sábado, 11 de fevereiro de 2012

EL ENCANTO DE LO MINÚSCULO: LÍQUENES


      Los líquenes nos pueden traer muchos pensamientos, cuando llegamos a reparar en ellos. El G.P. nunca lo ha hecho hasta ahora, y mira que en invierno son de las pocas notas de color que aparecen en árboles y muros. Para uno representa el eterno triunfo de la naturaleza sobre lo humano. Imaginen la peor de las catástrofes ecológicas. En ese ambiente apocalíptico, los supervivientes podrían ver, entre otros muchos seres vivos -no tenemos tanta capacidad destructora como dicen- a estos líquenes meterse por cualquier espacio y sobrevivir a viento y marea. Y  si bien no gustan demasiado de la contaminación, basta que esta cese para que otra vez retornen. De hecho, los líquenes son los testigos mudos del transcurrir del tiempo, casi rozando inmortalidad: convierten el presente humano en pasado histórico, y si en determinados lugares dan prestancia y reverencia, en otros son sinónimo de olvido.   
    En fin, después de este desliz romántico, el G.P. se puso a remediar su total ignorancia sobre estos fenónemos, y descubrió que se tratan de una perfecta simbiosis entre algas y hongos.Los hongos aportan las sustancias minerales -extraidas de la misma atmósfera- y las algas aportan los nutrientes origiandos en el proceso de la fotosíntesis. Fruto de esta simbiosis aparecen esas manchas de color sobre nuestros árboles y muros.  


Xanthoria parietina, hermoso líquen folioso común en todo el mundo. Nuestra cámara ha podido remarcar bien los "apotecios", una palabrota que designa el embudo reproductor lleno de esporas que se muestra multitudinariamente en la foto. Ahora el G.P. podrá decir en clase que "está hasta los apotecios", sin incurrir en la indignación general
Este íquen igual de común en nuestra ciudad, que todavía escapa del afán definitorio del G.P,
aunque suponemos que es un Parmotrema chinense. Es fácil encontrarlos juntos. 

Nuestros pequeños amigos en fotografía aérea. Parque del Príncipe.

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