terça-feira, 25 de março de 2014

GRAUVACAS Y PIZARRAS EN EL CUARTILLO


Lugar de contacto de los estratos de grauvacas con los de las pizarras. Las grauvacas tienen un color más parduzco, y estaban atravesadas por numerosos filoncillos de cuarzo de origen hidrotermal. Las pizarras por el contrario presentan un color más claro y presentan una esquistosidad mucho más característica.

Como ya hemos dicho en alguna ocasión, Cáceres geológicamente hablando se  puede interpretar como un manto pizarroso que es atravesado de cuando en cuando por sierras de cuarcitas y manchas extensas de formas graníticas. Este manto pizarroso, que configura el aspecto de penillanura que muestra todo el centro de la provincia, presenta pocas singularidades y se reduce a una sucesión de capas pizarrosas, rocas areniscosas y grauváquicas que muchas veces resulta complicado de distinguir. Es precisamente en los alrededores del Cuartillo donde hemos encontrado una sucesión de pizarras y grauvacas que han permitido al G.P. identificar mejor estas rocas y separarlas oportunamente. Ya en más de una ocasión hemos hablado de cómo aparecía esta roca en el cauce de los ríos, erosionada y fácil de distinguir respecto a las pizarras. Pero aquí teniamos la oportunidad de verla fresca, in situ.
     Para quien desee una explicación más técnica, diremos que las grauvacas son rocas sedimentarias detríticas formadas por corrientes de turbidez que depositaron rápidamente los componentes de rocas sin llegar a seleccionarlos demasiado. Por eso nos encontramos a veces unos granos más grandes que otros en estas rocas e igualmente, los fósiles son raros (en las nuestras, imposibles, dada la antiguedad de la roca: unos 600 milloncejos, ahí es nada). De todos modos esta es la definición técnica, formal de un tipo de roca. Después, lo que usted encuentra en el campo, vaya a saber si cae más cerca de las arcosas, areniscas o grauvacas. Nosotros lo dejaríamos en rocas areniscosas, sin más. Doctores tiene la geología que pueden desfacer el entuerto. El pobre G.P. se limita a contemplarlas, ver las curiosas formas que hacen las vetas del cuarzo sobre ellas (algo fascinante, por cierto), y poquito más.  
Una vez que extraes las rocas del terreno, las diferencias se hacen mucho más notables entre sí.

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