quinta-feira, 17 de abril de 2014

OPHRYS SPECULUM EN EL CERRO CABEZARRUBIA



 

 No sé si las orquídeas consiguen la visita de sus avispas fecundadoras, pero sí la de los humanos. Una
consecuencia no prevista en la evolución. Además, el GP siente que cuanto más contempla las orquídeas, más humano se siente, al romper esas reglas prácticas de la naturaleza, y guiarse solo por su belleza.

     El que la sigue la consigue, como suele decirse. Y por fin, tras mucho buscar, el G.P. captura una especie más de orquídea, la Ophrys speculum,  conocida vulgarmente como espejo de Venus, y también con el nombre más científico de Ophrys vernixia. Menudita entre los hierbajos que la cubren, pero impresionante cuando la vemos de cerca. Una más dentro de los once tipos de orquídeas que los botánicos más reconocidos aseguran que viven en la comarca de Cáceres. Esta en cuestión, es típica de suelos calizos, y por lo tanto muy rara de encontrar fuera de este ámbito. Dado que nuestra provincia tiene tan poco de estos suelos, su lugar de aparición queda muy reducido: apenas Aliseda y  las calizas de la zona de Almaraz comparten la suerte de albergar esta especie, según el Proyecto Orquídea. Por otro lado, crecer en el cerro Cabezarrubia tiene además sus propios méritos y riesgos: suelos muy escasos y desgastados por el lapiaz, y un incendio estival garantizado cada año. Aunque estos detalles, destructores para los pocos pinos que sobreviven en el cerro,  a las orquídeas les importan más bien poco. Por esa época ya están bien dormiditas, en sus tubérculos, reservándose y guardando fuerzas para la primavera siguiente. 
   Por cierto, si alguien piensa en llevarse los tubérculos para casa, en la esperanza de poder disfrutar de estas magníficas plantas, ni lo sueñe: los tubérculos necesitan el terreno  calizo y sobre todo, un hongo simbionte con el que micorriza la orquídea. Corremos el riesgo de quedarnos sin planta y además, quitar al resto de la gente la posibilidad de contemplarlas al natural. Si añadimos que solo había cuatro plantas en la zona, sacarlas de aquí sería algo imperdonable.

   Hay que decir, de todas formas, que estas no son las únicas pequeñas maravillas que guarda el cerro. Conviven aquí algunas especies también típicas del entorno calizo y su típico aspecto agreste. Un ejemplo especial lo ponemos en la Linaria aeruginea (si el G.P. no mete la pata esta vez), otra delicada planta amante de los pedregales calizos y con una flor llamativa. Esta especie la hemos disfrutado también, y en gran número, en las laderas de las minas El Salvador y Esmeralda, rellenando cualquier grieta y  recovecos formados en la roca.

 El lugar del hallazgo: las laderas del cerro Cabezarrubia, con unos pocos pinos castigados frecuentemente por los fuegos del verano, y un escaso suelo marcado por la erosión de la caliza. Basta con mirar la imagen de al lado, para ver la realidad que suele tener el cerro en el verano. Este incendio fue del 2010, pero desgraciadamente tiende a repetirse. El año pasado esta parte del monte se salvó, pero no el resto del cerro. 
la falda del cerro cubierta de margaritas grandes. El contraste con el verano no puede ser mayor en esta zona de la ciudad.

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