sábado, 4 de julho de 2015

CONJUNCIÓN PLANETARIA...

 Venus, a la izquierda y Júpiter  a la derecha, desde Sierra de Fuentes. Toda una ilusión óptica de proximidad planetaria, muy lejos de la realidad de estos planetas.

      Después de este parón primaveral, el Granito Parlanchín vuelve a la web... Hay muchas razones de este parón: mucho trabajo -época de exámenes-, pruebas de inglés, otros proyectos en la mente calenturienta del GP, y también, hay que reconocerlo, poco de lo que hablar. La razón es relativamente sencilla: la primavera que hemos dejado atrás ha sido muy parca en lluvias, bastante localizadas e irregulares, y los mosaicos de color en nuestras dehesas en otros años han estado casi desaparecidas y se han reducido a pocas semanas. Así que hablaremos hoy de cosas que están libres de los caprichos del clima mediterráneo, más alocado que nunca por el progresivo cambio de clima.
       Una cosa que depende poco de nuestra acción humana lo constituye la astronomia. Y hasta el más ignorante en estas cuestiones habrá visto en las últimas semanas una conjunción astronómica llamativa en los cielos veraniegos. Nuestros queridos planetas, Venus y Júpiter se han abrazado en el cielo como nunca lo habíamos visto antes. Cuando la luna en su cuarto creciente se unió al baile planetario la conjunción se hizo ya casi perfecta. Este llamativo baile planetario no sempre ha sido visto com buenos ojos. Los astrólogos antiguos entendían que estos eventos eran la premonición de acontecimientos catastróficos para los hombres, y más de un astrónomo perdió la cabeza por haber predicho estos acontecimientos. Todavía en el siglo XXI es fácil encontrar predicciones catastrofistas para estos acontecimientos: tsunamis, terremotos, hambrunas... Aquí por ahora, lo que nos toca sufrir es otra nueva ola de calor en ciernes. Y no busquen la causa en los lejanos y maravillosos planetas, sino en nuestro propio clima o en nosotros mismos.  

sexta-feira, 1 de maio de 2015

BUSCANDO ALTRAMUCES POR EL CAMPO

      Esta semana, en el último día de abril, el GP ha cumplido un deseo escondido que tenía hace bastante tiempo: llevar a sus alumnos al campo. Con una asignatura como las ciencias sociales en inglés, y con una edad como primero de la ESO (12-13 años), se podía intentar al menos. Así que el GP marcó una de sus rutas más típicas y poco exigentes para poderla hacer en pocas horas, que al menos abriese una ventana al campo y el bosque mediterráneo a los chicos. Esto lo conseguimos subiendo al punto geodésico de la sierrilla, en una marcha de tres horas. Pero antes de llegar a ese punto, haríamos una gymkana en la que repasaríamos la geomorfología de la Ronda Norte, las especies invasoras en el parque del Príncipe y el bosque mediterráneo a lo largo del trayecto. Este tipo de excursiones se hacen necesarias cuando en clase uno estudia el bosque mediterráneo y luego sale al campo y no saben reconocer un alcornoque o una encina (y mucho menos la diferencia entre ellos dos). Entre esta gente en el que el contacto con el campo se reduce muchas veces a una pantalla de móvil u ordenador, era necesario ampliar espacios y romper el aula.
    El problema estribaba ahora en cómo desarrollar toda la actividad. Cómo podríamos identificar plantas y las rocas, las fallas, los cangrejos... Al menos para una planta, que es la que comentamos hoy, había una buena pista: el altramuz silvestre ya había pasado su floración y ahora, en lugar de sus típicas flores azuladas, quedaban colgando multitud de típicas vainas, como buena papilonácea o leguminosa que es. Así que el día anterior el GP anduvo recogiendo vainas de altramuces para que todos los chicos pudieran identificarla en el día siguiente. A cada uno se le dio una vaina y se le pidió que hiciera una foto del altramuz nada más ver una planta con esas semillas. Como el nombre altramuz despistaba un poco, aconsejamos que nadie se le ocurriese comerlas, porque por lo que parece, resultan indigestas y hasta venenosas. 
     Quien quiera buscarlos puede encontrar altramuces silvestres por toda la subida al depósito de la sierrilla desde la Ronda Norte (en la misma Ronda Norte también los hay), pero ya no veremos su floración, que acabó a mediados de abril, sino solo sus frutos. Naturalmente es una planta extendida y puede ser localizada en otros muchos sitios; además su porte es algo superior al de otras muchas plantas herbáceas y  suelen aparecer varios ejemplares juntos.              Lo que apenas ha habido este año en la subida a la Sierrilla con su debido crecimiento han sido las cañalejas, esas espléndidas plantas de porte casi arbustivo y con flores que pueden alcanzar los dos metros. Durante otras primaveras e inviernos, las cañalejas inundaban todo el tramo de subida al depósito y este año, apenas sacarán algún fruto. Qué se le va a hacer: caprichos del clima cacereño.

