segunda-feira, 3 de dezembro de 2012

NÍSCALOS Y MEMBRILLOS EN SIERRA DE FUENTES


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El níscalo es bastante fácil de reconocer: formas circulares anaranjadas en el sombrero, esporada anaranjadas y tronco con pequeños agujeros del mismo color. Las láminas verdean rápidamente con el roce y es conveniente no tocarlas en la recogida ni tampoco aplastarlas en nuestra cesta o bolsa.
La recogida del GP, esta vez no solo para las fotos del blog, sino para su degustación. Se puede notar que al ser cortado, el níscalo suele estar hueco en el interior del pie. La recogida corresponde al 20 de noviembre, pero diez días más tarde aún se podía encontrar alguno digno de consumirse.

      Apuramos estos días para terminar nuestra selección de setas del otoño del aciago 2012 (que no será el fin del mundo porque el 2013 será aún peor, según anuncian los agoreros). Por eso, el GP ha decidido poner tantas setas en su vida, para alegrar el desastroso ambiente que se masca este mes de diciembre. Y qué mejor manera que con unos cuantos níscalos recogidos en Sierra de Fuentes y servidos en un plato preparado por los suegros. El GP nunca había visto níscalos en el campo de su señor padre, en las cercanías de Sierra de Fuentes, ni en ningún sitio de los alrededores. Quizás sea un hallazgo poco común en nuestro entorno y por eso vamos a dar una pequeña explicación. Hace veinte años el padre del GP plantó un puñado de pinos carrascos, traídos de Orense. Distinto a los típicos piñoneros mediterráneos, mi padre echaría pestes de las procesionarias que traían estos pinos consigo y siempre amenaza con cortarlos al final de cada invierno. Pero por fin, después de tantos años de juramentos y amenazas incumplidas, vemos que estos pinos gallegos han permitido crecer otros seres más benignos y suculentos para el estómago como estas setas. Los níscalos, efectivamente, crecen en los pinares (por eso las Hurdes es productora de primer orden de este hongo), pero no todos: el suelo de los piñoneros no contaba con ninguno de ellos. Quizás la falta de musgo o de humedad, o que su acícula no es tan agradable para el señor Niscalo, vayan ustedes a saber. El caso es que este otoño, los níscalos han acabado en la barriga del G.P. y de sus suegros. Mi padre, tan buen jardinero como micófobo, desistió en probarlos, al igual que las macrolepiotas que crecen todos los años al principio del otoño casi en el mismo lugar.   
Membrillos y zamboas: tan abundantes que el GP se llevó un par de bolsas enteras para repartir entre los parientes.          

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