quarta-feira, 26 de julho de 2017

DE VISITA A... LAS HEMATITES DE LA AHUMADA (SIERRA DE SAN PEDRO)


Un enorme hueco en La Ahumada,  dominado por los helechos.
Buitres en los crestones cuarcíticos.
Zona de ciervos. Ejemplares jóvenes huyendo de nosotros.
Limonita recubriendo la hematites.

Restos de viviendas pertenecientes a la mina.
   Saltamos de Mirabel a la sierra de San Pedro, hacia otro yacimiento minero de interés por las cercanías de Cáceres: la antigua explotación de La Ahumada. Solo que aquí hay que buscar y rebuscar para encontrarla y no se puede entrar en la galería de la mina, pues al parecer, aparte del peligro que supone entrar, existe una importante población de murciélagos itinerantes que usan la mina en sus migraciones. Pero como siempre, lo mejor suele estar más fuera que dentro, así que andar curioseando por la zona es siempre entretenido. No hay muchas escombreras, pero sí restos de labores y grandes hoquedades. Como puede verse en alguna foto, el campo está sorprendentemente seco,  porque esta salida es de abril, después de un mes sin lluvia.  
   Para ubicarnos un poco mejor, comentaremos que el yacimiento de la Ahumada está entre la provincia de Cáceres y Badajoz, en pleno centro de la sierra de San Pedro y a medio camino entre Herreruela y Alburquerque. Acceder a él implica que tenemos que desviarnos desde la carretera de Valencia de Alcántara hacia la EX-302, y meternos por un camino público a la altura de la vieja estación de tren de Herreruela y mantener el camino durante un par de kilómetros, en los que atravesamos el primer pliegue montañoso de la sierra. En el mismo paso, llama la atención un mojón en piedra junto a un gran bloque cuarcítico (el Cancho del peñón) que marca el antiguo límite jurisdicional de la orden de Alcántara; los caballeros de la orden fueron dueños de estas tierras desde la Edad Media hasta la reforma de Mendizabal de 1836, momento en el que se inicia la lenta secularización y privatización de toda la zona.   Al pasar el mojón entramos en un suave y despejado valle lleno de asfódelos. A pocos metros hay que desviarse por un camino privado que se abre a mano derecha; nos vamos adentrando por una fresca vaguada arbolada de alcornoques y encinas, con helechares y restos de castaños secos, en un camino suavemente ascendente hasta encontrar la boca de la mina, adentrándose en la ladera del monte. Por toda la zona hay para investigar y explorar, y desde atrás son frecuentes las cuarcitas y areniscas ferruginosas, así como restos fósiles no identificables, atribuibles a braquiópodos o bichos semejantes. En nuestro camino nos encontramos con jóvenes ciervos y buitres en lo alto de los crestones cuarcíticos. No hay que olvidar que, a pesar de no haber cercas, la zona es privada y que especialmente en la época de caza podemos causar molestias.  
Formaciones sedimentarias de hematites.

Estas formaciones, aumentadas.
Resto fósil en pizarras claras (Cancho del penón)
  Y ahora yendo ya al grano. La explotación de la Ahumada era una antigua mina de hierro, muy posiblemente explotada al igual que buena parte de las minas de la región, a finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Lo cierto es que tras la guerra civil ya estaba en desuso y cuentan los del lugar que el maquis llegó a usarlo como refugio. En realidad, es difícil encontrar mucha información sobre el yacimiento, al ser un indicio poco importante en nuestra región, comparados con los del sur de Badajoz.  Este yacimiento recordará a más de uno los propios óxidos de hierro que encontramos en el sinclinal de Cáceres o en Aliseda, entre areniscas y pizarras: unas piedras rojas o negras más pesadas de lo habitual por la presencia del metal. Aquí es igual, solo que los estratos de óxidos de hierro son de varios metros de ancho. Corresponden a areniscas y cuarcitas silúricas, al igual que en el resto de los sinclinales paleozoicos de Cáceres, correspondientes a la zona centro ibérica. La formación de estas sedimentitas de hierro, presente en cantidades variables por toda la provincia, está ocasionada por el arrastre de hierro de la tierra firme en ambientes tropicales, y después sedimentada en cuencas con determinadas condiciones ambientales que permiten la formación de estas rocas extremadamente ricas en este metal. Por lo demás, la paragénesis de la zona es prácticamente monomineral. En la entrada de la mina cerrada se observan formaciones de caolín y arcillas blancas, pero en el resto del yacimiento encontramos solo estas paredes verticales de rocas ferruginosas, llamativas en ocasiones por sus formas columnares y arriñonadas o por las formaciones de limonita. En cualquier caso, por los caminos de acceso a la mina, merece la pena observar alguno de los muchos ejemplares sueltos que se ven en los alrededores: rocas negras y pesadas de apariencia totalmente volcánica. Por supuesto, el GP no pudo resistirse la tentación y se llevó alguno para casa. 


Mojón marcando la jurisdicción de la orden.

   

Ruta hacia el lugar.
    






Ciervo con un cuerno roto. No muy contento de su situación.
   

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