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segunda-feira, 28 de maio de 2012

SETAS DE CHOPO EN EL PARQUE DEL PRÍNCIPE


Setas de chopo en plena floración del árbol, como muestran las pelusas que las rodean por todas partes.
 
  Las lluvias de mayo dieron la posibilidad para algunas especies de setas de hacer un segundo otoño, y resurgir en sus lugares tradicionales. Un ejemplo de ello lo tenemos en los champiñones amarillentos y sobre todo, en las setas de chopo (Agrocybe Aegerita). Esta es una de las pocas especies típicas que podemos encontrar con bastante abundancia durante la primavera y que permiten la salida a las choperas y riberas con el expreso fin de ser recogidas. Como aquí en Cáceres apenas hay choperas o vegetación de ribera -a excepción de unos pocos lugares del Marco-, nos contentamos con los chopos del parque del Príncipe, que tienen en abundacia a esta hermosa seta a sus pies (especialmente en los chopos del tipo Populus nigra, dominante en el parque). Aunque no se da con la profusión del otoño, es fácil encontrarse con más de cinco o seis setas por árbol: aquí ya las hemos fotografiado en estado avanzado, con la copa agrietada y mostrando sus características manchas oscuras (de joven, esa piel oscura recubre por completo la copa). Aunque ya no son aptas para el consumo cuando están tan maduras, siguen desprendiendo ese delicioso olor harinoso que las caracteriza.
El lugar donde las hemos observado. Juan ya estaba inquieto en su carro, esperando irse a los columpios.

sexta-feira, 2 de dezembro de 2011

RÚSULAS Y OTRAS SETAS...

                                          Rúsulas, creciendo entre la acícula caída de los pinos.


                                            Setas de chopo creciendo alrededor del árbol.
     
       Con medios precarios, el G.P. se ve obligado a seguir esta bitácora cueste lo que cueste. Y en esta ocasión seguimos con nuestros descubrimientos otoñales favoritos: las setas. Si una cosa tiene buena el parque del Príncipe para esto, es que por la presencia de distintas especies de árboles (pinos, chopos, praderas)  el número de diferentes hongos también se hace más elevado. Mientras el G.P hacía sus fotos correspondientes con una miserable cámara de vídeo, una pareja de señoras buscadoras de setas se acercó a nosotros y empezaron a hablarnos del tema. Nos aseguraban que habían recolectado níscalos, lepiotas, boletus aereus y otras bondades de la naturaleza en el parque y alrededores. "Las lepiotas de aquí", decían, "mejor dejarlas crecer más, no vaya a ser que nos toque alguna mala". Lo que no podía entender es su afán destructor sobre cualquier hongo que no fuera comestible. Como si las setas solo valieran por su bondad hacia el sentido del gusto y no de la simple vista...
    En dicha salida, dos setas llamaron poderosamente nuestra atención y la de nuestra patética cámara: las rúsulas y las setas de chopo. La primera aparece en los pinares y en realidad es una familia entera de setas, con multitud de especies. Aunque no demasiado altas, son muy hermosas por los colores rojizos que presentan, en contraste con su interior amarillento. Desgraciadamente, y como cualquier micófago sabe, buen número de ellas son intragables para el paladar.
      Nuestra otra seta, la seta de los chopos, se distingue fácilmente porque crece únicamente al lado de ese árbol. No sabemos si parasitando o suponemos que "micorrizando" el mismo (fascinante término con el que hablamos de una simbiosis entre ambas especies), y esta sí es mucho más buscada no por su singular belleza sino por sus propiedades culinarias. En cualquier caso, verla crecer en las raíces o en algún hueco del tronco del árbol es algo siempre hermoso.

Otra maravilla digna de verse.

                         ¿Por qué el otoño tiene que ser triste? Las hojas ofrecen buena diversión.