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quarta-feira, 6 de janeiro de 2016

CIZALLAMIENTO Y GRIETAS DE TENSIÓN EN LAS CUARCITAS CACEREÑAS

 Vetas de cuarzo sigmoidal ocasionado por cizallamiento sobre la cuarcita (cercanía mina de Valdeflores), en forma de caprichosas curvas.

En numerosas ocasiones nos hemos encontrado por las cercanías de Cáceres típicas vetas de cuarzo atravesando las cuarcitas de nuestras sierras, algunas de ellas muy vistosas, con cristalizaciones llamativas. Otras de ellas tienen orientaciones peculiares que resultan incluso misteriosas y extrañas para aquella gente observadora como el GP: pequeñas vetas en paralelo, haciendo formas curvas o de luna, que a veces resaltan mucho si la cuarcita es algo más oscura. Muchas veces nos acabamos preguntando por qué ocurren estas curiosidades geológicas.
Estas vetillas de cuarzo se corresponden con movimientos tectónicos, que sin llegar a provocar abiertamente fallas, sí producen desgarros en la roca, producto del cizallamiento.    
    Habitualmente, siempre nos enseñaban en la geología de clase a distinguir las fallas y los pliegues (el GP explica esto en sus clases de sociales de primero de la ESO), pero naturalmente las cosas son mucho más complejas. Partamos en primer lugar, por cual es el origen físico del proceso. Las placas se mueven, y eso provoca tensión en las rocas. Los geólogos llaman esfuerzo a la fuerza depositada sobre un lugar determinado. Este esfuerzo puede tener distintas direcciones, una mayor amplitud o una mayor fuerza (dependiendo también de la superficie sobre la que se concentra ese esfuerzo), lo que generará un impacto distinto sobre las rocas (dependiendo también de su composición y su ductilidad).
     Dependiendo de la dirección en la que se orienten estos esfuerzos sobre la roca, nos podremos encontrar mecanismos de comprensión, distensión o de cizalladura, como vemos en la imagen prestada de Internet. La cizalla se produce cuando dos fuerzas se oponen en paralelo, provocando el desgarramiento de la roca.
    Las consecuencias visibles en las rocas pueden variar mucho. El GP se va a centrar fundamentalmente en las cuarcitas de Cáceres, que son las que él ha visto mejor. Con el proceso de cizalla, estos desgarramientos o grietas son después rellenados generalmente con cuarzo, dejando esa particular geometría en las rocas, con apariencia "sigmoidal" (esta palabreja viene de la grafía de la letra sigma griega), en paralelo o curvado. Las vetas alineadas en paralelo parecen puntos de sutura sobre la roca abierta en canal. Estas peculiares formas pueden aparecer por todo el sinclinal de Cáceres, pero básicamente en la cuarcita. 
subida a la sierilla, vetas de cuarzo sigmoidales. 
Afloramiento original de las cuarcitas con cizalla.
     Si nos preguntamos por cuándo ocurrieron estas peculiaridades, aquí nos callamos prudentemente. Siguiendo los estudios de otros autores expertos en la materia, estas tensiones tectónicas posiblemente siguieron a la formación de la falla Alentejo-Plasencia, al periodo jurásico. Esa es al menos la explicación que se da para los sinclinales de Mofrague y Cañaveral. Cuando esta falla se creó, provocó una importante actividad tectónica en las cercanías de la falla, originando importantes procesos de comprensión y deformación plástica de las rocas circundantes. Habitualmente, los hallazgos de estas rocas por el sinclinal aparecen en ejemplares aislados y separados de su ubicación original, lo que no permite explicar adecuadamente su origen, y tan solo intuir lo que pudo ocurrir en tiempos tan remotos. 
Venas oblicuas de cizalla y en paralelo. Subida a la sierrilla, a la altura del club de tenis Cabezarrubia.

quinta-feira, 8 de outubro de 2015

BIOTITAS EN LA CARRETERA DE GARGANTA LA OLLA-PIORNAL


Cristales hexagonales y rectangulares de biotita bien formados, de carácter centimétrico, sobre pegmatitas de feldespato.

La mica biotita es un mineral bastante común en nuestro entorno. Presente en muchos de nuestros granitos, da a estas rocas su componente moteado oscuro. Sin embargo, encontrar buenos cristales de esta mica es algo que resulta un poco más complicado. Es fácil ver agregados de pequeños cristales en determinados puntos de nuestros batolitos (muchas veces en zonas de contacto con otras rocas y en el metamorfismo ocasionado por el mismo, en enclaves migmatíticos o en xenolitos), pero nos faltaba por ver algún lugar en el que pudiésemos encontrarnos auténticos buenos cristales del mineral. Por fin tuvimos una buena ocasión al final del verano en una excursión en bicicleta por la carretera infernal y maravillosa que comunica Garganta la Olla con Piornal.   
     Para los ciclistas poco duchos en materia, como el GP, los kilómetros de esta carretera se hacen interminables y las paradas obligatorias. Aunque el robledal cobija del sol, las moscas te comen literalmente la cara y hay que ahuyentarlas con manotazos mientras que uno parece llorar de los goterones de sudor que caen por las mejillas. Pero el lugar merece indiscutiblemente la pena, el tráfico es escasísimo y las oportunidades de ver milanos y águilas pasando a tu lado son numerosas. Y luego, por supuesto, está nuestra geología. El sinuoso trazado de la carretera tiene la suerte de atravesar más de una vez un importante filón pegmatítico que nos permite contemplar y recoger algunas biotitas y moscovitas (si no recordamos mal, entre el kilómetro 17-19). Las biotitas aparecen bien formadas, con cristales hexagonales o tabulares, y que destacan precisamente por aparecer en las masas feldespáticas de la pegmatita. Los paquetes no son demasiado gruesos, pero dejan ver buenos cristales, ocasionalmente metamorfizados o modificados a moscovita o pinita. Aunque nos podemos encontrar ocasionalmente cristales bien formados en otras formaciones graníticas de la zona, aqui aparecen indudablemente con más belleza y más llamativos que en otros lugares. Tendremos que acudir más veces al lugar para investigar más, pero ya tendrá que ser el próximo verano, y con una bicicleta nueva, of course.  
 
