quinta-feira, 25 de agosto de 2016

DE VISITA A LA SIERRA DE TORMANTOS... ANTES DEL INCENDIO DEL JERTE.

         
     Por fin hemos hecho una ruta 
Punto de partida de nuestra ruta: Peñanegra, 
a ocho kilómetros de Piornal con bicicleta. 
decente por la sierra de Tormantos, de la mano del tío Crispín, que nos llevó desde Peñanegra hasta las cumbres cercanas a la Garganta de los Infiernos, lugar ahora quemado. Antes de seguir y para evitar dramatismos, aseguramos que la inmensa mayoría del paisaje que se ve en las fotos no se ha quemado y que el incendio ha tenido un efecto limitado en el entorno que hemos visitado. Eso no quita por supuesto que sea una auténtica lástima que estos actos ocurran y que encima sean provocados...  
Linde entre Navaconcejo y Piornal. Cayeron tortas aquí
entre piornalegos y navaconcenses, y eso que eran los tiempos
del Generalísimo y la violencia se resolvía a golpe de cárcel...
   En realidad el paisaje de las cumbres de Tormantos -al igual que lo que se ha quemado- es hermoso y sencillo al mismo tiempo, y tiene más que ver con la geología y el entorno paisajístico en general. Las cumbres de Tormantos forman mesetas altas, al igual que el entorno de Piornal, imposibles de ver desde el fondo del valle. Inmensos berrocales, desfiladeros verticales, formas erosionadas del granito en foliación o en típicos bolos, enclaves migmatíticos, todo esto entre pastizales de montaña, piornos y algún brezal o algún roble achaparrado en las partes más bajas. No hay que olvidar que estamos a más de 1500 metros y las formaciones boscosas ya no se dan a estas alturas. Sí hay pastizales y vegetación herbácea que debe ser de gran interés en la primavera, pero en verano, salvo los lugares cercanos a manantiales, el pasto está seco.
Piedra caballera en el entorno de Peñanegra, una elevación
 granítica en desmantelación (1438 metros).
Las puntas de cuarzo son abundantes en las laderas de
Peñanegra o en el puerto de la Padrona. 
 Quitando las primeras quitameriendas de la temporada (Merendera pirenaica), apenas tuvimos ocasión de ver flores. Sobre bichos, las zonas bajas de Peñanegra y los manantiales de montaña en general son conocidos y temidos entre los lugareños por la presencia de víboras. No son raras las picaduras al ganado por las víboras. Pero nada de eso hemos visto; en su lugar, aparecían debajo de las piedras los típicos alacranes, bien hermosos y con el aguijón en alto. Ranas comunes y culebras viperinas en el embalse de Peñanegra, lagartijas colilargas e ibéricas en los berrocales soleados son los animalitos más comunes de ver por aquí, aunque seguro que encontraríamos ranas patilargas o lagartos ocelados más arriba (hace muchísimo que el GP no los ve en estos lares). Cuando estás en las cumbres en realidad no ves mucho más que el ganado. Creemos que es mejor alzar la vista al cielo y encontrar con suerte algún halcón peregrino, como tuvimos ocasión de hacerlo, y disfrutar con sus vuelos. No faltaron, como siempre, buitres leonados, que usan algunos de los desfiladeros para sus nidos. 
Cumbres de la sierra: al lado izquierdo, la Vera, mientras
que al derecho bajamos al Jerte. 
    Está claro que para las alturas del año que estamos, sin flores ni pastos, la geología es el campo con el que tenemos que disfrutar en la zona -aparte del paisaje, of course-. Ya hemos comentado la paragénesis típica del lugar: es un buen lugar para encontrar ejemplares decentes de los minerales típicamente graníticos: turmalina, maclas de feldespatos, micas moscovita y biotita, y por supuesto, mucho cuarzo. En los alrededores de Peñanegra y en el puerto de la Padrona, transcurren gran cantidad de filones de cuarzo. Ocasionalmente nos encontramos en uno de los puntos elevados del altiplano esquistos con apariencia migmatítica y abundantes en granate, residuos de los materiales geológicos previos a la elevación del inmenso batolito del Sistema Central. 
El berrocal en la cumbre, entre piornos y pastos.
   Pero lo mejor, volvemos a decir, lo constituye el propio paisaje del berrocal granítico, con sus grandes bloques erosionados por foliación, presentando el aspecto de grandes lascas, o mostrando los típicos bolos redondeados del granito. y  Todo ello, paseando por el techo de la región, entre los 1400 de Peñanegra y 1800 metros de La Panera con sus vertiginosas caídas por la pendiente, creando desfiladeros a un lado y otro de la cumbre... 
   Por último, contábamos con una cámara de vídeo en ese momento en lugar de nuestro habitual cacharro, y el tío Crispín empujó al GP a grabar sus alacranes, los paisajes y pedruscos del lugar. Os dejamos el vídeo, que ya está subido en otros lugares. 





