sábado, 13 de fevereiro de 2016

DE VISITA AL... CENTRO DE RECUPERACIÓN DE AVES DE LOS HORNOS

Carolina mostrando una lechuza a los alumnos de las josefinas. La pobre lechuza había nacido sin ojos. A pesar de su tamaño, la lechuza no pesaba más de 300 gramos.
El anarca punkie de los carroñeros: el alimoche.

La estupenda guía Carolina mostrando al cernícalo "Monigote". 

Cuando la compañera Blanca nos invitó a ir con su clase de geografía al centro de recuperación de aves de los Hornos, al GP se le encendió la luz. Después de unas semanas en el que el GP ha hecho de todo (interpréte de inglés, profesor, e incluso estudiante universitario de psicología), necesitábamos un reencuentro con la tierra y la madre naturaleza como el comer. Y francamente no hay mejor sitio en los alrededores de Cáceres para conocer fauna silvestre amenazada, (y de la buena), como este lugar.  

Ya dentro, Carolina, la cuidadora y encargada de las visitas, nos puso al corriente de los "convalecientes" del centro. Había casos de accidentes, envenenamientos,
Un grupo heterogéneo: milanos, águilas perdiceras...
deformaciones de nacimiento, enfermedades cardiovasculares, deformaciones provocadas por una mala alimentación en la crianza de las aves... Pero una vez que los tienes delante, estos pobres lisiados y enfermos no nos dejaban por ello de sorprender por su belleza y su fortaleza. La lista de los magníficos animales que podemos observar es larga: una amplia muestra
Cigueña negra: el teclado portugués no me deja diéresis.
de águilas (águilas  calzadas, imperiales, reales, perdiceras y culebreras), carroñeros (buitres negros y fantásticos alimoches), cigueñas negras, garzas y garcillas, milanos, lechuzas y buhos. Incluso dentro de los mamíferos,  teníamos la representación de meloncillos, ginetas y nutrias. Mención aparte merece el proyecto de recuperación del cernícalo primilla: el centro dispone de multitud de parejas reproductoras para una población menguante en el exterior.
Cernícalos primilla en cautividad, y el problema de la filopatria.
Buho real, hinchado como una pelota.
Sus garras pueden atravesar la mano. 
    Lo más relevante de todo era sin duda la historia que existía detrás de cada animal, y Carolina nos mostraba ampliamente cómo la ingerencia del hombre en la vida privada de los animales silvestres provocan daños en los individuos que los cuidadores humanos a veces no caen en la cuenta. De forma básica, y más allá de los típicos casos (atropellamientos, accidentes, caza furtiva etc...), nos encontrábamos con peculiares casos como por ejemplo la importancia de la impronta (el fenómeno estudiado por Konrad Lorenz, según la cual la primera experiencia vital de los animales es fundamental para su adecuado comportamiento posterior). Cuando recogemos animales al nacer, las aves y los mamíferos activan un mecanismo que imita la conducta de sus cuidadores, a los que reconocen como sus progenitores. De esta forma, los animales cautivos depredadores no desarrollan adecuadamente sus instintos de caza y se vuelven incapaces de sobrevivir en la vida salvaje. Este fenómeno de impronta desvirtuada era el caso de una pareja de ginetas que vivían en cautividad y que no podían regresar a su hábitat natural.  

    Igual de complejo dentro de la reproducción en cautividad es el comportamiento filopátrico de muchas de las aves migratorias. La cría en cautividad tiene el inconveniente de que muchas aves regresan a su lugar de nacimiento, como es el caso del cernícalo primilla. Es por ello que los cuidadores de las puestas del cernícalo necesitan tener mucho cuidado para evitar que la eclosión de los huevos en el centro suponga el retorno de ejemplares que desean ser puestos en libertad en otros territorios.

     Otro problema provocado por el cuidado irresponsable de los humanos parte de la alimentación de las rapaces. Incluso cuando con la mejor de las intenciones, muchas personas han alimentado a rapaces caídas del nido, heridas o capturadas, la alimentación que se ha dispensado a estos animales ha sido completamente insuficiente para sus necesidades nutricionales. De esta forma, en su proceso de crecimiento, estas aves han desarrollado problemas en los huesos y plumas (provocados por ausencia de calcio) que les imposibilitan de por vida para el vuelo. Plumas deformadas y huesos de alas rotos suelen provocar una total incapacidad de estas rapaces para la vida en libertad. 