Granitos "engordados" y descascarillados por distintos procesos de meteorización, entre ellos la hidratación de la biotita, que hace aumentar el volumen de la roca y procede a su descascarillamiento, como si de una cebolla se tratase.

domingo, 30 de agosto de 2015

LOS CAÑONES DEL SIL... SEGÚN EL GP


      Imponentes murallas verticales de granito se levantan desde el agua embalsada. Los puntos más altos alcanzan los 800 metros de altura, frente al nivel del río, unos 300.  
    Y terminamos este productivo agosto con otro post del norte, fuera de las fronteras típicas del GP. Es inevitable no hacer una referencia a esta excursión veraniega entre las provincias de Lugo y Ourense. El cañón del Sil es una maravilla geológica y paisajística que merece la pena ser visitada para quienes viajen por estas zonas del interior de Galicia, tan olvidada habitualmente por el turismo. El GP, que es galego de interior (algo relativamente raro), no puede evitar reivindicar este tipo de excursiones para aquellos que pasan por la zona, solo llamados por las campanas de Santiago de Compostela o las playas de la costa...
     Primera cosa que destacamos para el geólogo visitante ajeno al Sil: la profundidad de sus desfiladeros, alcanzando 500 metros en algunos puntos, sobre un terreno fundamentalmente granítico (los tramos pizarrosos-lutíticos al final del cañón provocan ya otro paisaje más abierto y aterrazado por el hombre). El origen no se lo debemos al Sil, sino más bien al contrario, el río vino después de la fractura. En los últimos momentos de la orogenia alpina, el viejo zócalo granítico se fracturó profundamente, y el Sil aprovechó la coyuntura para encajarse en ella. Para alguien acostumbrado a los berrocales extremeños y los Barruecos malpartidenses, el granito aqui presenta un aspecto radicalmente distinto, más diaclasado, fracturado y cortante que los bolos redondeados de la penillanura. Las formas que produce, sin embargo, son también extraordinarias, con una verticalidad que da vértigo. La petrología, sin embargo, resulta relativamente parecida a la que encontramos en nuestros batolitos (no dejamos de estar en el macizo hercínico).  

Majestuosas paredes verticales dominan el paisaje. El GP esperaba encontrar algún bicho posado sobre ellas, pero no se distinguía gran cosa... Suponemos que habrá que conocer mejor el sitio.
  
      Segunda cosa que llama la atención al visitante ornitólogo: el silencio. No hay bichos, no hay pájaros. No se ve absolutamente nada. La guía hablaba de milanos negros, halcones, nutrias y meloncillos, pero no vimos ni un triste milano. Evidentemente, el ruidoso catamarán no ayuda. Quizás fue mala suerte, pero acostumbrados a ver pájaros hasta bajo las piedras, al GP le llama mucho la atención esta ausencia. En una visita rápida por la red, los ecologistas se quejan de que el río Sil y su espectacular paisaje esconde por detrás un río muerto, el más polucionado de Galicia, producto de un embalsado excesivo y los procesos típicos que acompañan (eutrofización, pérdida de especies autóctonas, contaminación aguas arriba, desecación del río en algunos tramos). Al igual que pasa con nuestros ríos embalsados como el Tajo, no todo es tan bonito como parece.  
      Tercera cosa digna de considerar: la peculiar vegetación. Para el que venga de tierras más cálidas, se encontrará con que la ribera sur tiene una vegetación muy típica del bosque mediterráneo: encinas, sobreiras (alcornoques) y madroños nos harán sentir como en casa. Esta vegetación mediterránea se introduce como una cuña desde el interior, O Barco y fundamentalmente el Bierzo, ya en tierras leonesas. El contraste entre una orilla, de vegetación tipicamente oceánica, con la mediterránea, añadiendo la vegetación de ribera en las gargantas (el río Sil no tiene, evidentemente, por el embalse) hace el paisaje muy llamativo. A esto se le añade la acción antrópica, generando terrazas de viñedos en lugares inaccesibles, excepto por el curso de agua, que se remontan a la Edad Media.
  Evidentemente, la acción del hombre no queda ahí. Mucho antes del embalse y las terrazas, este lugar ha sido habitado desde la antiguedad por eremitas de los primeros siglos del cristianismo (desde la época sueva, al menos), atraídos por el aislamiento del lugar. Con la Edad Media y el movimento monástico, la zona acabó siendo controlada por grandes monasterios (San Pedro de Rocas en la primera época, y luego Santa Cristina y San Estebán) que todavía hoy se alzan restaurados, una vez superado el abandono de la desamortización del siglo XIX. Pero esto supondría hablar de otro tema de gran magnitud, que dejamos para mejor ocasión.

 Vegetación de encinas y alcornoques en la ribera sur. Acostumbrados a los carballos, resulta algo extraño de encontrar por aqui, aunque en realidad los alcornoques se pueden encontrar por todo el valle del Miño.
Diques feldespáticos, fuertemente alterados, intruyéndose en los estratos pizarrosos. Este terreno marca el comienzo del cañón propiamente dicho.