Lola con los chicos de primero de la ESO haciendo un descanso junto al depósito. ¿Cómo era posible que para muchos de ellos esa fuera la primera vez que salían por la Sierrilla? Esta era una pregunta que dejaba sorprendido al GP, igual que no fueran capaces de reconocer un alcornoque o una encina en la subida al monte...

sexta-feira, 24 de abril de 2015

PATITAS DE BURRO EN EL GUADILOBA

Morae sisyrinchium o lirio azul creciendo alegremente y sin complejos entre la cebada ratonera y otras gramíneas en las cercanías del embalse del Guadiloba.
    
    Aunque la primavera ha sido algo irregular en cuanto a lluvias, hay algunas flores que no nos abandonan ni cuando las cosas se ponen secas y feas. Hablamos aquí de las "patitas de burro" o Iris o Moraea sisyrinchium, una especie extremadamente común en nuestros entornos de Cáceres. Las fotos corresponden a los alrededores del embalse del Guadiloba, cuajado con estas flores antes de las lluvias de este mes. Pero en realidad, cualquier terreno por el que andemos, sin importar mucho sus características, puede tener centenares de estas pequeñas y existosas plantas.
       A esta planta parece importarle relativamente poco la lluvia. El campo andaba medio seco hace unas semanas, y sin embargo, la patita de burro aparecía con alegría en medio del resto de las plantas escasamente florecidas. Algunas bulbáceas consiguen cierta autonomía si en su bulbo consiguen almacenar reservas suficientes para desrrollarse adecuadamente. Este parece ser el caso de este tipo de lirio, pero no así en otras especies. Por poner un ejemplo del que ya hemos hablado, las orquídeas han tardado en aparecer, y tan solo la Orchis Champaneuxii parece disfrutar del ambiente y haber aprovechado muy bien las lluvias de abril. Los allium y los gladiolos han estado como siempre. Pero las lluvias han aparecido un poco tarde para las maravillosas Ophrys tenthredinifera, de la que solo hemos visto un ejemplar algo pasado ya en las zonas calizas de la Cantera María Antonia. Ciertamente, la vida ocupada del GP no ha dado para muchas más alegrías naturales y nos faltan más salidas al campo para corroborar todo esto, pero nos parece a nosotros que otros años aparecían con más abundancia.   
 Otro tipo de lirio menos extendido: Iris Xiphium. Este lo encontramos en las escombreras de una de las minas de Aldea Moret, solito entre los pedruscos calizos. Entre las flores una extraña araña cangrejo se está zampando una mosca.

sexta-feira, 3 de abril de 2015

DE VISITA A... LAS MINAS DE PLASENZUELA

       
      Restos de una de las torres (dos paredes en paralelo) de las minas de la zona.
Restos de la torre: se combina el uso del ladrillo, la mampostería de granito y el uso grosero de materiales líticos de la zona.
 
      Volvemos al tema geológico, y lo hacemos con unas visitas que hemos realizado en este pasado invierno al grupo de minas de los alrededores de Plasenzuela. Son un conjunto minero que desde la carretera entre Cáceres y Trujillo se puede observar con relativa facilidad assomando entre las colinas adehesadas; superando las encinas se intuyen viejas torres de fundición y algunas escombreras de pizarra que muestran el antíguo patrimonio minero de la zona. Todos estos restos mineros se hacen más visibles tomando el camino hacia Plasenzuela desde la carretera Cáceres-Trujillo. En el valle desarbolado que atravesamos con el coche es fácil concentrar la vista en estos edificios y divisar nuevamente, los restos de chimeneas y torres. Otra cosa muy distinta, como siempre pasa, es llegar a pie hasta estos lugares. Muchas de estas minas están ahora cercadas y en terenos particulares, lo que no facilita mucho la visita. En algunos foros de geologia, los visitantes se quejaban de  alambradas y broncas de propietarios poco empáticos con los amantes de las piedras. Sin embargo, la que el GP ha visitado apenas reviste dificultad y no nos adentramos demasiado en terrenos ajenos. Las fotos de las torres, si el GP no se engaña, pertenecen a la mina Petra, aunque no lo sepa con seguridad.