  Por último, un problema particular y extremadamente grave lo constituyen los casos provocados por envenenamiento. Este suele ser un envenamiento
indirecto y dificil de controlar. Esta es por ejemplo la singular historia de la lechuza Edward, que se alberga en el recibidor del centro. Esta preciosa lechuza macho sufrió una grave intoxicación que acabó con su visión paulatinamente y la dejó completamente ciega en el día de hoy. Carolina explicaba la posible causa: los productos tóxicos en los campos (desde herbicidas a otros compuestos) se introducen en la cadena alimenticia por medio de la ingesta de estos productos en muy diferentes animales: muy posiblemente Edward tuvo la mala suerte de cazar un ratón moribundo. Al devorar el ratón, el veneno pasó a Edward y le causó la ceguera. Este envenamiento alcanza dimensiones enormes y por supuesto nos alcanzan también a nosotros. Algo que el primo Carlos ha estudiado muy bien en sus estudios de toxicología y que Alfredo Anega nos repite todas las veces que hemos salido al campo con él. 

El querido grupito de segundo de bachillerato, en la entrada. 

sexta-feira, 5 de fevereiro de 2016

MELANOLEUCAS: SETAS INVERNALES SUBIENDO LA MONTAÑA

Vista del olivar por el que husmeaba el GP
      Como seguimos teniendo un invierno atípico, nuestras amigas las setas también aparecen de forma atípica.  Ibamos en busca de una falla enorme, según nuestro compañero Francisco del Corral, por las laderas de la montaña, y nos encontramos con un enjambre de setas en mitad de un olivar, junto a otras curiosidades geológicas de las que hablaremos algún otro día. En un primer momento, el GP tuvo la sensación de tratarse de algún tipo de seta de cardo (aparecían en buen número junto a umbelíferas y formando a veces corros), pero sus láminas no eran nada decurrentes (se separaban las láminas del sombrero respecto al pie) y esto nos obligaba a abstenernos en el juicio. Una vez en casa, llegamos a la conclusión que debían tratarse más bien del género Melanoleuca, muy posiblemente M. grammopodia, aunque parece ser una especie no demasiado frecuente por nuestros lares.  En cualquier caso, llamaba la atención el gran número que aparecían por el olivar, rodeando a determinados cardos y creciendo apretadas unas sobre otras.

      Las otras setas que mostramos abajo son nuestras compañeras urbanas típicamente otoñales: los coprinos domésticos que emergen por cientos en algunas zonas del parque de Cánovas, junto a los troncos despejados de acacias y moreras. Estas sí que no tienen pérdida: lo único raro es, relativamente, la fecha. Acostumbrados a ver estos enjambres de hongos durante el otoño, estos oportunistas aprovechan cualquier tiempo favorable para extenderse... como lo que son. 

Y alguna cosilla más por estas fechas en el parque del Príncipe: orejas de Judas en el riachuelo de Aguas Vivas, junto a su entrada en el parque, junto al gran olmo derribado. Estas setas las hemos visto tanto en otoño como en primavera e invierno: su naturaleza lignícola la ayuda a estar un poquito por encima de las circunstancias.

sábado, 23 de janeiro de 2016

EXPLOSIÓN DE PIE AZUL PARA EL FINAL DE LA TEMPORADA


       La pasada temporada de setas sucedió sin pena ni gloria. Llama la atención ahora la gran cantidad de Lepista nuda (pie azul) que nos encontramos por los alrededores de Cáceres, como si nuestros queridos hongos se hubiesen desquitado de tan penoso año setero. Y es que este enero templado y muy húmedo (otra vez, relativamente anormal) ha permitido que la Lepista nuda y otras setas tardías intenten hacer algo de bulto para paliar el desastre del otoño. 
En el parque del Príncipe, el pie azul ha poblado todos sus hábitats típicos: zonas de humus de encina y alcornoque y lugares poblados con la acícula de los pinos piñoneros, creciendo en gran número y con los preciosos colores violáceos que la caracterizan. Acompañando al pie azul, los champiñones, algunos lactarios y también rúsulas y carboneras, han vuelto a reaparecer. Esto nos demuestra una vez más que el invierno no es una gran época para recolectar setas, pero que siguen con nosotros.  
Como curiosidad para el pie azul, se puede observar en las tres fotografías su evolución a lo largo de su ciclo de desarrollo. En un primer momento la seta tiene un impresionante color violeta. Esta tonalidad se va perdiendo conforme el sombrero va incrementando su tamaño, pasando a un color crema amarronado, y con una forma más aplanada. 

