terça-feira, 23 de dezembro de 2014

ENCUENTROS POR EL MONTE...



 
    Falsos níscalos en los pinos. Por lo general, cualquier lactario que no crezca bajo los pinos es rechazable. Pero muchas veces, falsos níscalos se cuelan en la acícula de los pinos. Para no equivocarnos, tenemos que fijarnos en la carone, anaranjada en el níscalo, y amarilla o blanca en los demás. También en el color de la leche, amarillento y abundante en estos falsos níscalos. La carne además no verdea, como suele ocurrir en los níscalos. Todo esto y más en un minuto de explicación in situ, como se debe aprender sobre setas.
 
Si hay una cosa que al GP le llama la atención es cómo tantas veces que sale por los montes y campos cercanos a Cáceres, ve tan pocos seteros. Ciclistas, paseantes con sus perros, cazadores, esparragueros, luchadores contra la obesidad, atletas, pero muy pocos seteros. A lo sumo uno o dos cada temporada. Hace nada tuve la suerte de encontrarme con uno, de esos de libro, con su cesta de mimbre  y su andar zigzagueante, deteniéndose en un arbusto tupido o la sombra de una encina o un pino. Yo iba bajando la cañada del Casar desde el cerro Otero con mi cámara y mi sucia mochila, cogiendo alguna piedra de cuando en cuando y sin separarme de la pista de tierra. Pero finalmente, acabamos coincidiendo en alguna seta. Es lo que suele pasar. Así que cuando me detuve para fotografiar una amanita (vinosa, tiendo yo a pensar), él me confundió con un amigo y se acercó a mí.
-   Perdón me he equivocado…, ¿vas a fotografiar así, en crudo, sin macro ni nada?
La pregunta la hizo con tal extrañeza que el GP se sintió un auténtico ignorante.
-   Pues como salga… dije yo, a la defensiva. Me gustan las setas, fotografiadas.
-   Yo también tengo mis archivos, pero como más me gustan son comidas. Ahora, yo no soy ningún experto. Hay que conocerlas muy bien.
Y como un Sócrates micólogo, que afirmaba que de nada sabía, empezó a largar nombres científicos y peculiaridades de cada seta, hasta el punto de hacer sentir al pobre GP que cada vez que abría la boca, metía la pata, y sentía un creciente bochorno. Tal era así que no tuve el coraje de decir que llevaba un blog de naturaleza, por si la respuesta era demasiado hiriente. Así, me contenté con recibir su sabiduría separando lactarios, especies de amanitas, mostrando cortinarios y tipos de boletales de los que yo no tenía ni idea.
- Mira, por aquí hay boletos, decía yo.
- Bueno en realidad no son boletos, son del tipo leccinum y apenas saben a algo. Lo bueno de los boletos es que da igual si te equivocas, a lo sumo, te amargan el guiso, y por aquí no hay boletos de Satanás.
- ¿ah, no?
- Pues no, la gente los confunde con frecuencia.
- Aaah, contestaba el GP meneando la cabeza cual tonto.
Sin darme yo cuenta, iba siguiendo el zigzag del setero y desviaba mi ruta para ver qué es lo que encontraba. Llegamos a un lugar espantosamente maltratado. Multitud de lactarios y rúsulas habían sido levantadas o descuartizadas, y daban tristeza verlo.
-   La gente es la leche, el otro día vi un viejo que con un bastón iba levantando cada una de ellas, para ver si eran o no comestibles. Llegará un día que no nos quede ni una sola seta, y haremos como los alemanes, que nos volveremos todos ecologistas cuando no nos quede ni un solo bosque. Mira la Amanita cesarea…
-   ¿Hay amanita cesárea?
-   Pues sí, pero desaparece de inmediato. En cuanto sale un huevo, ya alguien lo coge. Un desastre…
      Durante un rato más estuve preguntando por una seta detrás de otra, como un niño de cuatro años. Y qué es esto, y esta otra, y esta de más allá… Y sin darme yo cuenta, el señor empezó a dar respuestas evasivas. Pues no lo sé, vete tú a saber, hay tantas setas por el campo.... Indudablemente, un agradable encuentro en mitad del monte se estaba convirtiendo en una aburrida clase de micología, excitante para mí pero cansina para él. Era evidente que le estaba interrumpiendo su paseo campero. Así, llegó el punto de ruptura educada y la despedida rápida.
-   Mira, me tengo que ir rápido ladera del monte abajo. Se me va a hacer la noche en un momento, y si quiero encontrar algo…
-   Ah sí, sí, sí… a mí también se me hace tarde. Tengo que volver para arriba, contesté automáticamente. Adiós.
Se me olvidó dar las gracias o desear la muletilla navideña de felices fiestas. Después me encontraría algo más arriba, bajo unas piedras cercanas a un pino, tres buenos níscalos. Sentí ganas de llamarlo o dejárselos en mitad del camino. Pero el hombre ya estaba perdido,  y no tenía interés que algún animal de dos patas las rompiese por mero gusto de hacerlo, así que los dejé donde estaban.

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