quinta-feira, 14 de novembro de 2013

UNA PEQUEÑA FALLA ENTRE LOS DEDOS

    
   Estamos acostumbrados a observar las fallas y accidentes tectónicos como elementos de gran envergadura, asociados además a grandes catástrofes. A nadie se le ocurre pensar que la muestra de una falla podría estar en la palma de nuestra mano. El G.P. tuvo la inmensa suerte en el pasado verano de recoger este pequeño canto rodado -posiblemente anfibolita-, en las playas de Foz (Porto). El canto está atravesado por vetas de cuarzo o feldespato, pero mostrando una ruptura clara de la veta, y cuya explicación más verosímil es que haya sido provocada por un desplazamiento del terreno hace millones de años (muy posiblemente, remontándose al Carbonífero y la orogenia hercínica, al menos). Desde entonces este pequeño canto se ha convertido en un talismán para el G.P. y no es para menos...  Pocas veces en una piedra tienes el ejemplo de una roca metamórfica, modificada por la actividad tectónica, y que después la erosión del mar acabe de moldearla así.  

       Esta otra roca sí es más cercana a nuestra geografía: el G.P. la recogió en el Portanchito y es un fragmento de cuarcita que muy posiblemente refleje lo que se denomina "espejo de falla". Es decir, las estrías que muestra la cuarcita fueron producidos nuevamente por un movimiento de tierra que literalmente limó la roca hasta dejarla con un corte tan limpio. Quizás también pueda ser el punto de contacto de la cuarcita con sedimentos más blandos, como las pizarras, pero nuevamente, el G.P. se decanta por la primera posibilidad.

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