terça-feira, 8 de dezembro de 2009

LA CIUDAD DE LAS MIL CUARCITAS

Un paseo por la parte vieja de la ciudad revela multitud de sorpresas para el geólogo observador. Teniendo como material fundamental de construcción las cuarcitas, visitar la parte antigua es casi como asistir a un museo de arte abstracto sustituyendo el lienzo por las superficies lisas de las cuarcitas. Las texturas son tan diversas -a veces espectaculares- que me llevó horas recorrer unas cuantas calles observando con alegría cada pedrusco. Quizás los turistas dedicados a mirar a lo grande no entendían qué hacía un pobre hombre encorvado a cada instante sobre los muros y echando fotos a las piedras.
En las imágenes podemos observar cuarcitas con impurezas de óxidos de hierro, que producen coloraciones rojas y amarillas, así como también muchas formaciones dentríticas, muy comunes en la cuarcita cacereña. Esos óxidos de hierro conducen en ocasiones a encontrarnos finas capas de goethita y oligisto con sus típicas formaciones grumosas en la superficie de estas rocas. De la misma forma, no es raro encontrarnos con cuarcitas más rugosas, como en la de una de las imágenes, que corresponden a restos fósiles.
El hecho de que hoy en día podamos disfrutar de estas piedras se debe en buena medida a los azares de la historia. Los moradores de la ciudad de Cáceres no podían costearse una casa construida de cantería en granito, y se veían obligados a trabajar con materiales más burdos y baratos, que después revestían de mortero y cal para que se evitaran a la vista. El cambio en el gusto estético en días más próximos haría que nuestra ciudad perdiera ese revestimiento y quedaran estos pedruscos al desnudo y a la vista de los ojos agudos.






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