Cristales hexagonales y rectangulares de biotita bien formados, de carácter centimétrico, sobre pegmatitas de feldespato.
Para los ciclistas poco duchos en materia, como el GP, los kilómetros de esta carretera se hacen interminables y las paradas obligatorias. Aunque el robledal cobija del sol, las moscas te comen literalmente la cara y hay que ahuyentarlas con manotazos mientras que uno parece llorar de los goterones de sudor que caen por las mejillas. Pero el lugar merece indiscutiblemente la pena, el tráfico es escasísimo y las oportunidades de ver milanos y águilas pasando a tu lado son numerosas. Y luego, por supuesto, está nuestra geología. El sinuoso trazado de la carretera tiene la suerte de atravesar más de una vez un importante filón pegmatítico que nos permite contemplar y recoger algunas biotitas y moscovitas (si no recordamos mal, entre el kilómetro 17-19). Las biotitas aparecen bien formadas, con cristales hexagonales o tabulares, y que destacan precisamente por aparecer en las masas feldespáticas de la pegmatita. Los paquetes no son demasiado gruesos, pero dejan ver buenos cristales, ocasionalmente metamorfizados o modificados a moscovita o pinita. Aunque nos podemos encontrar ocasionalmente cristales bien formados en otras formaciones graníticas de la zona, aqui aparecen indudablemente con más belleza y más llamativos que en otros lugares. Tendremos que acudir más veces al lugar para investigar más, pero ya tendrá que ser el próximo verano, y con una bicicleta nueva, of course.
Granitos "engordados" y descascarillados por distintos procesos de meteorización, entre ellos la hidratación de la biotita, que hace aumentar el volumen de la roca y procede a su descascarillamiento, como si de una cebolla se tratase.
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