     Vamos a nuestro asunto:  en términos geológicos, el suave valle que visitamos, sobre el que se instalan algunas de estas minas, constituye el limite entre el batolito de Plasenzuela -que se observa en los bolos graníticos y peñascos mirando hacia el este- y el conjunto pizarroso, soso y aburrido del Alodomo centroextremeño. Es una zona por tanto con cierto metamorfismo de contacto que puede observarse en algunas de las pizarras y esquistos de la zona, aunque no resulte tan llamativo como en otras partes. Los que saben de estas cosas, comentan que en el contacto de ambas formaciones geológicas, y en zona predominante de cizalla -una deformación particular de las rocas ígneas-, se filtraron en vetas y filones toda clase de compuestos químicos rarillos, que acabó ofreciendo una paragénesis denominada tecnicamente de Zn-Pb-Ag. Es decir, que estamos en una zona con altos índices de sulfuros de plomo (galena) y zinc (blenda), junto a otros sulfuros y antimoniuros más complejos. Para acompañar todo esto, además, tenemos cuarzo y siderita como minerales predominantes. No piensen que todas estas maravillas se ofrecen en forma de cristalones atractivos y deseados por los pedrusqueros. Nada de eso: son formas densas, en general, de siderita y blenda. Y todo esto removiendo la pizarra dominante. A pesar de ello, el GP se llevó muy contento para casa algunos ejemplares de siderita y blenda masiva "encajada" en la roca dominante (contando con que no tenía estos minerales, la visita fue un tremendo éxito).

     Estas minas de plomo, muy típicas en nuestra región -sobre todo Badajoz-, 
fueron explotadas masivamente en la época del "expolio" minero español, es decir, la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, tiempos dorados del plomo en todo el país. Los restos arqueológicos que observamos tienen ya más de cien años, pero no parecen importar demasiado. Lo que nos queda en las torres son típicas construcciones que alternan ladrillo -en las ventanas-, cuarcitas y burda argamasa en los muros y sillares de cantería en las esquinas, como si de antíguas fortalezas medievales se tratase. Toda la estrutura de madera que estaba en el interior de las torres está naturalmente desaparecida y las entradas a los pozos oportunamente tapadas en recientes obras de rehabilitación de la zona. Merece la pena detenerse ante las imponentes chimeneas de ladrillo y los hornos de fundición. Son restos de un passado minero ya lejano, pero que en Plasenzuela no se há olvidado por una suerte de reconversión del sector. Del plomo se han pasado al granito, y en el batolito se abren canteras considerables de esta roca.
   
Mineralizaciones de blenda. Junto a ellas, era fácil encontrar siderita masiva y también cuarzo filonario con pequeños cristales de blenda, pirita y galena.

quarta-feira, 1 de abril de 2015

TIEMPO DE BREZOS... Y CEREZOS

 Laderas de Peña Negra, cubiertas de brezos en flor.


 Hablábamos de los brezos cacereños hace una semana, y apuntábamos que lo que resulta una aparición esporádica en la sierra de Aguas Vivas era un manto rosado en las sierras del norte de la provincia. Así que, mientras los del Jerte se entusiasman con el cerezo en flor, nosotros buscamos también alguna belleza alternativa en las cumbres de la sierra de Tormantos, en las cercanías de Peña Negra (a unos 1400 metros de altura). 
Allí, los densos brezos se extienden por todo el paisaje y se convierte en el arbusto dominante, por encima de las retamas y los piornos. Extremadamente resistente tanto al frío como a los incendios, crean un espectacular paisaje en estas cumbres peladas y sin apenas arbolado.  Decíamos que estos brezales constituían antiguamente un importante recurso energético para las familias piornalegas: la robusta base lignícola del brezo tiene una potencia calórica nada desdeñable que la hacían muy apetecible para soportar los rigores del invierno en la sierra...

En las laderas, mientras, florecen los cerezos. Vista desde la Viña Blanca, a unos cuatro kilómetros de Piornal.

domingo, 15 de março de 2015

TIEMPO DE BREZOS

    
 Brezo español (Erica australis), más extendido en el pinar del olivar que en su parte más baja.  

   No hay demasiados brezales en los mismos alrededores de Cáceres, predominando la jara como arbusto dominante, pero aún así podemos disfrutar de ellos en rincones selectos, y el olivar de los frailes es uno de ellos. En esta primavera seca y fea, la flor de los brezos nos distrae un poco de la falta de otras alegrías y el último fin de semana con la bicicleta pudimos distinguir los dos tipos que dominan por nuestra región: el Erica australis -o brezo español- o el Erica arborea -o brezo blanco-. Los ejemplares de este entorno cercano no alcanzan ni el diámetro ni el porte amplio que podemos apreciar en las sierras del norte de la provincia, como en las cumbres peladas de Piornal, pero sí llenan de color las laderas de la Sierrilla, en un denso matorral emergido entre pinos carrascos y encinas.
      Estas especies son de las más exitosas y competitivas que haya en el entorno mediterráneo. Típicamente son de las primeras plantas en aparecer después de cualquier incendio, y resisten muy bien el fuego. En Piornal el GP ha visto grandes extensiones de brezo quemadas y que volvían a brotar al año siguiente desde sus tubérculos. Es natural que grandes espacios destruidos por el fuego hayan sido tomados por brezales como el arbusto sustitutivo de antiguos bosques. Y aunque constituyen una gran pérdida, en pueblos como Piornal los brezos eran extremadamente apreciados por su tronco basal o más técnicamente hablando su "lignotubérculo", es decir el engrosamiento considerable del tronco en su contacto con el suelo y su raíz, con un considerable potencial calórico y muy buscados antiguamente como madera para braseros y hogueras. 
Precioso brezo blanco (Erica arborea) en plena floración.