Hermosos champiñones silvestres: fáciles de ver en estos días bajo las encinas y alcornoques. Dehesas del cordel del Casar, algo más allá del Cuartillo (25 de enero).

quarta-feira, 6 de janeiro de 2016

CIZALLAMIENTO Y GRIETAS DE TENSIÓN EN LAS CUARCITAS CACEREÑAS

 Vetas de cuarzo sigmoidal ocasionado por cizallamiento sobre la cuarcita (cercanía mina de Valdeflores), en forma de caprichosas curvas.

En numerosas ocasiones nos hemos encontrado por las cercanías de Cáceres típicas vetas de cuarzo atravesando las cuarcitas de nuestras sierras, algunas de ellas muy vistosas, con cristalizaciones llamativas. Otras de ellas tienen orientaciones peculiares que resultan incluso misteriosas y extrañas para aquella gente observadora como el GP: pequeñas vetas en paralelo, haciendo formas curvas o de luna, que a veces resaltan mucho si la cuarcita es algo más oscura. Muchas veces nos acabamos preguntando por qué ocurren estas curiosidades geológicas.
Estas vetillas de cuarzo se corresponden con movimientos tectónicos, que sin llegar a provocar abiertamente fallas, sí producen desgarros en la roca, producto del cizallamiento.    
    Habitualmente, siempre nos enseñaban en la geología de clase a distinguir las fallas y los pliegues (el GP explica esto en sus clases de sociales de primero de la ESO), pero naturalmente las cosas son mucho más complejas. Partamos en primer lugar, por cual es el origen físico del proceso. Las placas se mueven, y eso provoca tensión en las rocas. Los geólogos llaman esfuerzo a la fuerza depositada sobre un lugar determinado. Este esfuerzo puede tener distintas direcciones, una mayor amplitud o una mayor fuerza (dependiendo también de la superficie sobre la que se concentra ese esfuerzo), lo que generará un impacto distinto sobre las rocas (dependiendo también de su composición y su ductilidad).
     Dependiendo de la dirección en la que se orienten estos esfuerzos sobre la roca, nos podremos encontrar mecanismos de comprensión, distensión o de cizalladura, como vemos en la imagen prestada de Internet. La cizalla se produce cuando dos fuerzas se oponen en paralelo, provocando el desgarramiento de la roca.
    Las consecuencias visibles en las rocas pueden variar mucho. El GP se va a centrar fundamentalmente en las cuarcitas de Cáceres, que son las que él ha visto mejor. Con el proceso de cizalla, estos desgarramientos o grietas son después rellenados generalmente con cuarzo, dejando esa particular geometría en las rocas, con apariencia "sigmoidal" (esta palabreja viene de la grafía de la letra sigma griega), en paralelo o curvado. Las vetas alineadas en paralelo parecen puntos de sutura sobre la roca abierta en canal. Estas peculiares formas pueden aparecer por todo el sinclinal de Cáceres, pero básicamente en la cuarcita. 
subida a la sierilla, vetas de cuarzo sigmoidales. 
Afloramiento original de las cuarcitas con cizalla.
     Si nos preguntamos por cuándo ocurrieron estas peculiaridades, aquí nos callamos prudentemente. Siguiendo los estudios de otros autores expertos en la materia, estas tensiones tectónicas posiblemente siguieron a la formación de la falla Alentejo-Plasencia, al periodo jurásico. Esa es al menos la explicación que se da para los sinclinales de Mofrague y Cañaveral. Cuando esta falla se creó, provocó una importante actividad tectónica en las cercanías de la falla, originando importantes procesos de comprensión y deformación plástica de las rocas circundantes. Habitualmente, los hallazgos de estas rocas por el sinclinal aparecen en ejemplares aislados y separados de su ubicación original, lo que no permite explicar adecuadamente su origen, y tan solo intuir lo que pudo ocurrir en tiempos tan remotos. 
Venas oblicuas de cizalla y en paralelo. Subida a la sierrilla, a la altura del club de tenis Cabezarrubia.