Caída en Peñanegra.

Granitos foliados en grandes lascas, en las cinco cruces.

La Panera, la montaña más alta que se ve a la izquierda, lugar donde acababa nuestra ruta. Por detrás,
la inmensa nube de humo producido por el incendio en la 
Garganta de los Infierno, solo dos días después de completar nuestra ruta.


sexta-feira, 29 de julho de 2016

INSECTO PALO (LEPTYNIA) EN AGUAS VIVAS

Al principio nos resultó un poco complicado reconocer la diminuta cabeza de nuestro chico, tan solo por oposición al abdomen, mucho mejor reconocible... 
Según aconsejan diversas fuentes, podemos encontrar este magnífico insecto entre las ramas de la retama negra, que es
donde se encuentra nuestro amigo, y que constituye su principal fuente de alimentación. 
























Con semejantes maravillas en la naturaleza,
¿es realmente necesario buscar pokemon
con un móvil?
    Cuando nos decimos muchas veces que no hay forma de encontrar vida en la estepa cacereña de julio, hay que matizar las palabras. De hecho, este es uno de los bichos más espectaculares que podemos encontrarnos en nuestro entorno, que pasa fácilmente desapercibido, y que encima por ser invertebrado, está infravalorado. Presentamos al Excmo. Sr. Don insecto palo, Leptynia (tal vez hispanica), si no nos equivocamos. Y este es mi mejor pokemon encontrado hasta la fecha. Mis encuentros con este bichito se han reducido a un par de ocasiones con la bicicleta, subiendo la cañada del Casar por Aguas Vivas. Una parada para repostar agua con Eduardo Reveriego (cuñado del GP) y allí mirando entre el pasto apareció el insecto palo. Esa vez no tenía cámara, así que a los dos días volví a ese mismo lugar y allí estaba otra vez, casi inmóvil  y petrificado desde la última ocasión. Ahí ya estuvimos enredando (y molestando) al pobre bicho, cambiandolo de ramas, obligando a trepar y moverse, haciendo fotos.
El entorno: el llano convertido en estepa.
    Decididamente, este es un bichito que te engatusa para observarlo un rato con tranquilidad y merece la pena dejar la cámara a un lado y contemplarlo en su ambiente. Incluso el GP estuvo tentado de llevárselo a casa, pero las probabilidades de supervivencia habrían sido nulas con nuestro gato... 
    A pesar de lo raro de nuestro encuentro (creo que solo me he encontrado con insectos palo tres o cuatro veces en mi vida), parece ser que esta especie es muy abundante, pero su perfecto mimetismo la hace prácticamente irreconocible en el entorno. Hay que ser paciente para encontrarlo y saber dónde buscar. Un buen sitio pueden ser los retamales bajos sin demasiado pastizal, donde el insecto palo encuentra su alimento. Pero en realidad, podemos toparnos con él en sitios más cercanos, como una piscina de verano. Suerte, para los buscadores de insectos...  