La falta de lluvia no da demasiadas alegrías, aunque las Orchis han aparecido, como siempre, en la cima del cerro Otero. Las Ophris, sin embargo, siguen ausentes.

sábado, 7 de março de 2015

BUSCANDO EL ROMÁNICO DE CÁCERES ENTRE LAS CIGÜEÑAS


   Restos de canecillos reutilizados y ventanas con arcos de medio punto en Santa María dan la apariencia románica a un edificio que en realidad es en su mayor parte del siglo XV. 


Canecillo románico con motivo vegetal en la iglesia de Santiago, proveniente de los restos de la primera iglesia del siglo XIII.
   Ventanuco románico en la torre de la iglesia de Santiago. La parte noble se construye en granito; en cambio, el resto del edificio se hace con cuarcita, antiguamente encalada en blanco para ocultar su pobreza.

    Hoy proponemos cambiar de tercio, y dejamos el campo, poco atractivo durante este último febrero frío y poco lluvioso, para centrarnos en lo que podemos encontrar en nuestra ciudad vieja: cigüeñas, muchas cigüeñas, y una dosis de arte, otra de las pasiones del GP poco conocida habitualmente en este blog...  
     Febrero es como decimos, un buen mes para subir a una buena atalaya -el GP tiene en estima la torre de Bujaco- y observar un buen rato las idas y venidas de las cigüeñas sobre los tejados del casco viejo. Pero también es un momento excelente para contemplar la letra pequeña de nuestra ciudad, los detalles que no aparecen en las guías turísticas al uso. Y a eso se va a dedicar el GP hoy.

    Decididamente, el estilo artístico de las iglesias cacereñas tiene un cierto toque de fascinante eclecticismo que pone a prueba nuestra capacidad de encasillar un edificio dentro de un estilo arquitectónico determinado. Cualquier guía propone el gótico para cortar por lo sano discusiones eruditas, pero sabe perfectamente que su respuesta es bastante imperfecta. Si cogemos una iglesia como Santiago o Santa María, podemos localizar fácilmente elementos que van desde el románico hasta el renacimiento, y todo ello bajo una armonía arquitectónica difícil de encuadrar. 
      Un ejemplo estupendo son los elementos decorativos de algunas iglesias cacereñas: los canecillos, pequeños salientes en piedra bajo la cornisa de los tejados, en los ábsides o las portadas, muy típico del estilo románico. Pero este estilo apenas roza nuestra región, por el sencillo hecho que en los tiempos de esta moda arquitectónica, buena parte de Extremadura se encontraba bajo el dominio musulmán (siglos XI y XII). ¿Cómo es posible entonces que en pleno gótico del siglo XIV una iglesia como San Juan tenga canecillos románicos, nos podemos preguntar? En realidad, la culpa es del observador del siglo XXI, y no la del maestro cantero medieval, que indudablemente hace lo que le viene en gana y no tiene que rendir cuentas a un historiador del arte. 
      En cualquier caso, hay hipótesis para este arcaicismo buscado. La más simple es que directamente, reutilizamos materiales antiguos para mostrar la permanencia con el pasado -como sugiere Santa María o Santiago-, y cuando no los tenemos, los construimos, como en San Juan. Quizás los primeros moradores de la ciudad querían recuperar un recuerdo de sus lugares de origen (leoneses fundamentalmente), o quizás era una forma de demostrar que eran "castellanos viejos" y que pertenecían al mundo cristiano desde los tiempos del románico. No es tampoco algo solo propio de Cáceres. Trujillo, Plasencia e incluso Mérida tienen edifícios tardorrománicos que están ya completamente pasados de moda en el momento de su construcción y que se levantan con estas intenciones ideológicas y artísticas tan peculiares. En cualquier caso, una interesante amalgama de estilos que pone a prueba nuestros prejuicios históricos.

 Canecillos románicos y gárgolas góticas comparten espacio en Santa María