un algarrobo. Nótese las espinas de tres púas, las vainas de frutos y las hojas en la típica forma de las leguminosas.

terça-feira, 3 de novembro de 2009

ESTAMPAS OTOÑALES

Otoño en el parque del Príncipe.

Época de plantar bulbos. En este caso, tulipanes.
Vuelven también las ovejas a pastar en la sierra de la mosca.
Un excelente cortacésped natural.

Por fin la temperatura dio un giro y bajó unos grados. El fino aire del oeste empezó a soplar por toda la ciudad y los jerseys de cuello alto se vieron por primera vez en unos cuantos meses. Es por ello que dejó aquí unas cuantas instantáneas de tan hermosos momentos para el G.P., guardadas durante el mes de octubre para cuando llegara el frío.

sábado, 19 de setembro de 2009

LA RESURRECCIÓN DE DÉMETER



El rocío se deja sentir con minúsculas gotas en las hojas de estos brotes nuevos.




Los musgos son los primeros que se apuntan al festival de la entrada del otoño.



Contaban los antiguos griegos que Démeter, la diosa de la naturaleza, tenía una hija que fue raptada por el dios de los infiernos. Al saberlo Démeter entró en tal estado de pena, que dejó morir a todas las criaturas que estaban a su cargo. La situación fue tan desastrosa, que Zeus obligó a Hades a dejar partir a Perséfone, la hija de Démeter, nueve meses al año fuera del mundo subterráneo. Durante ese tiempo, la naturaleza brotaría alegremente por la tierra de los hombres. Sin embargo, cuando Perséfone estaba obligada a regresar con Hades, la tristeza y la muerte se apoderaba de la tierra y sus criaturas. Aunque los agricultores griegos fechaban el invierno como los meses en los que Perséfone desaparecía de la tierra, en nuestras latitudes podríamos cambiarlo de estación.

Algo así pasa con el fin del verano: los signos de la vida vuelven a los campos secos. Las semillas ocultas en la tierra reseca de las compuestas, leguminosas y las gramíneas empiezan a germinar. Algunas desde la nada, otras reverdeciendo desde viejos tallos secos. Tal vez no le demos importancia, pero una cosa tan sencilla como esta permitió a buena parte de las plantas superar cataclismos del tamaño del meteorito que destruyó los dinosaurios hace 65 millones de años. Por eso, observar una resurrección semejante de la vida es algo que me llena de admiración.


Niebla en La Montaña, una imagen prematuramente otoñal, típica de una mañana después de los días de lluvia. El rocío y la permanencia de la humedad con la niebla, unido a la menor evaporación, permite que los efectos de la lluvia de la última semana comiencen a sentirse en las plantas silvestres.


También las aves se dejan ver más con las temperaturas más suaves de estos días. En nuestro paseo matutino, pequeños pajarillos nos acompañaban de árbol en árbol. En cuanto sacábamos la cámara, se escabullían.

terça-feira, 15 de setembro de 2009

BENDITA LLUVIA

Cortinas de lluvia caen sobre los llanos del Guadiloba.

Este era el mágico momento en el que al partir una arenisca del Portanchito me encontré el primer nautilus fósil de mi vida. El cielo sonrió con mi descubrimiento.

Después de tanto cantar a Lou Reed en voz alta, era normal que ocurriera. Por fin la lluvia y las nubes aparecen en el horizonte, y dejan paisajes que el GP echaba mucho de menos. Resultaba inevitable que no recogiera alguna foto de la Sierra de la Mosca con ese paisaje, al que hace tiempo que no estamos acostumbrados.