quarta-feira, 30 de dezembro de 2015

2015, AÑO POBRE EN ORQUÍDEAS Y SETAS

Paneolos alucinógenos a finales de diciembre (llanos del Casar).
     Siendo fin de año, podemos hacer una breve descripción de lo que ha sido el 2015 para el GP, en términos micológicos y botánicos: bastante pobre. Sin necesidad de mencionar toda cuestión relacionada con el cambio climático -que también aporta su influencia-, las irregularidades propias del clima mediterráneo han jugado sus cartas contra muchas de las especies más dependientes de la cantidad de lluvia precisa y en el momento justo. Así, después de un otoño de 2014 extremadamente húmedo, le siguió un invierno muy seco y una primavera muy justita e irregular en precipitaciones. En consecuencia, nuestras orquídeas encontraron muy pocos recursos para alimentar sus tubérculos durante los meses fríos y permitir la floración en los meses de marzo y abril. Con la excepción de la Orchis Champagneuxii, siempre relativamente abundante, y alguna Ophrys tenthredifinera, en casi todas las ocasiones agostada por el calor, apenas hemos visto nada relevante durante este año. Cierto que las salidas del GP no se pueden comparar con las de otros años, pero no han faltado nuestras visitas primaverales a los puntos clave que ya conocemos, con resultados bastante negativos.
    Pero si la campaña de primavera fue escasa, aún más sería el otoño. Este último otoño ha sido francamente caótico e impredecible para los recolectores de setas. Algunos de los micólogos tenían grandes esperanzas con las lluvias de octubre, y sin embargo, a pesar de la lluvia caída, se vio que esta precipitación llegó completamente a destiempo.  Peor aún: la irregularidad de noviembre acabó por hacer desaparecer las setas de nuestros campos a finales de ese mes y principios de diciembre. El carácter seco y caluroso de la parte central del otoño ha imposibilitado cualquier resurrección mágica de última hora. Frente a un año extremadamente rico, variado y prolongado de 2014, el pasado otoño ha sido terriblemente escaso. Sin contar con las setas de parques, que evidentemente no cuentan, las únicas especies realmente variadas han sido las setas de prados (pequeñas lepiotas, bejines, clitocibes, volvarias y senderuelas), mientras que la gran mayoría de las setas de tamaño medio o grande que forman micorrizas con las especies de nuestro entorno (encinas, alcornoques, pinos, chopos...) apenas han aparecido. El paseo por las dehesas más cercanas a Cáceres ha sido decepcionante, sin macrolepiotas, amanitas, boletus o níscalos. La Amanita phalloides y la Amanita Cesarea, típica de los septiembres lluviosos, han estado completamente ausentes. Tan solo las pequeñas estrellas de tierra y algunos champiñones silvestres hacían su aparición. Únicamente una seta más tardía de buen porte como la Lepista nuda ha conseguido desarrollarse bien en algunos encinares.
 
El desequilibrio precipitacional se ve en el mes de septiembre (sin apenas precipitación), y a partir de la segunda mitad de noviembre.
    En consecuencia, resulta importante, más que la precipitación global estacional, su reparto equilibrado. En los hongos, las lluvias puntuales de septiembre permiten reactivar los micelios del estío y comenzar su crecimiento; incluso sin necesidad de que estas precipitaciones sean demasiado abundantes, se hacen fundamentales. Si esas lluvias se retrasan en exceso, como ha ocurrido este último año, los micelios no lograrán el punto óptimo de crecimiento. Incluso cuando esto pudo producirse, el brusco parón de precipitaciones de noviembre, ocasionado por el irregular comportamiento de las altas presiones sobre la península, acabó con toda posibilidad. Los micelios necesitan una vez que se reactivan una lluvia generosa dos semanas después, que permita desarrollar adecuadamente el carpóforo. 
      En definitiva, vemos las consecuencias de la irregularidad de nuestro clima en nuestro entorno. Uno no quiere pensar si a esa irregularidad le añadimos cualquier condicionamiento climático extraordinario, como el desvío del frente polar hacia latitudes más septentrionales o la presencia continuada de altas presiones sobre la península, como parece que ha ocurrido este año y lleva sucediendo casi un lustro en otra región del mundo climáticamente parecida a la nuestra, como California. Pobres setas y orquídeas. No saben lo que les espera...   
    

