quarta-feira, 6 de julho de 2016

BUITRES EN LOS BERROCALES DE ALDEA MORET

La familia al completo: dos buitres negros y seis leonados. Ambas especies parecen convivir sin problemas y se las ve unidas en muchas ocasiones, especialmente con comida por medio...
Un buitre negro detrás del granito, con su mancha blanca en la
nuca y su cuello envuelto en plumas.
Buitre leonado solitario sobre una roca, con su largo y desnudo cuello.
Su pico encorvado es letal y puede cortar como la tijera más afilada...

   Ciertamente, ver buitres al lado de Cáceres ya no es ninguna noticia novedosa. Los vemos sobrevolando nuestra ciudad de cuando en cuando, y basta salirse del perímetro urbano para verlos a veces en gran número y tanto negros como leonados.  Otra cosa es tener la suerte de contemplarlos posados tranquilamente sobre los peñascos, o sorprenderlos dándose un buen banquete. Esto ha sido algo menos habitual, aunque contamos al menos otras dos ocasiones en el pasado desde que arrancamos este blog, y curiosamente, siempre en este entorno, al sur de Aldea Moret. Pero hay que admitir que la oportunidad que ha tenido el GP esta semana de contemplar estos animales ha sido indudablemente distinta...
Uno de los buitres negros levanta el vuelo, agobiado por el GP. 

Buitre negro y buitre leonado, cada uno en un peñasco al romper la mañana. 
 La historia del GP con los buitres empezó muchísimo antes, y aunque amenace con aburrir soberanamente al lector, no puedo evitarla. Con diez añitos empecé a leer libros de ecología y naturaleza, y llegó a mis manos un libro grandote y voluminoso llamado Monfragüe, sierra brava. Me impactaron las fotografías que hicieron José Luis Rodríguez y sus compañeros en el libro, y sobre todo el capítulo destinado a los carroñeros, narrando las dificultades para poder fotografiar a los buitres en plena tarea. En los ochenta se veían los buitres -el leonado y especialmente el negro- como especies altamente amenazadas, y solo visibles en entornos como el parque natural. Allí hice mis primeras fotos de leonados como algo completamente exótico...  
Un buitre negro más se junto a la foto de familia...
Hoy en día, sin dejar de considerarlos como especies que necesitan protección, casi los entendemos como una especie suburbana (al menos en Cáceres), imponente. Las proezas de los ecologistas de los ochenta ahora empiezan a ser posibles a un nivel más humilde para gente aficionada a la naturaleza sin necesidad de viajar más que con una bicicleta...
Esa mañana, más temprano de lo habitual -7:00- el GP se dirigía a las charcas de Rosarito, a medio camino entre Cáceres y los Barruecos, cuando al pasar por los berrocales cercanos a la autovía, empezamos a ver figuras en lo alto de las peñas graníticas. Al principio pensamos que eran milanos negros, pero resultaban demasiado grandes, y ya cuando fuimos capaces de ver el cuello pelado de uno de ellos salimos de dudas... Sorprendentemente, no eran un par. En cada bloque de granito podíamos observar parejas o individuos aislados, tanto de buitres negros como de leonados, que acabaron congregándose en el peñasco más alto de los alrededores. Los milanos planeaban a su alrededor, quizás soliviantados por tanto intruso. Y el GP se acercaba a ellos, sometido a su magia y su presencia. Y por supuesto, ellos retrocedían cada cierto tiempo. Hasta que al final, después de estar un rato contemplándolos en el silencio de la mañana (y echando por supuesto multitud de fotos inútiles), los buitres decidieron levantar el vuelo y desaparecer entre el berrocal.  
    En fin. Después de tanta palabra, y si queremos una conclusión, el GP recomienda que en lugar de visitar zoológicos lejanos, salgan un rato con la bicicleta por los alrededores de Cáceres bien temprano. Porque en ese mismo día de fantásticos buitres, nos encontramos además animales más humildes pero no menos interesantes como cigüeñas, abubillas, milanos, garzas, garcillas, ranas y culebras de collar. Tantas cosas, que tenemos material para rellenar el blog lo que queda de verano... 



Al lado, uno de los libros que despertaron en el GP la
pasión por la naturaleza, allá por los ochenta...

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