sexta-feira, 22 de julho de 2016

ARAÑAS TIGRE AL ACECHO DEL PASEANTE POR EL MONTE ABUELA

La fantástica araña tigre (Argiope lobata), es muy frecuente en todo nuestro entorno, especialmente en el verano..
Panorámica de la pequeña Sierra de Aguas Vivas desde Monte abuela.
Crestones cuarcíticos cerrando el sinclinal y cambiando de orietación.
Majuelos espinosos, retamas endurecidas y pasto seco. Un paso intransitable...
       Hace tiempo que el GP quería investigar el último monte de la Sierra de Aguas Vivas, el Monte Abuela, el último recodo que hacen las cuarcitas del Sinclinal de Cáceres hacia el noroeste, y que tiene como límite la antigua carretera de Salamanca. Pero hacerlo en verano ha sido una idea demencial. Todo lo fascinante que tiene esta pequeña sierra durante el resto del año se vuelve en nuestra contra si queremos dar un paseo. El verano es una prueba de fuego para el bosque mediterráneo: los altos pastizales de este año se han endurecido y reducido a esqueletos vegetales, las flores y frutos de leguminosas y compuestas se te clavan en la piel, al igual que hacen los cardos de verano. Y si lo haces a las bravas, en calzonas, atravesando pastizales y sorteando cercados, peor todavía. En definitiva, acabamos con las piernas doloridas y rozadas por todas partes, casi con una torcedura de tobillo y tampoco conseguimos ver gran cosa. Eso sí, tuvimos la ocasión de toparnos con uno de los animalitos más típicos del verano, la araña tigre. La verdad es que este arácnido no es difícil de ver en muchos sitios y abundan más que los Pokemon Caterpie, pero aquí, por la vegetación arbustiva y herbácea, es singularmente fácil toparse con ella.
La araña en el centro, con una telilla en zigzag característica de esta especie.
Alguien ve la araña? El GP tampoco. Esa es la razón de nuestro odio.
La araña con un saltamontes envuelto en tela (o tal vez un pokemon).
      Esta araña pasa por ser un bicho inmundo para los excursionistas veraniegos por la mala costumbre que tiene de hacer sus grandes y resistentes telas de araña en los senderos rodeados a ambos lados de arbustos (retamas, tomillo, piruétanos etc... y también les valen las rocas). Así que tú vas tan confiado y alegre por un sendero cuando notas que te tragas una tela con las manos o incluso a veces la cabeza, y ya cuando de pronto ves el pedazo arañón que tiene en medio la tela, no puedes evitar gritar con espanto o dar un salto hacia atrás. Hasta tal punto te da sustos que el GP acostumbra a ir con un palo por algunas veredas de verano abriendo el camino. Y es que el respeto no es para menos. Las hembras de las arañas tigre pueden alcanzar tamaños considerables de casi tres centímetros (los machitos son unos mindunguis a su lado, como ocurre a menudo en el mundo invertebrado). Su barrigón panzudo y lobulado la hacen de apariencia realmente temible. Y sobre todo, ese perfecto mimetismo con el ambiente nos hace desconfiar de estos senderos escasamente transitados y que son el paraíso de la Argiope lobata. En realidad, la picadura de la araña tigre -por lo que dicen por ahí-, no reviste peligro, descontando las alergias que podamos tener hacia el veneno de los arácnidos, aunque sí puede ser momentáneamente dolorosa. Pero ya solo su temible aspecto hace sudar al GP. Después de la sesión fotográfica, se nos aparecieron en sueños por la noche. Scaryyy...  
   
En un par de segundos, el saltamontes está listo para ser devorado...

Posición de espera, con las patas en par.
Decididamente, los varones no somos nadie en el mundo arácnido...

sexta-feira, 15 de julho de 2016

DE VISITA A... LAS CHARCAS DE ROSARITO

Frondosas saucedas en el propio dique del embalse: un entorno único en la zona próxima a Cáceres, realmente reticente a la hora de conceder entornos para la vegetación riparia.

Charca de Rosarito III
    El mismo día que el GP se juntó con sus amigos los buitres por los canchales de Aldea Moret, completamos nuestra excursión bicicletera en las charcas de Rosarito. Estos básicamente son un conjunto de humedales que están a medio camino entre Aldea Moret y los Barruecos, y que no siempre son fáciles de ver, puesto que permanecen casi ocultos desde los dos caminos de acceso principales. 
El berrocal granítico con sus típicos bolos permite "chimeneas" de cigüeñas.
Garzas y garcetas en las charcas residuales del verano,
delante de una barrera de juncos churreros y zarzamoras. 
   El lugar fue, en su parte norte, un campo minero de estaño a cielo abierto, en el que se extraía la casiterita a partir del lehm granítico, al igual que en los Arenales. Al igual que en este lugar citado, estas explotaciones causaron un gran impacto sobre el terreno, provocando hondonadas y hoyos en el y eliminando buena parte del suelo fértil. Pero también estas explotaciones acabaron provocando la aparición de numerosas charcas artificiales, favorecidas por la impermeabilidad del terreno granítico y creando zonas bajas húmedas, con agua durante al menos una parte del año (para los amantes de la geología, hay que decir que del estaño no queda nada). Estas charcas serían aprovechadas por el ganado de la zona, pero aquí la regeneración vegetal del terreno es más llamativa que en otros lugares, apareciendo especies riparias poco extendidas en otros sitios,
Los sauces en su forma arbustiva son abundantes por toda la zona,
 y señalan la presencia de agua durante buena parte del año.
incluyendo los Barruecos. 

