segunda-feira, 8 de novembro de 2010

"DIENTES DE PERRO" EN EL GUADILOBA

Dientes de perro en la orilla del Guadiloba.

Filones de cuarzo sobre grauwakas.

Otra vez el G.P. vuelve a sus temas favoritos, con una visita hace mucho tiempo demorada al Guadiloba. La  razón: observar los conocidos "dientes de perro" que forma la cuenca del arroyo sobre la penillanura cacereña. Estos "dientes de perro" son el nombre vulgar de los salientes pizarrosos que se dejan ver en las superficies erosionadas de la penillanura, algo que es más fácil de observar en los cauces de los ríos.Estos salientes están ocasionados por la mayor resistencia a la erosión de algunos de estos  materiales pizarrosos dando esta apariencia de terreno cortante y áspero, más pronunciado cuanto mayor es el desnivel.
Gran filón desde la carretera de Torrejón.
Los materiales geológicos pertenecen a lo que se conoce como el CEG (conjunto esquisto-grauwaquico) o alodomo extremeño y están constituidos fundamentalmente por pizarras y grauwakas. Desde un coche prácticamente son iguales, y tan solo desde el terreno podemos distinguirlas bien (otra razón más para ir en bicicleta por estos lares). Estas se diferencian por la menor esquistosidad de la grauwaka y su carácter masivo, y en el hecho de que se puedan reconocer cristales en esta última. El único mineral que aparece asociado en cantidades apreciables es el cuarzo, que produce abundantes filones hidrotermales sobre las rocas predominantes. Estos tienen formas verdaderamente particulares y dignas de contemplar por su belleza in situ. Tan solo podemos esperar encontrarnos estos filones en los taludes abiertos por la carretera, puesto que no es fácil encontrar rocas frescas en la penillanura. A pesar de estas interesantes muestras, no son especímenes fáciles de llevar a casa en la mochila, y tampoco esperemos encontrarnos con rarezas minerales acompañando a los cuarzos: por lo general los filones son monominerales.  


Los cauces fluviales que surcan la penillanura suelen ser de escasa entidad y transcurren
encajados sin apenas dejar sedimentación. Aquí, el guadiloba a su paso por la carretera de Torrejón el Rubio.

Aunque los avistamientos de pájaros son frecuentes en el lugar, no tuvimos ni el tiempo ni la paciencia suficientes para ir a buscarlos con la cámara de fotos. Tan solo unos burros eran lo suficientemente lentos en su caminar como para posar a nuestra cámara. Pero en nuestro recorrido en bici nos tropezamos con muchas avefrías, chorlitos, lavanderas, colirrojos, picúas, patos y pollas de agua.  

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