domingo, 6 de dezembro de 2015

LA COLINA DE LOS ALACRANES EN ALDEA MORET

    
 Un último intento en localizar setas esta temporada terminó convertido en fracaso. La dehesa del Junquillo, que en otras ocasiones y por estas mismas fechas aparecente rebosante de pie azul y macrolepiotas, estaba ahora completamente esquilmada y pelada, con el suelo seco por la falta de lluvia -más parecido a mayo que al mes de diciembre-, y con bastante basura acumulada, suponemos que por el día de las castañas y otros domingueros. Y es que el tiempo acompañaba a domingueros desaprensivos: el sol y el calor eran bastante considerables: el granito parlanchín iba en camiseta a las cinco de la tarde, en las laderas de solana. Y puesto que no había setas, nos pusimos a buscar piedras.
     Las colinas que cierran la dehesa del Junquillo tienen, igual que en otras muchas partes de la cara sur de Cáceres, hondonadas y restos de trincheras de la guerra civil. Hay grandes bloques de roca removida en toda la zona y dejan ver bien la petrología del lugar: cuarcitas sometidas a metamorfismo de contacto, arenizadas y en paulatino proceso de formación de esquistos muy ricos en mica. Pero lo de menos fueron las piedras; lo más relevante era lo que había debajo de ellas: un considerable número de alacranes. De seis o siete grandes piedras removidas, encontramos cuatro escorpiones bien hermosos y algo dormidos, ciertamente. Y es normal, si lo pensamos bien: una ladera bien soleada, arenosa y con grandes pedruscos que se pueden convertir en guaridas perfectas para estos bichejos. El GP llegó a tal punto que dejó de remover las piedras, por si acaso -los alacranes no hacen nada, siempre y cuando no se les moleste o se les toque con las manos, lógicamente-. Así que dejamos los alacranes y empezamos a recrearnos en los herrerillos, bastante menos peligrosos que estos singulares artrópodos. 




Todas las veces que hemos visitado la dehesa del Junquillo siempre nos hemos encontrado con estos dicharacheros pajarillos, escalando cabeza arriba o abajo las ramas y troncos de las encinas de la dehesa.

sábado, 28 de novembro de 2015

CORTINARIOS TRIVIALIS EN LA SIERRA DE AGUAS VIVAS

    

    La temporada de setas ha transcurrido ya en su mayor parte y ni por asomo vemos ninguna de nuestros grandes hongos de años pasados. El GP deseaba agotar ya uno de sus últimos cartuchos con la esperanza de recoger algo de interés: la cañada del Casar, poblada habitualmente de gran cantidad de amanitas, lactarios y boletus. Pero no ha habido nada que hacer. Los habituales boletos se han reducido a un par de ejemplares y este año no hay ni rastro de amanitas por la zona; quizás algún ejemplar viejo y comido por las larvas. Sin embargo, a fuerza de buscar, nos hemos topado con una especie que pasa más desapercibida cuando tiene a estos gigantones a su lado y que en esta temporada se convierten en las setas más representativas de la dehesa. Se trata de un tipo de cortinario, cree el GP que el Cortinarius trivialis, dadas sus características generales y el hábitat en el que aparece. 
       Esta seta de tamaño mediano es el primer cortinario con el que se topa el GP, aunque seguro que habría en abundancia y no los veíamos. En efecto, aunque en este paraje arbustivo y de encina aparecía por todas partes, muchos de ellos estaban enterrados y no se reconocían fácilmente: hay que remover en muchas ocasiones la hojarasca y nos damos cuenta que no es un solo hongo, sino varios, y a veces creciendo dos de un mismo pie. Como otros cortinarios, la forma más sencilla de identificarlos es buscando restos de la cortina en su pie. En el caso de esta especie, el alargado pie está rodeado de jirones de la cortina. Ocasionalmente, se puede observar la cortina en el sombrero en los ejemplares jóvenes. En fin, a falta de otra cosa, buenos son estos cortinarios escondidos bajo las encinas.