Zanahorias silvestres a sus anchas en la orilla del embalse Rosarito I.
Cualquier charco está rebosando de anfibios, y por encima de todo,
ranas comunes. 
En el lado sur, donde está  el dique de Rosarito I, podemos encontrarnos un pequeño embalse más típico de la zona. Está hecho sobre una vaguada del terreno sobre un regato que acaba desembocando en las charcas de los Barruecos. Aquí, geológicamente hablando, el terreno en su parte alta está marcado por bolos graníticos, pero en su parte más baja dominan los esquistos, sometidos a metamorfismo de contacto. Quizás la diferente dureza de las rocas favoreció una mayor erosión de la vaguada sobre la que se construyó el dique.  En los berrocales cercanos se pueden ver un contacto directo entre los esquistos, con su estratificación original frente a la homogénea roca granítica, algo no siempre fácil de ver. Estos esquistos tienen forma bandeada en ocasiones y marcan la aureola metamórfica de contacto con el batolito de Cabeza de Araya, presente en toda la zona cercana del Salor. 
Culebra de agua... descubierta bajo un neumático viejo al lado de una charca.
    Lo más llamativo de la zona resulta la abundancia del sauce (Salix salvifoliae), en formas arbustivas e individuales, pero también formando estructuras más densas y alcanzando alturas arbóreas, sobre todo en la zona del dique principal. Esto constituye algo muy difícil de ver en las cercanías de Cáceres, y lo convierten en la única sauceda importante en todo el centro de la provincia. Acompañan a esta especie juncos churreros y zarzas en las zonas menos húmedas y espadañas en las charcas permanentes. 
Los esquistos son abundantes en la zona, negruzcos, bandeados
 y de grano fino, con alta presencia de cordierita y biotita. 
 Respecto a la fauna, anfibios, reptiles y aves se concentran en esta zona y son un interesante reclamo para aquellos que busquen el encuentro animal. Sin mencionar aquí la fauna piscícola, que atrae a bastantes pescadores a la charca de Rosarito, las culebras de agua (Natrix natrix), los galápagos y las ranas comunes son bastante fáciles de ver, especialmente en el verano, cuando estos animales se concentran en los lugares donde se mantienen masas de agua. 
Respecto a las aves, garzas, cigüeñas, cigüeñuelas, garcetas, garcillas bueyeras, pollas de agua y anades se ven también sin dificultad. A finales del verano es fácil encontrarnos bandadas de cigüeñas jóvenes posadas sobre esta zona en busca de comida. Durante el invierno, los campos cercanos están llenos de chorlitos y avefrías. Y todo esto sin olvidar que nuestro último avistamiento de buitres y milanos ocurrió a tan solo un par de kilómetros de la zona, y hace altamente recomendable la visita del lugar en bicicleta...

Zonas de acceso abierto a los embalses de Rosarito.


