sábado, 12 de dezembro de 2009

AGUA

La torre de la Preciosa Sangre, reflejada en un charco de lluvia. Una imagen rara en el futuro.
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Hace un par de semanas, la administración reconocía que había agua en Cáceres para cinco meses. Ignoro la importancia de las últimas lluvias en nuestra región, pero son insuficientes de cualquier forma. Y como la lluvia parece que cada vez es un bien más preciado y escaso, salí a la calle para fotografiarla, dejarme empapar por ella, y recordar fantasmas.
Extremadura está en la línea de fuego del cambio climático. Aunque no lo parezca, nuestra región disfruta de un contacto único de clima mediterráneo y continental, matizado también por su cercanía al atlántico, que aporta mayor humedad que en otras zonas de la Iberia seca. Esa combinación es lo que permite la importancia de especies como el alcornoque y de ecosistemas como las dehesas, por no hablar de las zonas más húmedas que suponen los relieves montañosos. Me echo a temblar cada vez que pienso en lo que puede suponer para este frágil equilibrio un 20% menos de lluvia y dos grados más de temperatura. Habrá que cambiar el nombre de la región y llamarla "Estepadura".

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