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terça-feira, 7 de outubro de 2014

RECONOCIMIENTO DE AGÁRICOS: CHAMPIÑÓN AMARILLEANTE VS. SILVESTRE

Agaricus Xanthoderma Vs. Agaricus augustus

    Es relativamente fácil suponer que basta reconocer los champiñones como para tener la dicha de degustarlos. Y sin embargo, no todos los champiñones son igual de comestibles. El champiñón amarilleante (Agaricus xanthoderma), muy típico en los parques de nuestra ciudad, y especialmente en el del Príncipe, es una seta tóxica que produce indigestiones y próblemas gástricos en los estómagos delicados, además de no ser especialmente agradable al paladar, según los entendidos. Precisamente por podernos encontrar distintas especies de champiñones en un espacio pequeño, como puede ser un parque, el GP intentó distinguir unas de otras desde hace algún tiempo.  

En la fotografía de arriba, aspecto del champiñón amarilleante desde su pie. Como se ve, este amarillea rápidamente en cuanto rasquemos mínimamente con la uña. Tiende a amarillear también en el borde del sombrero. Si frotamos con cierta intensidad, otras partes del sombrero quedarán amarilleadas, pero la prueba fundamental parte del pie del hongo.    
    Al lado, tenemos champiñones silvestres que no amarillean y cuyo pie no está tan abultado como en el champiñón amarilleante. El color amarillo determina además la presencia de metales pesados que se acumulan en estas especies más que en otros hongos. Si a esto le añadimos las posibles consecuencias de fructificar  en los parques podemos deducir el carácter escasamente saludable que puede suponer su consumo.
       Más champiñones silvestres sin rastro del color amarillento en el pie. El consumo de estos champiñones se recomienda cuando sus láminas conservan todavía este color chocolate. Cuando ennegrecen su calidad baja considerablemente.

    Las láminas por otro lado, no nos dan una información determinante al respecto. Rosadas o pálidas a principio, tienden en casi todos los agáricos a oscurecerse en su fase de maduración. El sombrero sí puede ser interesante de cara a distinguir el Agaricus augustus, con bellas tonalidades marrones, frente al color blanco del resto de las especies.
      El hábitat también puede ofrecernos alguna ayuda. Así, el Agaricus augustus se verá casi exclusivamente a la sombra de las coníferas, en terrenos con bastante acícula (en los pinos de la parte colindante con Aguas Vivas, por ejemplo). El Agaricus xanthoderma, por el contrario, puede aparecer en prácticamente cualquier parte y además, se desarrolla con abundantes poblaciones. Es fácil encontrar anillos muy densos de estos esbeltos champiñones, en los que incluso la grama y hierba colindante se desarrolla con más intensidad y tiene un color más oscuro. 

 Agaricus xantoderma Vs. Agaricus agustus, con cierta tendencia a enrojecer.

segunda-feira, 3 de setembro de 2012

CHAMPIÑONES AMARILLEANTES EN EL PARQUE DEL PRÍNCIPE


 
Juan mostando una seta de chopo reseca,
lista para convertirse en un barquito.
       Las temperaturas moderadas de finales de agosto y un césped regado en abundancia han permitido al G.P. contemplar la primera eclosión de setas otoñales en el parque del Príncipe, nuestro lugar predilecto para observar biodiversidad urbana. Estas setas son los champiñones amarilleantes, o Agaricus xanthoderma,  una especie muy común en los parques de nuestra ciudad y que puede aparecer en cualquier lugar cubierto de césped o grama. El reconocimiento de estas setas no es demasiado complicado: basta frotar con los dedos la parte externa del sombrero para que amarillee en pocos segundos. Si nos queda alguna duda, cortamos la base e igualmente cambiará de color en breve (aunque nos cargamos la pobre seta). A diferencia de otras deliciosas especies de la famila de los champiñones, el amarilleante ha demostrado ser un hongo tóxico que nos regala un buen dolor de barriga si nos atrevemos a comerlo y padecemos de un estómago delicado. Afortunadamente, el color amarillo y el olor son dos buenos indicativos para no confudirlos con champiñones comestibles como la bola de nieve o el champiñón silvestre.
     Los ejemplares que encontramos aparecían en grupos y eran jóvenes: todavía no habían desplegado su sombrero, como cualquier buen champiñón que se precie suele hacer, pero estas setas de parques no suelen tener la suerte de morir de pochas. Habitualmente acaban desbrozadas por la cortadora de césped o destruidas por los niños (y Juan no es una excepción: usa las setas como barquitos flotantes en el agua del canal).  Triste destino, como vemos, el de estas setas. Afortunadamente son tan prolíficas que no nos quedaremos sin champiñones tan fácilmente en nuestros parques.
 
Alguien había recolectado un gran número de setas antes de llegar nosotros.
 
Un conjunto de champiñones, creciendo sobre la raíz de un fresno. El cuarteamiento del sombrero muestra la presencia de calor en estos días de septiembre.