sábado, 9 de julho de 2016

ROCAS DE LA ALCAZABA DE MÉRIDA

Construcciones típicamente musulmanas con torres cuadradas, reaprovechando
la antigua base romana 
Juan paseando por la calzada romana dentro de la alcazaba. 
Materiales nobles: capitel visigótico en mármol.
   Y seguimos hablando de piedras. Esta vez nos movemos un poco más al norte y llegamos al Guadiana y la ciudad de Mérida. En opinión del GP, una de las mejores ciudades de Extremadura para ver la geología local en sus antiguos muros. Precisamente, al igual que Cáceres, porque buena parte de sus vestigios históricos están desnudos y no encalados, podemos rastrear bien cuáles eran los materiales usados por las civilizaciones romana, visigótica y árabe y cómo es la petrología próxima a este lugar. La gran diferencia con Cáceres es que Mérida tiene una mayor complejidad geológica que la que aparece en la primera, y lo que podemos encontrarnos en sus restos arqueológicos, son una auténtica colección de rocas variadas y singulares. De hecho, la ubicación de Mérida en el lugar que está actualmente obedece no solo al fértil valle del Guadiana, sino también a la
Roca gabroide en los muros exteriores de la alcazaba, con típica
textura gris.
 disponibilidad de rocas apreciadas por los romanos para la construcción, como el mármol o el granito.
Roca bandeada gneisítica, con el gabro como posible roca de partida
  El lugar del anfiteatro y el teatro romano es quizás el mejor lugar para investigar estos pedruscos, por la enorme cantidad de bloques a la vista sin el recubrimiento de granito o mármol y mezclada con la argamasa típica romana, y otro día meteremos algunas fotos. Pero en esta ocasión nosotros -Juan y el GP- estábamos disfrutando de la orilla del río y de la alcazaba, un lugar menos conocido, pero interesante
 geológica y arqueológicamente hablando.
Anfibolita de grano muy grueso, posiblemente extraída de las cercanías de
Mérida. También en los exteriores de la alcazaba.
 Nos ubicamos históricamente: la alcazaba es una imponente fortaleza que se levanta a orillas del Guadiana. Mérida no fue la gran ciudad romana durante la dominación árabe, pero siempre mantuvo una población lo suficientemente significativa y levantisca para que los árabes se preocupasen de mantener una guarnición importante que garantizase el orden en la ciudad. Por eso a principios del siglo IX, y por culpa de los levantamientos mozárabes contra el poder del emirato de Córdoba, Abderamán II ordena el levantamiento de esta gran fortaleza, reutilizando buena parte de materiales romanos y también visigóticos y empobreciendo lógicamente
Roca de carácter diorítico por la presencia de anfíbol, más oscuras
 que los granitos típicos.

las defensas romanas de la ciudad. 
 Lo mejor arquitectónicamente hablando de la alcazaba se ve mejor por fuera que por dentro, con la excepción del edificio que conecta a través de una larga galería doble, construida todo en sillares de granito  con un
aljibe ubicado prácticamente por debajo de la muralla, cerca del río, y de los restos romanos excavados en el nivel inferior de la construcción árabe. 
Alternancia de materiales oscuros -cuarcitas, gabros, anfibolitas- y
sillería de granito de origen romano, y nuevamente, reutilizado por los árabes. 
Balas de cañón en granito de la época de las guerras civiles
de Juana la Beltraneja (finales del siglo XV).
    Los materiales que se usan en la construcción son extremadamente variados. Por supuesto el granito es el dominante para las torres y muros defensivos, de origen en buena parte romano, y utilizando de tanto en tanto otras rocas. En el interior, el mármol aparece -nuevamente reutilizado por los árabes- para los dinteles y frisos de las puertas, como se ve en el acceso al aljibe -aunque no tenemos ni idea si esa es su ubicación original, o si se ha hecho después-. No hay que olvidar que el mármol es la piedra de lujo y ostentación entre los romanos y visigodos. Sin embargo, en los muros orientados al río es muy fácil ver materiales de relleno, menos nobles, como son rocas básicas, cuarcitas, anfibolitas, sin apenas pulido, unidas por argamasa y que se asemeja bastante a las construcciones pobres de Cáceres. Aquí podemos encontrarnos de cuando en cuando interesantes ejemplares de dioritas,
Mérida fue cantera gratis para todos los pueblos posteriores a Roma:
aquí, sin problemas para reutilizar tumbas romanas abandonadas. 
 anfibolitas, gabros, algunas calizas y cuarcitas, a veces con mineralizaciones visibles de pirita pseudomórfica o de otros minerales de hierro. Son llamativas las anfibolitas -según los mapas geológicos de la zona- por el tamaño de sus granos. Por cierto, si damos una vuelta por los parques del río, no será difícil encontrarnos con serpentinas verdosas impregnando calizas oscuras.   


