segunda-feira, 14 de novembro de 2011

REINO FUNGI EN LOS PARQUES DE CÁCERES

   

            Pequeñas setas con aspecto de senderuelas crecen entre la hojarasca del parque del Príncipe. A pesar de su pequeño y frágil aspecto, aseguran los maestros del arte culinario que es bien rica.

   Cuanto más conoce el G.P. del reino fungi, más embelesado está de él. Y es que los hongos y setas permiten acercamientos de todo tipo: culinarios, médicos, antropológicos, religiosos, biológicos y por supuesto puramente estéticos (estos son nuestros favoritos). Hasta el reino fungi tiene un lugar propio en la misma historia de la ciencia dada su equidistancia respecto a los otros reinos y las polémicas que alimentaron su clasificación. Una riqueza de perspectivas tan grande que nos animaría a escribir un ensayo parecido al de The botany of desire de Michael Pollan, en el que casi cada especie puede contar su propia historia, y si no piensen lo distinto que es la historia del champiñón o el níscalo, frente a la amanita phalloides, la amanita muscaria o las plagas de la tiña y la grafiosis.  
       Pero precisamente en el momento que más podíamos aprovechar la temporada de setas, los hados se han acumulado contra todos nuestros intentos y han tumbado todo posible proyecto. Con la bicicleta arrinconada y cogiendo moho y con mi cámara de fotos desaparecida para siempre en un despiste lamentable, el G.P. se ha quedado sin recursos para continuar el blog, así que tiraremos del archivo durante algún tiempo para sobrevivir. Afortunadamente, en nuestras últimas incursiones fotográficas al parque del Príncipe, el Paseo Alto y Cánovas, pudimos fotografiar multitud de fascinantes setas que después de mucho trabajo hemos podido ir reconociendo, con dificultad y paciencia. Y es que la magia fungi aparece en los sitios más insospechados de nuestros alrededores.  

Un enorme políporo parasitando un pequeño árbol del parque y ofreciendo este magnífico aspecto (no para disfrutar con el paladar, sino con la mirada).

Un champiñón amarillento sobre la grama del parque del Príncipe. Esta especie es muy frecuente y relativamente fácil de descubrir: al frotarla con la mano rápidamente se pone amarilla. Desgraciadamente, no es comestible y produce indigestiones en los estómagos delicados.

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