Sillares romanos reutilizados en el muro exterior
de la alcazaba, mostrando agujeros (posiblemente
estarían recubiertos de otro material). 
Impresionante pasadizo hacia el aljibe,
construido en granito y con un muro
de apoyo en el centro, dividiendo en
dos la galería

Construcción a hueso, y almohadillado.
Typically Roman...
Dintel con decoración visigótica, y esculpida
en mármol. Reutilizada por los árabes para el fantástico aljibe de la alcazaba.
Mapa geológico de los alrededores de Mérida: 2 y 3 son granitoides con anfibol, gabros y rocas dioríticas, 22: serie negra (grauwakas, pizarras y lutitas negras). 36: calizas.... 

quarta-feira, 6 de julho de 2016

BUITRES EN LOS BERROCALES DE ALDEA MORET

La familia al completo: dos buitres negros y seis leonados. Ambas especies parecen convivir sin problemas y se las ve unidas en muchas ocasiones, especialmente con comida por medio...
Un buitre negro detrás del granito, con su mancha blanca en la
nuca y su cuello envuelto en plumas.
Buitre leonado solitario sobre una roca, con su largo y desnudo cuello.
Su pico encorvado es letal y puede cortar como la tijera más afilada...

   Ciertamente, ver buitres al lado de Cáceres ya no es ninguna noticia novedosa. Los vemos sobrevolando nuestra ciudad de cuando en cuando, y basta salirse del perímetro urbano para verlos a veces en gran número y tanto negros como leonados.  Otra cosa es tener la suerte de contemplarlos posados tranquilamente sobre los peñascos, o sorprenderlos dándose un buen banquete. Esto ha sido algo menos habitual, aunque contamos al menos otras dos ocasiones en el pasado desde que arrancamos este blog, y curiosamente, siempre en este entorno, al sur de Aldea Moret. Pero hay que admitir que la oportunidad que ha tenido el GP esta semana de contemplar estos animales ha sido indudablemente distinta...
Uno de los buitres negros levanta el vuelo, agobiado por el GP. 

Buitre negro y buitre leonado, cada uno en un peñasco al romper la mañana. 
 La historia del GP con los buitres empezó muchísimo antes, y aunque amenace con aburrir soberanamente al lector, no puedo evitarla. Con diez añitos empecé a leer libros de ecología y naturaleza, y llegó a mis manos un libro grandote y voluminoso llamado Monfragüe, sierra brava. Me impactaron las fotografías que hicieron José Luis Rodríguez y sus compañeros en el libro, y sobre todo el capítulo destinado a los carroñeros, narrando las dificultades para poder fotografiar a los buitres en plena tarea. En los ochenta se veían los buitres -el leonado y especialmente el negro- como especies altamente amenazadas, y solo visibles en entornos como el parque natural. Allí hice mis primeras fotos de leonados como algo completamente exótico...  
Un buitre negro más se junto a la foto de familia...
Hoy en día, sin dejar de considerarlos como especies que necesitan protección, casi los entendemos como una especie suburbana (al menos en Cáceres), imponente. Las proezas de los ecologistas de los ochenta ahora empiezan a ser posibles a un nivel más humilde para gente aficionada a la naturaleza sin necesidad de viajar más que con una bicicleta...
Esa mañana, más temprano de lo habitual -7:00- el GP se dirigía a las charcas de Rosarito, a medio camino entre Cáceres y los Barruecos, cuando al pasar por los berrocales cercanos a la autovía, empezamos a ver figuras en lo alto de las peñas graníticas. Al principio pensamos que eran milanos negros, pero resultaban demasiado grandes, y ya cuando fuimos capaces de ver el cuello pelado de uno de ellos salimos de dudas... Sorprendentemente, no eran un par. En cada bloque de granito podíamos observar parejas o individuos aislados, tanto de buitres negros como de leonados, que acabaron congregándose en el peñasco más alto de los alrededores. Los milanos planeaban a su alrededor, quizás soliviantados por tanto intruso. Y el GP se acercaba a ellos, sometido a su magia y su presencia. Y por supuesto, ellos retrocedían cada cierto tiempo. Hasta que al final, después de estar un rato contemplándolos en el silencio de la mañana (y echando por supuesto multitud de fotos inútiles), los buitres decidieron levantar el vuelo y desaparecer entre el berrocal.  
    En fin. Después de tanta palabra, y si queremos una conclusión, el GP recomienda que en lugar de visitar zoológicos lejanos, salgan un rato con la bicicleta por los alrededores de Cáceres bien temprano. Porque en ese mismo día de fantásticos buitres, nos encontramos además animales más humildes pero no menos interesantes como cigüeñas, abubillas, milanos, garzas, garcillas, ranas y culebras de collar. Tantas cosas, que tenemos material para rellenar el blog lo que queda de verano... 



Al lado, uno de los libros que despertaron en el GP la
pasión por la naturaleza, allá por los ochenta...